La guerra de Irán nos enfrenta a una realidad indiscutible: la cantidad de combustibles fósiles disponible en el mercado se ha reducido notablemente, y no parece que esa disminución vaya a ser pasajera, a diferencia de lo ocurrido en 1973. ¿Hay algo que un gobierno deba hacer para limitar los daños?Si no se tratase del petróleo, sino, por ejemplo, del tabaco, la respuesta sería inequívocamente negativa, porque el Gobierno podría confiar en el mercado: el precio de los cigarrillos aumentaría hasta reducir la demanda a la cantidad de cigarrillos disponible. Nadie acudiría en defensa de los pobres fumadores. Pero el tabaco es un producto de consumo, mientras que el petróleo es una materia prima en la fabricación de muchos productos –desde los plásticos a los fertilizantes–, una fuente de energía en la producción de electricidad y un ingrediente casi insustituible en el transporte.
Luis Tejido / EFEEl aumento de precio necesario para equilibrar la demanda con la menor oferta aumentará el coste de producción de casi todo: nos asalta así el temor a una subida continuada de precios, que desemboque en lo que llamamos una espiral inflacionaria.Sin embargo, ese temor no tiene mucho fundamento. Supongamos (no es ni mucho menos inevitable) que los productores trasladen todo el aumento de sus costes al precio final de sus productos: el aumento de precios será entonces general. Pero si los ingresos de los consumidores no han aumentado, ¿de dónde van a sacar estos el dinero para comprar lo mismo que antes cuando todo está más caro? Eso sí, se quejarán de la pérdida de poder adquisitivo, y es posible que el Estado ceda a la tentación de otorgar subvenciones para compensar esa pérdida. Un error, porque en ese caso la demanda se mantendrá: los productores habrán pasado el aumento del coste a los consumidores, y estos al Gobierno, que habrá de sacar el dinero de otras partidas del presupuesto o dejar que aumente la deuda.El Gobierno no debe perder de vista que hay que lograr la reducción del consumo de combustibles fósilesSi el Gobierno persiste en mantener el poder adquisitivo, como la cantidad de petróleo no habrá aumentado, el precio seguirá subiendo: estaremos en la temida espiral inflacionaria, sí, pero no debido a la guerra de Irán, sino a la respuesta del Gobierno, que desea dar la falsa impresión de que no ha pasado nada. De seguir así, el episodio terminará en una gran recesión. Así, en los meses que vienen, nuestra economía se moverá en la cuerda floja entre la inflación y la recesión.Entonces, ¿es mejor también en este caso no hacer nada? Políticamente, eso es imposible: un gobierno no puede ser visto como impotente ante una situación tan grave. Pero el Gobierno no debe perder de vista que la verdadera solución del problema está en lograr la reducción del consumo de combustibles fósiles. (No está de más recordar que hay otras razones, tan conocidas como poco atendidas, que aconsejan esa reducción: las consecuencias probables del exceso de gases invernadero sobre nuestro planeta son las principales). No hay que hacerse ilusiones sobre la eficacia económica de las medidas posibles.El Gobierno puede ofrecer paliativos, que alivien los daños del ajuste y los repartan de forma más equitativa de lo que hace el mercado: unas ayudas que permitan a los eslabones más débiles de las cadenas de producción disponer de un margen de negociación frente a clientes y proveedores, otras que permitan que los menos afortunados soporten un aumento de precios de los artículos básicos; dicho sea de paso, convendrá vincular la recepción de las ayudas a la reducción efectiva del consumo de combustibles fósiles, siempre que ello sea factible.Las ayudas deberán ser limitadas en el tiempo, porque no son derechos adquiridos, sino solo paliativos. Será aconsejable primar la rapidez sobre la precisión. Los poderes del Estado son limitados (y en el mundo de hoy quizá sea mejor así), aunque en periodos electorales los candidatos prometan resolver todos los problemas. A fin de cuentas, y como sucede siempre, solo la generosidad de todos hará posible que el mundo que viene sea mejor que el que estamos dejando atrás.