Unos minutos en la Embajada estadounidense en
España bastaron para tumbar el esfuerzo de siete meses de
Kian,
UN alumno
Iraní de 14 años del Instituto Severo Ochoa (Alcobendas, 123.342 habitantes), seleccionado para representar a la
Comunidad de Madrid en
UN proyecto educativo de la ONU en su sede de
Nueva York. “Es injusto que no pueda ir solo por mi nacionalidad. Estoy perdiendo una oportunidad única por algo que escapa a mi control”, dice en una de las clases del centro. Estados Unidos alega “protección de terroristas extranjeros” para echar el cerrojo. No era
UN viaje escolar más. Era la recompensa por haber superado a 1.660 alumnos de 3º de la ESO en entrevistas personales y en debates complejos sobre asuntos como la idoneidad de la modificación genética de alimentos para acabar con el hambre en el mundo.
Kian, que habla español, inglés, persa y alemán, y tiene sobresalientes en todas las asignaturas, había sido escogido como parte de la élite de Global Classrooms, el programa educativo de la ONU en el que han participado 166 centros públicos madrileños y que se desarrolla durante el curso académico con fases progresivas de selección.Los estudiantes representan a
UN país, simulan sesiones de las Naciones Unidas y debaten en inglés hasta llegar a una fase final, que se celebra los días 24, 25 y 26 de abril en
Nueva York. Solo cinco delegaciones ―10 alumnos― viajaban a la sede.
Kian era uno de ellos. “Es muy frustrante porque solo voy a tener una oportunidad de participar en este programa”, reconoce sentado en
UN pupitre.Su madre
Nasim, una médica que esperó cinco años a que le convalidaran sus estudios en
España, recuerda la breve reunión que tuvieron el 30 de marzo en la embajada tras pagar 200 euros y esperar una hora en la cola. “No vieron ninguno de los documentos que llevamos de la
Comunidad de Madrid ni del centro. Solo nos dijeron: ‘Si tuvieras otro pasaporte, podrías ir”, cuenta con una voz entrecortada. La Embajada estadounidense ha aplicado la sección 212 (f) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad del país, que establece criterios de “seguridad nacional y pública” para cerrar sus fronteras frente a ataques terroristas y que se aplica en función del país de origen. La decisión, que califican de “irrevocable”, deja sin margen de maniobra a la familia. “¿Cómo va a ser mi hijo
UN terrorista? Solo está peleando por conseguir sus sueños”, cuestiona
Nasim.A diferencia de sus compañeros españoles, que pueden solicitar
UN permiso de entrada simplificado por pertenecer al espacio Schengen, los ciudadanos
Iraníes siempre han necesitado autorización previa para entrar en Estados Unidos, cuyos requisitos se endurecieron en 2017 durante el primer mandato de Donald Trump y que en el actual contexto de guerra entre ambos países (con una tregua ahora de dos semanas) se aplican con mayor dureza.
Kian tampoco puede solicitar el pasaporte español: lleva siete de los 10 años de residencia exigidos. “Él sabe que tenemos que luchar mucho porque somos extranjeros. Pero, ¿cómo es posible que los hijos de los líderes
Iraníes tengan una vida de lujo, sin restricciones, en Estados Unidos y mi hijo, que solo va para cinco días, no pueda entrar?”, reflexiona
Nasim. En plena Semana Santa, la decepción se notó en su casa. “Decía que no pasaba nada. Pero cerró la puerta de su habitación, bajó las persianas y casi no habló durante toda la semana”, describe su madre.
Kian es más directo en el aula: “
UN solo país no debería tener el poder para denegar el acceso de participación en estos programas internacionales”. Cristina de Águeda, su profesora de Historia, le conoce desde que llegó al Severo Ochoa. “Es más que brillante. Tiene
UN perfil muy marcado hacia la geopolítica y las relaciones internacionales. Pero acaba de comprobar las limitaciones que va a tener en su vida por el mero hecho de haber nacido en otro lugar”, señala. La profesora explica que ningún otro alumno sustituirá a
Kian y que será su compañero Pablo quien represente solo a Madrid en
Nueva York: “Es vergonzoso que
UN alumno de 14 años reciba como respuesta que es
UN posible riesgo terrorista. Le están negando su derecho a participar en una organización que es de todos los países”. El centro solicitó la ayuda de la
Comunidad de Madrid que “hizo todo lo posible”. “Ya han tocado todas las puertas que tenían que tocar”, afirma De Águeda, quien confiesa: “Me siento una hipócrita. Me paso el curso explicando a los alumnos cómo los Estados deben resolver los problemas con diplomacia, que el diálogo todo lo puede... ¿Qué culpa tiene de lo que está pasando en Irán?”. Suena el timbre del recreo.
Kian tiene que volver a clase. “Tenía muchas ganas de debatir con otros alumnos. Conocer
Nueva York y mejorar mi inglés. No me arrepiento de haberlo intentado porque si pones mucho esfuerzo en algo, nunca se va a perder. Siempre habrá
UN resultado”.