Todavía resuenan –con un eco sangriento– estas palabras de Donald Trump: “Una civilización entera desaparecerá y podría ser esta noche”. Así de cruel y brutal fue la amenaza del presidente norteamericano –en su enésimo ultimátum– para forzar las negociaciones con Irán. Estas palabras marcarán una presidencia, una época y una moral. Ningún devenir futuro borrará de la historia este despropósito, este momento envilecido. Esta proclama amenazadora se convierte por inmoral en el epitafio de su presidencia. No es una victoria, es su derrota política y ética. Julia Demaree Nikhinson / Ap-LaPresseLa amenaza contra Irán no era contra su ejército, sus milicias, sus dirigentes. Era contra su civilización. Es decir: su cultura, su religión, su arte, su música, sus tradiciones, sus símbolos, su lengua, su identidad. Trump ha coqueteado impúdicamente con probar armas devastadoras e invencibles nunca usadas hasta ahora, pasando por armas nucleares tácticas, así como la destrucción sistemática de todas las infraestructuras civiles: ferroviarias, energéticas, viales, plantas potabilizadoras... O sea, Trump anunció que cometería crímenes de guerra que podrían ser considerados crímenes contra la humanidad (según las definiciones en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional) en una guerra, además, no declarada como tal (porque así evitaba la prescriptiva autorización del Congreso norteamericano). Trump califica de operaciones militares su agresión en Irán. Un eufemismo que no puede esconder sus responsabilidades y su engaño institucional. La realidad es bien distinta.La sola amenaza de borrar una civilización entera cambiará el curso de la historiaLa última vez que hablamos de “civilizaciones” en el lenguaje geopolítico generalizado fue con la teoría del “choque de civilizaciones” popularizada por Samuel Huntington en un artículo de 1993 en Foreign Affairs y su libro posterior. Se refiere a una teoría de relaciones internacionales que concibe los conflictos globales posguerra fría como choques entre grandes grupos culturales. Una guerra no estrictamente ideológica o entre naciones. Rechazaba el “fin de la historia” de Fukuyama, argumentando que la globalización intensifica fricciones entre “nosotros” y “los otros”. Eran las semillas de las actuales “guerras culturales” de las extremas derechas globales.La sola amenaza de borrar una civilización entera cambiará el curso de la historia. Es una línea que alerta y provoca reacción en el mundo: desde el interior de EE.UU. hasta el lugar más alejado del planeta. Cuando alguien amenaza con esta profundidad devastadora –y realmente lo puede hacer– descubrimos que tiene un poder autócrata de naturaleza criminal y suicida. Es el momento de parar esta amenaza.Trump ha perdido la razón. Y las razones. Desprovisto de humanidad es lo que vemos: una personalidad enferma, narcisista y muy peligrosa. Oscar Wilde afirmaba: “Se puede admitir la fuerza bruta, pero la razón bruta es insoportable”. Pues eso. Trump no amenazó a una civilización, sino a la humanidad. Porque la humanidad es el recipiente de sus civilizaciones.