Nada más entrar en la exposición, el visitante topa con una tela de una mujer torera. El cuadro se llama El mirall, es de 1953 y es
Esther Boix quien lo pintó con la intención de transgredir unos cánones sociales rígidos y habituales de la época, tras tomar el poder
Franco. Pero a la
Fundació Vila Casas le viene como anillo al dedo que esta obra sea la primera de la muestra para destacar un feminismo que Boix que nunca abandonó, mientras en paralelo afloraba en su interior el compromiso político. De aquí el nombre de la colección: Un mundo en lucha.De
Esther Boix (
Llers, 1927 -
Anglès, 2014) se había hecho una gran exposición a finales del 2006 y principios del 2007 en
Girona. Se reunían un centenar de obras. Desde entonces, ninguna antología más de ese tamaño. En la exhibición de ahora en
Espais Volart, en
Barcelona, hay más de 180, por lo cual es la mayor retrospectiva hecha sobre la pintora y pedagoga ampurdanesa. La muestra repasa toda su trayectoria pictórica. Absolutamente toda. Desde aquella primera etapa de paleta de colores muy oscura -pintar El corb. Homenatge a
Edgar Allan Poe da fe de ello- pasando por la incorporación de manera progresiva de colores más vivos, hasta explotarlos del todo en sus últimas obras para que brillen las representaciones paisajísticas (entre ellas, la Fageda d'en Jordà).Exposición 'Esther Acebo. Un mundo en lucha'. Nacho VeraBoix reflejó emocionalmente en su obra una mirada crítica y al mismo tiempo comprometida con una sociedad que vivía primeramente inmersa en una posguerra negra. Así, rompió los cánones que se le suponían a una mujer pintora de los primeros años del franquismo. Pero también huyó de cualquier academicismo. Por una parte, porque renegaba de sus años de estudio en la escuela de Bellas Artes: decía que le había costado mucho desaprender aquello que le había costado tanto aprender. Era un ámbito que la encorsetaba. Y por otra parte, porque en esos años no representó un contacto idílico con el mundo rural y en su obra se representan situaciones poco edulcoradas, poniendo el foco en la dignificación de los olvidados o los ignorados, de las clases más humildes. Fue una etapa muy marcada por la influencia que ejerció la España negra que retrataba
Gutiérrez Solana. Además, dedicó buena parte de su actividad artística a dignificar el papel de la mujer. Así, de sus inicios están Dona cosint o Dona amb cadira. Más tarde, en 1971, con el dúo de óleos bajo el título La desesperada lluita per sortir de la carcassa.La artista cambió el chip cromático a raíz de su viaje a París en 1953. Pero fue visitando Milán cuatro años después cuando vio realmente la luz. Se aprecia enseguida en los retratos que pintó entonces, que “nos explican que en Milán se abrió a nuevas maneras de vivir, porque le permitió entrar en un círculo de intelectuales, artistas, diseñadores, escritores, cineastas...”, explica el comisario de la exposición, Bernat Puigdollers. Paisajes en la exposición.
Nacho Vera “El viaje a Milán, viniendo de una
Barcelona de posguerra, marcará un antes y un después, no solo en sus obras sino también en sus vidas”, expresa Puigdollers. Es aquí cuando abandona la oscuridad por la luminosidad. Una trayectoria que imita, en cierta manera, la de Van Gogh, que hasta que no dejó los Países Bajos para llegar a París para descubrir el impresionismo, no cambió la oscuridad de sus colores por unos tonos más luminosos.Puigdollers habla en plural porque hace referencia también a Ricard Creus, literato, pintor y marido de
Esther Boix. Esta mirada italiana del arte y de la vida se la llevarán consigo a
Barcelona poco después, cuando Boix vuelve para que nazca su hijo Adrià. Hemos podido reunir muchas obras que ni siquiera habían participado en la exposición de hace veinte años y algunas que no se ven desde que se vendieron”Bernat PuigdollersComisario de la exposiciónLa muestra de la Vila Casas también incorpora algunas pocas piezas de autores como el mismo Ricard Creus y Joaquim Datsira, o de los escultores Josep Martí Sabé, Francesc Torres Monsó y Josep Maria Subirachs. Con todos ellos formaría “Postectura”, un grupo que duró justo quince días, pero que en esa época sirvió para exponer obras como las que se pueden contemplar hoy en
Espais Volart. Exposición '
Esther Boix. Un mundo en lucha'. Nacho VeraIgualmente, se propone un recorrido político. Dio un salto cuando creó el grupo Estampa popular y se acentuó después de que la detuvieran a raíz de la Caputxinada (1966) para devenir obra crítica. Es entonces cuando se decanta por el cartelismo y trabaja el grabado. Es una época en la que juega con los contrastes: la represión y la esperanza, la valentía y el miedo. Boix no llegará nunca a hacer una abstracción pura, pero sí que se acercó a menudo a ella a través de una simplificación de las formas y una abstracción de la realidad que se puede ver muy claramente en Gàbies (1963) -con trasfondo político- o El metro, una escena donde pinta una entrada del suburbano barcelonés de la plaza Urquinaona donde les luces y las estructuras arquitectónicas se llevan al límite de la significación. “Nos hace mucha ilusión tenerla”, dice Puigdollers, “porque es una pieza que hace ya muchos años que no se veía y que no salía a la luz”. “Hemos podido reunir muchas obras que ni siquiera habían participado en la exposición de hace veinte años y algunas que no se ven desde que se vendieron”, asegura el comisario. La mejor de las oportunidades para contemplarlas es ahora, en la Vila Casas, del 10 de abril al 12 de julio.Redactor de Cultura. Estuvo en Política del 2014 al 2025. En La Vanguardia desde el 2007, anteriormente colaboró en El País. Licenciado en Humanidades y en Periodismo por la UPF