Vietnam ya tiene a su
Xi Jinping. Este martes, el secretario general del Partido Comunista vietnamita,
To Lam, fue designado presidente para los próximos cinco años. Al sumar los dos cargos, Hanói emula el modelo pequinés y convierte a
To Lam en el político más poderoso de su historia reciente. Tal coincidencia solo se había dado de forma excepcional e interina. To ha logrado el 99% de los votos de la Asamblea Nacional. La práctica unanimidad sigue ahí, pero el carácter colegiado del poder vietnamita ha pasado a la historia. El político, de 68 años, quiere concentrar más poder para acelerar la transformación que empezó hace dos años, cuando sucedió al anterior Secretario General -el cargo más importante- tras su fallecimiento. El perfil policial de
To Lam -procede de los servicios de inteligencia, donde ostentaba el rango de “general”- no permitía augurar grandes cambios. Sin embargo, ha tenido la pericia de apostar por los motores de crecimiento capaces de transformar
Vietnam en un país industrializado y colocar bases sólidas para su desarrollo. Si alguien esperaba a un Yuri Andropov (ex KGB) o, como mucho, a un Vladimir Putin, se encontró con un admirador inconfeso de
Deng Xiaoping. Del mismo modo que este último apostó por
Shanghai -hasta entonces menospreciada por aburguesada y extranjerizante-
To Lam lo hizo por Ciudad Ho Chi Minh. La antigua Saigón sigue siendo la gran metrópolis vietnamita y su motor industrial, 2.000 kilómetros al sur de
Hanoi, la capital. A diferencia de alguno de sus predecesores,
To Lam -pese a ser del norte- no le ha regateado favores a la que fuera capital del efímero
Vietnam del Sur. De este modo, se ha granjeado el favor de sus empresarios y oligarcas, en muchos casos conocidos como “la mafia de Ucrania”. Se trata de aquellos estudiantes en la Europa Oriental de los setenta y ochenta que prosperaron en el caos de los noventa. Con la fortuna conseguida -en varios casos con fideos instantáneos- regresaron a
Vietnam cuando se abrió la economía y el mercado inmobiliario. Hoy controlan desde parques de atracciones a líneas aéreas, junto a todo tipo de manufacturas. Para ellos hizo aprobar el año pasado una ley que incentiva a la empresa privada frente a la pública, tras décadas jugando en desventaja. Pero es solo el principio. Les ha prometido un tren de alta velocidad y conexiones con Cantón -pasando por Hanói- y Singapur. Para 2030 aspira a consolidar “veinte campeones nacionales” -como fue el caso de los chaebol en Corea del Sur- con tamaño suficiente para competir internacionalmente. Hasta ahora, en muchos casos, la inversión en
Vietnam ha sido deslocalización industrial de
China, a menudo en forma de subcontratas y de forma abrumadora en Ho Chi Minh. Un agente rodeado de economistasA
To Lam se le compara a
Xi Jinping, cuando aún está en la fase Deng XiaopingPero eso no significa que
To Lam descuide los derechos adquiridos de la cúpula militar, por ejemplo. Aunque alentándoles a dejar la actividad económica en mejores manos. Cuenta para ello -y en eso sigue el ejemplo de
Xi Jinping- con el rodillo contra la corrupción, que los vietnamitas siguen considerando como su mayor problema, aunque detectan mejoras, tras varios años de “Fragua Ardiente” (así se llama la purga). Este martes,
Vietnam también ha escogido como nuevo primer ministro a Le Minh Hung, exgobernador del Banco Central. A sus 55 años, supone un rejuvenecimiento en el panorama político vietnamita, dominado por varones veteranos (aunque hay una vicepresidenta y una viceprimera ministra).En enero pasado, en el congreso quinquenal del partido único, saltó la sorpresa porque ni el presidente ni el primer ministro fueron reelegidos como miembros del Comité Central, condición indispensable para optar a los cuatro puestos claves. La centralización del poder aligerará la agenda de los estadistas extranjeros, que en sus viajes oficiales a Hanói se veían obligados a visitar a las cuatro máximas autoridades. Las ya citadas, más el presidente del Parlamento. Aunque formalmente seguirán siendo cuatro -porque se ha elevado el rango del Secretario Permanente, “quinto pilar”- el jefe del Estado, del Partido y de las Fuerzas Armadas se llama
To Lam, El nuevo primer ministro Le Minh Hung, exgobernador del Banco Central, es también el primer mandatario de la excolonia francesa en veinte años que domina la lengua de Molière (su otra licenciatura)DANG ANH / AFPDurante su discurso de toma de posesión, el nuevo presidente vietnamita dijo sentirse “muy honrado” y declaró que su objetivo será “mejorar la vida del pueblo para que todos puedan disfrutar de los frutos del desarrollo (...) en un entorno pacífico, estable, seguro, ordenado y disciplinado”. Los militares siguen contando con 20 de los 200 miembros del comité central (la policía cuenta con 7), pero ninguno de ellos está en la cúpula más restringida del poder. Esta ha acentuado su carácter civil al sustituir a un “general” de la policía por un banquero como primer ministro. Sin embargo, la dimensión de seguridad sigue pesando, como demuestra el perfil de
To Lam. Da fe de ello la “Cumbre 3+3” del mes pasado, con altos funcionarios de Exteriores, Defensa e Interior de
Vietnam y la República Popular de
China. Con esta última, las relaciones han mejorado en los últimos dos años. Sobre todo de partido a partido. Chinos y vietnamitas han acordado correr un tupido velo sobre sus diferencia en el mar de la
China Meridional, con las islas Paracelso bajo control de Pekín en su totalidad y las islas Spratly, en su mayoría, bajo control de Hanói. Tanto es así que el mes pasado sus respectivas armadas realizaron maniobras conjuntas en el golfo de Tonkín.
China es el gran socio comercial de
Vietnam, aunque EE.UU. sea su gran mercado, con gran diferencia, y su inversor más prometedor.
To Lam apuesta por mantener buenas relaciones con ambos gigantes y además con Moscú, con quien acaba de reflotar el plan -suspendido durante diez años- de construir una central nuclear, que será la primera del sudeste asiático.
Vietnam va como una moto -creció un 7,83% en el primer trimestre- pero el 80% de su combustible depende del golfo Pérsico, por lo que, como medio mundo, hace planes de contingencia y modera sus expectativas. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.