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Budapest se respira atmósfera de fin de imperio, pero el emperador se resiste a soltar el cetro. El primer ministro ultranacionalista
Viktor Orbán, el gobernante europeo que lleva ahora más tiempo en el cargo, podría estrellarse en las elecciones que Hungría celebra este domingo, a juzgar por los sondeos independientes. Tras 16 años consecutivos en el poder, más un primer mandato de 1998 al 2002, Orbán afronta por primera vez un contrincante con posibilidades de derrotarle, el conservador
Péter Magyar, un disidente de sus propias filas del partido
Fidesz.La última encuesta independiente, publicada el viernes por el instituto Publicus, otorga a
Tisza, el partido de Magyar, el 52% de votos frente al 39% que cosecharía el de Orbán. Sin embargo, el resultado es incierto, pues el actual sistema electoral fue concebido para dar ventaja representativa a los feudos de la formación gubernamental. Los sondeos de organizaciones afines al Gobierno dan a Orbán como ganador.Récord de participación77,8%La participación en las elecciones parlamentarias de Hungría subió al 78,8% a las 18:30 hora local, a media hora del cierre, superando ya el récord histórico de asistencia registrado en las elecciones del 2002 (73,5%).En cualquier caso, lo que se dirime en estas urnas va más allá de quién gobernará en la próxima legislatura este país centroeuropeo de 9,6 millones de habitantes, cuyo peso geopolítico se ha disparado precisamente por las acciones disruptivas de Orbán. El horizonte postelectoralSi
Viktor Orbán cae, la ultraderecha global perderá al referente de la llamada ‘democracia iliberal’ mientras que en Bruselas habrá respiros de alivio A sus 62 años, el líder húngaro se ha convertido en un referente del populismo ultraderechista global por haber instaurado lo que él denomina democracia iliberal , que en la práctica significa erosión del Estado de derecho, eliminación progresiva de contrapesos al poder ejecutivo, cerco a la libertad de prensa, y restricción de derechos a determinadas minorías. Hay también énfasis en la familia tradicional y elementos de fundamentalismo cristiano.Además, Orbán ha dibujado la cuadratura del círculo al mantener excelentes relaciones con
Donald Trump y con Vladímir Putin, presidentes de Estados Unidos y de Rusia. Trumpista y prorruso a la vez, le estorba la Unión Europea (UE), club que jamás ha propuesto abandonar pero que vilipendia desde hace años como supuesto culpable de todos los males que acechan al país.El primer ministro húngaro,
Viktor Orbán, saludando a sus seguidores en el mítin final de campaña en
Budapest, el 11 de abril del 2026 Leonhard Foeger / REUTERSEn campaña electoral, también Ucrania se convirtió en objetivo al que atizar. “Han sido cuatro años injustos, sufrimos problemas que no hemos provocado; no es culpa nuestra que la guerra paralizara la economía europea”, dijo Orbán el sábado en su mítin final en
Budapest. El primer ministro acusa a Magyar de querer llevar a Hungría a la guerra en la vecina Ucrania, algo que el aludido nunca ha dicho.“La técnica de comunicación de
Fidesz es muy sencilla, pero a la vez muy sofisticada”, señala la exdiputada y politóloga Zsuzsanna Szelényi, autora del libro del 2022 Democracia corrompida,
Viktor Orbán y la subversión de Hungría. “Ellos siempre crean divisiones en la sociedad; buscan temas controvertidos, donde puedan dividir a la gente. Analizan la situación con investigaciones y encuestas para detectar la opinión mayoritaria y se posicionan en esa dirección; esto ha sido una trampa para los partidos de la oposición en todas las elecciones anteriores”, explica Szelényi, quien fue ella misma una joven diputada de
Fidesz a inicios de los años noventa, cuando el partido era un soplo de aire fresco tras la caída del régimen comunista.
