El Tribunal Supremo de Rusia declaró este jueves “extremista” a la oenegé
Memorial, la organización de derechos humanos más prominente de Rusia, fundada en tiempos de la URSS y reconocida por documentar la represión estalinista y las violaciones durante las dos guerras de Chechenia. En 2022 su labor quedó reconocida internacionalmente al recibir el Premio Nobel de la Paz.Durante una audiencia a puerta cerrada, la Corte dictó que las actividades de la organización quedan prohibidas con efecto inmediato. Argumentó que las actividades de
Memorial “tienen un marcado carácter antirruso, están dirigidas a destruir los fundamentos fundamentales del estado ruso, violar la integridad territorial y nivelar los valores históricos, culturales, espirituales y morales”.En un comunicado difundido por su centro de prensa, el Supremo ruso sostiene que “bajo la influencia de la ideología destructiva en la que se basan las actividades de la organización, sus miembros cometen crímenes extremistas”.Fundada en plena perestroika por disidentes soviéticos como Andréi SájarovPor todo ello, los jueces decidieron “reconocer como organización extremista el movimiento internacional cívico
Memorial y prohibir en territorio de Rusia tanto sus actividades como las de sus filiales”.Esta fallo de la justicia rusa forma parte de la represión de los últimos años, acrecentada tras el inicio de la intervención militar de Rusia en Ucrania, contra movimientos de oposición o contra la libertad de expresión de quienes critican al poder.
Memorial fue fundada en plena perestroika, en 1989, por reconocidos disidentes soviéticos, incluido el Nobel de la Paz Andréi Sájarov, y desde entonces ha sido pieza fundamental de la conciencia democrática de Rusia.Catalogó la represión política del estalinismo y los abusos en ChecheniaAunque
Memorial ha defendido los derechos de prisioneros políticos o ha denunciado los abusos cometidos en el Cáucaso, con especial atención a Chechenia, la oenegé se hizo un nombre por investigar y catalogar los crímenes contra los derechos humanos cometidos en tiempo de la URSS, especialmente durante la represión política del estalinismo, cuando millones de personas murieron en el
Gulag.También ha compilado un listado de prisioneros políticos en la Rusia moderna, incluidos los críticos con el presidente ruso, Vladímir Putin. Además, en los últimos años ha condenado la intervención militar de Rusia en Ucrania.La decisión del Tribunal Supremo de Rusia proporciona un mecanismo legal a las autoridades para procesar a cualquier persona que contribuya al trabajo de
Memorial, que haga donaciones a su favor o que comparta los materiales que esta publica.En vísperas de la decisión de la justicia rusa, el Comité Noruego del Nobel denunció esta semana los intentos de criminalizar las actividades de la veterana organización de derechos humanos.De “agente extranjero” a la disolución y el exilioLa autoridades rusas incluyeron a
Memorial en su registro de “agentes extranjeros” en 2015. Esta etiqueta es una reminiscencia de la época soviética y es el equivalente a ser acusado de espía y de trabajar contra los intereses de Rusia. Los individuos o grupos que se encuentran en esa lista están obligados a revelar sus fuentes de financiación y deben marcar con esta etiqueta todas sus publicaciones, incluidas las de redes sociales.La justicia rusa ya provocó la disolución de la veterana organización en 2021, lo que la obligó a trabajar principalmente en el exilio. Ese año el Tribunal Supremo de Rusia declaró “ilegal” y prohibió tanto la oenegé matriz
Memorial Internacional como su Centro de Derechos Humanos
Memorial por no identificarse como “agente extranjero” de forma adecuada y sistemática y por justificar actividades “terroristas y extremistas”.
Memorial ha calificado todas estas acusaciones de “absurdo” y sus seguidores creen que las sentencias judiciales en su contra son un castigo por llevar a cabo su misión.Como reconocimiento internacional, en 2022 recibió el Premio Nobel de la Paz junto al activista proderechos humanos bielorruso Alés Bialiatski y al Centro de las Libertades Civiles de Ucrania.Corresponsal de La Vanguardia durante más de dos décadas en Moscú. Con anterioridad, escribió para este diario desde Hong Kong y cubrió acontecimientos como el referéndum de independencia de Timor Oriental (1999) o la guerra de Afganistán tras los atentados del 11-S (2001). En la "prehistoria" trabajó en Madrid para la revista Cambio16 y la siempre recordada Jaque, especializada en ajedrez, una de sus grandes pasiones.