Un grupo de científicos estudia desde hace años una guerra civil entre chimpancés en Uganda. Dinero malgastado. Con que hubieran seguido las noticias del comportamiento del Gabinete Trump empezando por el gorila en jefe o su lugarteniente Netanyahu hubiera sido suficiente. O los ayatolás de Irán, con su concepción medieval de la vida y su afán de poder. Son buenos ejemplos de comportamiento violento, vengativo, impulsivo y mezquino.Pancartas contra Trump y Netanyahu durante una manifestación en Madrid, el mes pasado Jon Nazca / ReutersLos primatólogos, que llevan décadas estudiando este grupo de chimpancés ahora dividido en dos irreconciliables, han asegurado que su historia de unión primero, indiferencia después y violencia al final puede ayudar a entender aspectos de la conducta humana. Otros primatólogos aseguran que hay bastantes diferencias, sobre todo en la desmesura humana con la crueldad por bandera y las armas de destrucción masiva como impulso evolutivo.Trump o Netanyahu son buenos ejemplos de comportamiento violento y mezquinoLa historia del éxito de la humanidad como especie se asegura que es justamente por el progresivo abandono de la violencia ante el conflicto o la compasión que lleva a mantener a los ancianos aunque ya no se puedan valer por sí mismos. El pacto, la negociación y el comercio, que es la sublimación de la guerra con normas aceptadas por ambas partes, son buenos ejemplos.Pero el arte de la negociación y el acuerdo, que tantos volúmenes ha sumado a la literatura de autoayuda y las escuelas de negocio, no está de moda. Y es bastante raro, teniendo en cuenta que el King Kong del presente, Donald Trump, firmó un libro llamado justamente El arte de la negociación. Obviamente no lo escribió él, es una persona con dificultades para entender un texto medianamente sofisticado y que bosteza cuando se le presenta un informe. De hecho, Trump entiende la negociación justo al contrario: doblegar al oponente por la fuerza, no recular ni rectificar nunca, vengarse y humillar si se puede, y seguir lo que llama su instinto. Una gran brújula, por cierto.Los investigadores en Uganda tienen claro que el origen del conflicto que dividió a los chimpancés fue que dejaron de reconocerse como miembros de una misma especie para verse como rivales radicalmente distintos entre sí. Y en eso sí que nos parecemos mucho.