Roma. Corresponsal 13/04/2026 10:10 Actualizado a 13/04/2026 12:25 Mientras sube al avión,
Robert Francis Prevost saluda con una sonrisa tranquila. El vuelo que lo lleva a
Argelia, primera etapa de su largo viaje por África, está a punto de partir. Junto a su asiento, un ejemplar de
L’Osservatore Romano, el diario de la Santa Sede que cada día denuncia la barbarie de la guerra. El Pontífice, que durante la noche ha sido objeto de un ataque sin precedentes por parte del presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, exhibe serenidad. El papa
León XIV saluda mientras sube al avión antes de su viaje apostólico a ArgeliaRemo Casilli / ReutersY mientras sobrevuela el Mediterráneo, antes de aterrizar en Argel, afirma “no tener miedo de la administración Trump” y añade que seguirá hablando “en voz alta contra la guerra”. Luego agrega: “Poner mi mensaje al mismo nivel de lo que el presidente ha intentado hacer aquí demuestra no entender cuál es el mensaje del Evangelio”. Y añade: “No soy un político y no quiero entrar en un debate con él”. “Lamento oírlo, pero seguiré con lo que creo que es la misión de la Iglesia en el mundo de hoy”.Las acusaciones de Trump son inauditas, pero quizá no del todo inesperadas. Pese a los desmentidos, en los últimos meses desde
Washington ya habían llegado ataques y amenazas, con evocaciones incluso de un cisma “aviñonés”. La Semana Santa del Papa ha estado marcada por referencias cada vez más explícitas a los crímenes de la guerra, en general, pero también en particular. Sin nombres y apellidos, pero con retratos cada vez más nítidos de los “delirios de omnipotencia” de los gobernantes. Tras la amenaza de destruir “una civilización”, Prevost había optado por responder directamente, calificando de “inaceptable” esa advertencia, hasta el punto de invitar a los ciudadanos estadounidenses a presionar a sus parlamentarios para frenar la guerra. No solo oración, sino también gestos abiertamente políticos.La ofensiva en Irán y después los bombardeos masivos en
Líbano han sacudido a
León XIV y lo han empujado a un terreno al que quizá ni él mismo pensaba llegar: una condena política, y no solo ética, de la guerra. No es del todo nuevo —ya en su primera aparición desde la logia de las bendiciones, pocos minutos después de ser elegido Papa, Prevost habló de “paz desarmada y desarmante”—, pero lo nuevo es que esas posiciones han irrumpido con fuerza en los medios, especialmente en los estadounidenses, hasta ahora poco atentos al peso de la voz vaticana.En los últimos meses desde
Washington ya habían llegado ataques y amenazas, con evocaciones incluso de un cisma “aviñonésQuienes frecuentan el Palacio Apostólico subrayan que el Papa ha querido escapar de la polarización estadounidense y, para ello, se ha marcado desde el inicio un método: dejar a los obispos locales las cuestiones más políticas, dándoles un apoyo explícito, y reservarse él la intervención en asuntos universales. Y así ha sido también esta vez. El comentario a las declaraciones de Trump llegó de monseñor Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos: “Siento una profunda tristeza por el hecho de que el presidente haya decidido escribir palabras tan denigrantes sobre el Santo Padre. El Papa León no es un rival ni un político. Es el Vicario de Cristo que habla desde la verdad del Evangelio y por el cuidado de las almas”.Desde la Santa Sede llegan también palabras muy explícitas, las de Antonio Spadaro, subsecretario del Dicasterio para la Educación, según el cual Trump “delata un malestar profundo. Cuando el poder político se ensaña contra una voz moral es porque no logra contenerla. Trump no discute a León: le implora que regrese a un lenguaje que pueda dominar. Pero el Papa habla otra lengua, que no se deja reducir a la gramática de la fuerza, la seguridad y el interés nacional”.En este sentido, el ataque es una declaración de impotencia. Al no poder asimilar esa voz, el poder intenta deslegitimarla.