En EE UU existe la tradición de comer tacos los martes por la noche, fruto de décadas de publicidad que ha sabido aprovechar la sonoridad del concepto en inglés, Taco Tuesday. Esta semana, la tradición nunca tuvo más sentido, al menos, para los operadores bursátiles. Coincidió con la última marcha atrás en las amenazas de
Donald Trump, una dinámica tan recurrente —incluso antes de la guerra en Irán, como con la ejecución de sus aranceles por el mundo— que el mercado la ha bautizado con un acrónimo en guiño a la especialidad mexicana: TACO, de Trump Always Chickens Out (en español, Trump siempre se acobarda). Una extraña forma de anticipar el futuro en el extraño mundo de 2026: hacer caso a Trump sin creerse todo lo que dice.El último paso atrás se produjo con el más reciente ultimátum a Irán —el cuarto desde el inicio de la guerra— para reabrir el estrecho de Ormuz, bloqueado desde hace cinco semanas por Teherán y por donde transita una quinta parte del petróleo y el gas mundial. El pulso se vivió con tensión: desde cuentas atrás en medios
Israelíes hasta apuestas multimillonarias en Polymarket. El giro llegó a una hora de expirar el plazo, con el anuncio de un alto el fuego de dos semanas, y ha arrastrado al petróleo. El brent, que acumulaba una revalorización superior al 60 % desde el inicio de la guerra, se desplomó un 13% el miércoles, en su mayor caída diaria en seis años, y cerró la semana en negativo.Las Bolsas estadounidenses, la referencia de los mercados internacionales, se movieron con una euforia más contenida. El S&P 500 apenas se movió el “martes de tacos”, cerrando (antes del giro de guion) con una caída de sólo el 0,16%, y repuntó un 2,5% tras el anuncio del alto el fuego, a pesar del desplome histórico del brent. Desde entonces apenas ha subido. “Los mercados han reaccionado de forma moderada en relación con el nivel de riesgo geopolítico imperante”, reconoce
Peter van der Welle, estrategista multiactivos de
Robeco, aunque considera el riesgo de volatilidad todavía alto. “Lo que hemos visto esta semana en los mercados encaja bien con la lógica del TACO”, añade
Virginia Pérez, directora de inversiones de
Tressis.El mensaje es claro: el mercado no se deja arrastrar por el pánico del ultimátum a Irán, pero tampoco por la euforia de una tregua aún frágil. Este país mantiene el estrecho cerrado y apenas una docena de barcos lo han cruzado desde entonces, en línea con el flujo de la semana anterior. “Los mercados aprenden a tolerar la volatilidad”, señala Louise Dudley, gestora de carteras de renta variable global en Federated Hermes, en una nota este viernes que coincide, casualmente, con el primer año de la guerra arancelaria de Trump. La experiencia con el retorno del republicano a la Casa Blanca apunta a un patrón de giros, ya sea con los aranceles, la amenaza de anexar Groenlandia o ahora con la guerra en Irán.“Cada vez que la situación se volvía precaria, es decir, cuando los mercados bursátiles estadounidenses se desplomaban, el presidente de EE UU daba marcha atrás”, subraya Commerzbank en un informe del martes, publicado justo antes del anuncio del alto el fuego. Esta forma de operar en Bolsa, a la espera de que Trump dé marcha atrás, tiene nombre, el TACO trade (en español, operaciones de TACO). El argumento es que, por más radicales que sean las bravatas del presidente, los mercados con todo su peso sobre el PIB estadounidense acabará por contenerle.El propio secretario del Tesoro de EE UU, Scott Bessent, parece tener en cuenta esa lógica, como sugieren los acontecimientos no solo de este mes, sino de este año: hace 12 meses, con el mercado de deuda pública a punto de implosionar, Trump anunció una tregua arancelaria de 90 días, posibilidad que había desmentido categóricamente horas antes. El TACO cumplió un año el pasado jueves. Esta semana, según aseguró una columnista de Financial Times, el secretario del Tesoro Scott Bessent recomendó en una reunión a puerta cerrada con inversores de Wall Street no vender acciones al anticipar que el mercado se recuperaría pronto. Algo que se confirmó tras el anuncio del alto el fuego.Así como la guerra arancelaria hace un año, el conflicto en Irán ya afecta la economía real estadounidense, más allá de las Bolsas, como se ha conocido esta semana con los datos de la inflación interanual en marzo, que avanzó por encima del 3%. En febrero, había estado por debajo del 1%. “Es probable que la volatilidad persista mientras la claridad macroeconómica vaya por detrás de los precios del mercado”, sostiene Lale Akoner, analista global de mercados de eToro. “Nadie sabe qué ocurrirá en las próximas semanas”, añade Bert Flossbach, socio fundador de Flossbach von Storch. Mientras el estrecho sigue cerrado, los riesgos sobre el suministro energético y, con ellos, la incertidumbre económica. Irán mantiene el estrecho cerrado porque acusa a
Israel de incumplir el acuerdo al mantener bombardeos en Líbano, mientras EE UU e
Israel sostienen que ese frente no formaba parte del pacto original. Las divergencias deberán abordarse este sábado en una reunión en Pakistán, mediador del conflicto, en la que EE UU estará representado por el vicepresidente JD Vance, quien, según el New York Times, fue uno de los primeros en advertir a Trump contra cualquier intervención militar en Irán, en las reuniones iniciales de la Casa Blanca en las que se gestionó el conflicto, iniciado el pasado 28 de febrero.En las afueras de Washington este viernes, justo antes de embarcar rumbo a Islamabad, Vance aseguró a los periodistas que veía las negociaciones con “optimismo”: “Si los
Iraníes están dispuestos a negociar de buena fe, desde luego nosotros también estamos dispuestos a tender la mano”. Pero, añadió que “si [los
Iraníes] van a intentar jugárnosla, descubrirán que el equipo negociador no será muy receptivo”, añadió. ¿Conocerán en Irán el TACO trade?