Diversos rostros cubiertos de polvo se asoman por los agujeros en un edificio de diez plantas, completamente seccionado por un bombardeo
Israelí. Los equipos de rescate trepan por la montaña de escombros: empezarán por sacar a los vivos; los muertos, sepultados por varios metros de hormigón, tendrán que esperar.Tras cuarenta días de guerra con Irán,
Israel dirige ahora su furia hacia Líbano y su milicia chií, Hizbulah. El precario alto el fuego entre persas y estadounidenses decepciona a gran parte de la sociedad hebrea, que acusa a Netanyahu de cometer un error de cálculo que ha mantenido al país escondido en búnkeres durante un mes.El gobierno
Israelí asegura ahora que el desarme del grupo armado libanés es condición indispensable para alcanzar un acuerdo permanente con Teherán. El régimen de los ayatolás, que se dirige a
Islamabad para negociar un cese permanente de las hostilidades, considera que los ataques en Líbano rompen cualquier posibilidad de negociación.Pese a ello, las tropas
Israelíes continúan con su ofensiva terrestre en el sur libanés, donde pretenden tomar el control de una franja que, según ellos, impida a Hizbulah “lanzar misiles y amenazar a la población del norte de
Israel”. La milicia por su parte, ha respondido con una nueva andanada de misiles hacia el país vecino.Las búsqueda de víctimas continuó el jueves tras la masiva oleada de ataques
Israelíes IBRAHIM AMRO / AFPEl nombre escogido por el gobierno
Israelí para esta ofensiva, Oscuridad eterna, augura una campaña larga y con un alto coste para los libaneses. La última oleada de ataques
Israelíes golpearon sin previo aviso más de 160 puntos de la nación de los cedros. El recuento de víctimas asciende a 300 muertos y un millar de heridos.“Por desgracia, estamos acostumbrados a la guerra y todo tipo de desastres; pero lo de ayer es un antes y un después”, dice Fátima, profesora de árabe chií residente en
Beirut. Es difícil asustar a los libaneses: el sonido de los drones y de los impactos en las barriadas del sur -todas ellas evacuadas- se han convertido en el día a día de una ciudad sin refugios, alarmas antiaéreas, o sentido común.Pero el ataque de ayer cruzó una línea roja marcada a fuego en las mentes de los locales: una decena de impactos se produjeron al mediodía, en zonas mixtas o sin presencia mayoritaria chií; espacios considerados seguros en todas y cada una de las guerra con
Israel. “No sabemos qué esperar. Pensábamos que Netanyahu quería quedarse con el sur y centrarse en Hizbulah. Ahora empiezo a pensar que quiere convertir todo Líbano en ruinas”, añade Fátima.Su hermano Hasán fuma arguile con la mirada clavada en la televisión, donde un reportero anuncia un nuevo aviso de bombardeo en Dahiye, los suburbios, y que incluyen la autopista que conecta la capital con el aeropuerto. “Nunca, en todos estos estos años, me he planteado marcharme”, explica, “pero he dejado de creer que haya un futuro posible en este lugar”.La ciudad, siempre bulliciosa, se despertó el jueves con una jornada de luto oficial decretado por el gobierno. Muchos comercios cerraron, aunque la gente comenzó a salir tímidamente a las calles a lo largo de la jornada. Aún así, la calle Armenia, en zona cristiana y el corazón de la vida nocturna de
Beirut incluso bajo misiles, estaba desierta. “Muchos se han ido a sus segundas residencias en el norte. Piensan que ya no es seguro quedarse aquí”.Los últimos ataques habrían matado al menos a dos altos comandantes del grupo, incluido un secretario personal de su líder, Naim Qasem. El ministro de Defensa
Israelí,
Israel Katz, sostiene que “más de 200 combatientes han sido eliminados en las últimas 24 horas”, lo que ha “sorprendido y desorientado” a Hizbulah. Sin embargo, el Ministerio de Salud libanés, asegura que entre los muertos hay un gran número de civiles, incluidos niños.La vida regresa a las calles a pesar del luto nacional declarado por el gobierno libanés IBRAHIM AMRO / AFPKatz añadió que las operaciones del Ejército
Israelí en Líbano se articulan en torno a cuatro ejes: reforzar la franja fronteriza, “ampliar las zonas de control” dentro del país, consolidar las áreas bajo control en las regiones al sur del río Litani donde se desarrollan combates, y controlar esa región para “impedir infiltraciones” hacia el norte de
Israel.Con este movimiento,
Israel busca presionar al débil gobierno libanés para desarmar Hizbulah. Según el medio estadounidense Axios, Beniamín Netanyahu quiere impulsar “negociaciones directas” con las autoridades de Líbano, presionado por Estados Unidos para reabrir la vía diplomática y rebajar las posibilidades de que el acuerdo con Teherán se desmorone. Sin embargo, desde Tel Aviv matizan que, por ahora, no hay tregua: “No hay alto el fuego. Las negociaciones comenzarán en los próximos días”, aseguró un alto cargo a Axios.En este contexto, el exministro Ron Dermer se perfila como el encargado de liderar las conversaciones por parte de
Israel, según fuentes citadas por el periodista
Israelí Barak Ravid. Considerado un estratega de perfil discreto, Dermer ya ha gestionado dossiers sensibles como las negociaciones con Siria y, según el medio
Israelí Yedioth Ahronot, cree “posible avanzar hacia un acuerdo de paz con Líbano”. La reunión tendrán lugar en Washington, al margen de las negociaciones en Pakistán, informó Axios.El presidente de la República, Joseph Aoun -cristiano y excomandante de las Fuerzas Armadas libanesas, afirmó este jueves que “la única solución a la situación es un alto el fuego entre
Israel y Líbano, seguido de negociaciones directas”. Añadió: “He llevado a cabo contactos internacionales intensivos; esta propuesta está recibiendo una amplia acogida y empieza a ser percibida positivamente en los ámbitos políticos internacionales”.El jefe de Estado insistió en la necesidad de preservar la unidad nacional. “No permitiré que estalle una discordia interna. Todos deben confiar en el Estado y en sus fuerzas legítimas, porque no hay salvación sin ellas”, declaró.Los devenires de la geopolítica importan poco a un grupo de niños libaneses, que se han acercado al lugar de uno de los bombardeos recientes. “Dos amigos nuestros vivían en este edificio. Ahora son mártires”, contestan son sobriedad inusitada para su corta edad. “Es culpa de la mala suerte”, dice uno. “De
Israel”, concreta su compañero.Colaboradora de La Vanguardia en Oriente Medio. Anteriormente, pasó por la delegación de El Cairo de la Agencia EFE y el Parlamento Europeo