El domingo, antes de las dos de la tarde,
Pepe, de 66 años, salió como siempre con su silla de ruedas y se puso al sol.
Paqui lo controlaba desde la ventana de su piso en el barrio trabajador del
Bon Pastor, en
Barcelona. “Es que le dan desmayos”, cuenta la mujer, flanqueada por sus dos hijos,
Iván, de 45 años, y
Javi, de 35, y rodeada de más de un centenar de vecinos. Luego ya recuerda verle “hacer aspavientos”, bajar, y descubrir que
Pepe había matado con una navaja al joven de 18 años que acababa de intentar robarle. “Yo misma llamé a la policía”, explica la mujer, que pide que dejen a su marido en libertad, con las medidas cautelares que haga falta, pero en su domicilio por los problemas de salud que padece.
Pepe duerme en la prisión de
Brians 1 desde el martes, acusado de matar al joven argelino -con antecedentes previos por robos y que llegó a España siendo menor-, que intentó robarle la cadena de oro que llevaba al cuello. “Se la quitó”, asegura uno de sus hijos, que por recomendación de su abogada, declina dar detalles sobre lo ocurrido, o por qué el hombre llevaba una navaja. El ladrón no portaba ningún arma, según fuentes policiales, y fue herido en el pecho. Una vecina alega que no es raro que la gente decida armarse porque el barrio últimamente no es muy seguro: el pasado mes de octubre, un joven fue asesinado a dos bloques de la casa de
Pepe y su mujer, en la misma calle Sèquia Madriguera. Los
Mossos d’Esquadra detuvieron a
Pepe en el mismo lugar donde ocurrieron los hechos. No huyó, subraya su familia. “Y ahora lo encarcelan por riesgo de fuga”, se queja
Iván, el hijo mayor. “¡Libertad para
Pepe!“; ”¡Todos somos
Pepe!“; ”¡
Pepe, el barrio está contigo!“; ”¡No es asesinato, es defensa propia!“, corean de fondo sus vecinos, en señal de apoyo a la familia de toda la vida del barrio, que fue realojada en las viviendas de alquiler de protección oficial que se levantaron para quienes residían en las conocidas como casas baratas. Allí lleva años viviendo
Pepe, que había sido encofrador, con su familia. Después de su detención, los Mossos llevaron al hombre al hospital de Vall d’Hebron de
Barcelona, debido a su delicada salud. Los hijos repasan todos los problemas que padece: una enfermedad pulmonar crónica, que le obliga a dormir con una botella de oxígeno y a moverse con silla de ruedas porque se ahoga; malformación de Chiari, que le provoca los desmayos; cirrosis hepática... Un cuadro general que consideran incompatible con su ingreso en prisión, teniendo en cuenta que, en su opinión, solo intentó defenderse. “Está muy nervioso”, añade su nuera, sobre las conversaciones que han mantenido con él desde la cárcel. La Fiscalía solicitó el ingreso en prisión de
Pepe el martes, cuando pasó a disposición del juzgado de guardia. Su primer abogado, de oficio, se opuso a la medida, que el juez acabó decretando. La familia desde entonces ha reunido el dinero que ha podido para pagar una abogada privada, en la que confían para sacar al hombre de prisión. Lo primero, dicen, será acreditar todas las enfermedades que padece. El ministerio público asegura que la prisión deberá ser ratificada después de una vista del juez encargado de la instrucción. En esta, y una vez se conozca toda la causa así como los posibles informes de vulnerabilidad, decidirán si siguen pidiendo prisión o cambian de criterio. “Estamos con vosotros, si se tiene que poner dinero, se pone”, le dice una mujer, que abraza a
Paqui, solo salir de su casa. El mensaje se repite de mil formas distintas. “Estamos con tu marido”, dice otra mujer. “Si no nos escuchan, nos vamos al juzgado”, repiten a voz en grito. El hijo mayor,
Iván, erigido en portavoz de la familia, lee un breve comunicado, del que intenta no salirse por consejo de su abogada. “Lamentamos el fatal desenlace. Seguro que fue un accidente y se aclarará. Confiamos en la justicia. Con esta concentración, queremos dar nuestro apoyo a nuestro padre”, zanja. Los vecinos responden con un clamoroso aplauso.