El último reducto de la gran ciudad de chabolas frente a las obras de la estación de la
Sagrera tiene los días contados. Algunas de las personas que aquí viven explican que hace poco agentes de la
Barcelona" class="entity-link entity-organization" data-entity-id="63929" data-entity-type="organization">Guardia Urbana de
Barcelona les dijeron que disponen de más o menos un mes para marcharse de manera voluntaria, que de lo contrario los policías regresarán con una orden judicial y lo servicios de limpieza lo desmantelaran todo, “que si nos esperamos hasta el último momento a lo mejor no nos podemos llevar todas nuestras cosas, que es mucho mejor que vayamos recogiendo...”.Las infraviviendas se vinieron levantando una tras otra a modo de pequeños barrios en este cuarto trasero de
Barcelona sobre todo durante el último lustro. A muy pocos parecía importarle. Pero incluso las obras de la
Sagrera avanzan. En los últimos meses el
Ayuntamiento mandó desalojar los asentamientos más recientes de la zona, los que se erigieron en los alrededores del puente del Treball Digne y también en los del de Calatrava. Aquellos espacios ya están asegurados, acumulando toneladas de tierras y de descomunales piezas de hormigón.Algunos tratan de organizarse para frenar el desalojo, otros lo aguardan con estoicismoY este miércoles comenzaron los trabajos de derribo de la antigua estación de mercancías de la
Sagrera, del histórico inmueble que queda justo enfrente del que vino a ser el centro de esta ciudad de chabolas. Aquí, en media docena de solares se instalaron primero varias familias gitanas sobre todo de
Europa del este. Algunas de sus barracas todas ellas bien valladas disponen de placas solares. A su alrededor se levantaron poco a poco una treintena de chabolas individuales mucho más precarias. Pronto se erigirán aquí muchos pisos públicos y privados.Buena parte de los habitantes de este asentamiento se dedican a la búsqueda de chatarraLlibert Teixido / La VanguardiaFuentes municipales señalan que el
Ayuntamiento comunicó a los chabolistas el inicio de este procedimiento administrativo en enero, y que a finales de marzo les hizo saber que si no se marchaban en 48 horas el Consistorio pediría la pertinente autorización judicial de desalojo. Las fuentes agregan que equipos de calle de los servicios sociales contactaron con alrededor de 60 personas, “si bien no todas ellas han hecho peticiones de atención”. En estos momentos estos equipos hacen el seguimiento de 32 personas, cuatro de ellas menores de edad.Este miércoles arrancaron los trabajos de demolición de la antigua estación de mercancías de la SagreraLlibert Teixido / La VanguardiaEste inminente desalojo forma parte de una operación urbanística destinada a transformar el entorno de la futura estación ferroviaria de la
Sagrera. De ahí esta premura aparentemente repentina. Junto a las viviendas se levantará un terraplén que unirá el barrio con el gran parque lineal que se construirá sobre la cubierta de la nueva estación. Ahí se encuentran en estos momentos las chabolas y la antigua estación de mercancías. Los bajos del inmueble fueron tapiados en diciembre con el objetivo de impedir nuevas ocupaciones.De estos terrenos fueron desalojadas 126 personas hace apenas un par de semanasLlibert Teixido /
La Vanguardia“Algunos tratamos de organizarnos para que no nos echen –detalla un veinteañero marroquí junto a su chabola–. Yo estoy estudiando un curso de cocina. Aquí también hay gente con papeles y empleo, incluso españoles. No todos se dedican a la chatarra. Ya tenemos un grupo de WhatsApp”. “Los otras chabolas las desmontaron después de un fuego –tercia otro habitante del poblado–. En cuanto se da un fuego dicen que eres un peligro y te echan. Es que hay gente que hace hogueras, sobre todo para cocinar, y algunos también tienen bombonas”.Las infraviviendas menos precarias se encuentran en varios solares valladosLlibert Teixido / La VanguardiaEn noviembre, después de un incendio, luego de que un informe de los bomberos corroborara la peligrosidad del lugar, 30 adultos y cuatro menores fueron desalojados de las chabolas montadas bajo el puente de Calatrava. Hace un par de semanas, también tras un fuego, el
Ayuntamiento recuperó los terrenos de Adif ocupados por las infraviviendas de 126 personas. En el último año y pico al menos 530 personas fueron desplazadas en ocho operaciones municipales, en la Zona Franca, en el parque de la Ciutadella, en el de la Estació del Nord...Las condiciones de vida en este poblado son muy durasLlibert Teixido /
La Vanguardia“Por eso queremos traer extintores –prosiguen los chabolistas que tratan de organizarse de algún modo–, para demostrar que no somos un peligro. Pero todavía no tenemos ninguno. Así en Vallcarca pudieron aguantar mucho tiempo, hasta que se produjo un incendio y los echaron enseguida”. “También le decimos a la gente que si tienen documentos que prueben que viven aquí tienen que llevarlos al distrito de Sant Andreu, cuantos más mejor. Un abogado nos explicó que de ese modo puede frenarse el desalojo”.Lee tambiénLos moradores de mayor edad se muestran mucho más estoicos. “Aquí siempre viene mucha gente, tenemos muchas visitas –dicen mientras ordenan su chatarra–... vienen policías, bomberos, servicios sociales... y al final pues nos echarán y nosotros nos iremos a otro sitio ¡como siempre!”. “Estamos en la calle y continuaremos en la calle”. Son los gitanos de
Europa del este quienes en verdad peor se están tomado todo esto, quienes más exabruptos y maldiciones sueltan, quienes más tienen que perder... “Que vengan a echarnos, que se van a enterar”.Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de
Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en
La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.