Péter Magyar, líder del partido de la oposición
Tisza, enarbolando la bandera húngara en su mítin final en Debrecen, el 11 de abril del 2026 Darko Bandic / APEn 1994 lo dejó, desencantada, y regresó más tarde como parlamentaria liberal entre los años 2014 y 2018. Ahora, Szelényi dirige el CEU Democracy Institute, ubicado en la Universidad Centroeuropea (CEU), centro educativo que, ante el acoso de Orbán, tuvo que trasladar las clases a Viena. En la sede de
Budapest quedan básicamente institutos de investigación.“
Viktor Orbán siempre crea enemigos para galvanizar a sus votantes, como el colectivo LGTBIQ+, la guerra en Ucrania o Bruselas, e intenta que la oposición tenga que responder y, diga lo que diga, quede mal; los matices no importan los matices”, prosigue Szelényi. Pese a algunos tropiezos y a que es una figura con claroscuros, Magyar no ha caído en la trampa. “
Péter Magyar es plenamente consciente de esta estrategia, porque él mismo formaba parte de ella cuando aún estaba en
Fidesz –apunta la politóloga–. Después de 16 años, cada vez más personas consideran a Magyar como un primer ministro más viable que Orbán”.El apego de muchos votantes a
Fidesz ha decrecido por los indicios aplastantes de corrupción y amiguismo, por el deterioro de la la sanidad y la educación públicas, y por el malestar económico derivado de la elevada inflación.
Péter Magyar celebró su acto de clausura el sábado en Debrecen, segunda ciudad del país. “Derrotaremos al partido estatal y liberaremos a nuestro hermoso país de todo aquello con lo que el Gobierno de
Fidesz lo ha envenenado hasta ahora”, afirmó, citando la corrupción, además de la pobreza de muchos frente a la opulencia de algunos. Este domingo, las urnas deciden.El marco legal Un sistema electoral diseñado a la medida de
Fidesz, el partido de OrbánTras su regreso al poder en el 2010,
Viktor Orbán y los suyos fueron diseñando un sistema electoral a la medida de su partido,
Fidesz, para asegurarse futuros triunfos. El tamaño del Parlamento se redujo a 199 escaños, y los distritos electorales fueron redistribuidos en 106 circunscripciones uninominales de tamaño muy variable. Los distritos más grandes se ubicaron en bastiones de la oposición, y los más pequeños, en feudos de
Fidesz. Otros 93 escaños se eligen por representación proporcional de listas de partidos. De cara a las elecciones del 2014, Orbán ofreció nacionalidad y derecho de voto a los dos millones de húngaros de los países vecinos, residentes en territorios que formaban parte de Hungría hasta la Primera Guerra Mundial. Cientos de miles aceptaron la oferta. Suelen ser votantes mayores, que albergan resentimiento por las pérdidas territoriales infligidas a Hungría por los vencedores en el tratado de Trianon de 1919. Alrededor del 90% de ellos tiende a votar a
Fidesz, y son casi 500.000 inscritos en un censo de unos 8 millones de electores, con lo que ahora podrían hacer bascular resultados. Para ellos, votar es fácil; pueden hacerlo por correo. En cambio, los húngaros que viven en países alejados, que suelen ser más jóvenes y simpatizar con partidos de la oposición, tienen que votar en consulados tras comprobaciones y trámites. Además, pocos meses antes de las elecciones del 2022, el Gobierno introdujo la opción de que los electores se registren para votar en cualquier distrito, aunque no residan en él. La oenegé de derechos humanos Comité Helsinki Húngaro (HHC, por sus siglas en inglés) –así llamada por razones históricas vinculadas a un acuerdo firmado en la capital finlandesa en 1975– avisó de que esa norma “crea el riesgo de que varios votantes se vuelvan a registrar en circunscripciones donde se prevé una contienda muy reñida, con la intención de influir en el resultado de las elecciones”.Corresponsal en Alemania, Centroeuropa y países nórdicos desde 2014. Antes en Italia y Vaticano (2003-2009). Especialista en religión. Licenciada en Comunicación (UAB) y máster en Periodismo (beca Fulbright) en Columbia