Durante tres o cuatro décadas, las asambleas del
Fondo Monetario Internacional escenificaron los debates emblemáticos de la era de la denominada globalización neoliberal: la importancia de reformas estructurales, el riesgo de crisis financieras, los desequilibrios comerciales globales, la austeridad versus el crecimiento.Pero ahora otros vientos soplan. La asamblea que se celebra esta semana en
Washington se centra en una nueva realidad geopolítica: la economía de guerra. Vuelve el espectro de los años setenta del siglo XX cuando el gasto militar necesario para financiar la guerra de Vietnam puso fin a los años dorados de la posguerra.Prueba del cambio se encuentra en el importante informe semestral de expectativas económicas mundiales que el Fondo presentará el martes. Dos capítulos, ya adelantados, se dedican a la cuestión de la guerra.Primero: las probables repercusiones económicas de un aumento drástico del gasto militar en EE. UU. y
Europa. El FMI prevé impactos graves sobre países ya crónicamente endeudados, subidas de inflación y recortes sociales para compensar el coste de la economía de guerra.Segundo: las secuelas económicas de las guerras que se libran en estos momentos desde
Oriente Medio a
Ucrania y más allá. Extrapolando de conflictos anteriores, el equipo de 16 expertos del FMI prevé que conflictos como el actual entre
Irán y EE.UU.-
Israel tendrán un coste equivalente al 7% del PIB, y añade que “los socios comerciales de las economías afectadas también sufren repercusiones nada desdeñables”.El círculo vicioso de guerra y mayores presupuestos de defensa ya está en marcha. “Tras décadas de descenso del gasto mundial en defensa, el aumento de los riesgos geopolíticos y la mayor frecuencia de conflictos militares están llevando a los países hacia un punto de inflexión; varios ya aumentan su gasto en defensa”, explica el FMI. Se ha duplicado el número de conflictos bélicos desde el 2006, y ya “alcanza niveles que no se veían desde la
Segunda Guerra Mundial”.LV-Una nueva era de keynesianismo militar con fuertes aumentos del gasto en defensa puede impulsar el crecimiento de las grandes economías tal y como ocurrió durante la
Guerra Fría. El FMI calcula que el efecto multiplicador del rearme duplicará cada euro gastado en defensa debido al impulso a la actividad económica. Por regla general, “los aumentos del gasto de defensa están seguidos de un aumento significativo del PIB y un periodo corto de alta inflación”, explica el FMIPero en tiempos de múltiples guerras, el impacto duradero sobre la inflación y el endeudamiento público -que se sitúa ya en niveles récord-, puede provocar una vuelta al síndrome de Vietnam y la estanflación -estancamiento e inflación- de los años setenta. “Todos los caminos conducen a menos crecimiento y más inflación”, dijo la secretaria general del FMI, Kristalina Georgieva, la semana pasada, citando el impacto de la guerra en
Irán.Aunque no se darán los datos concretos hasta la publicación del capítulo principal del informe de expectativas el próximo martes, ya se sabe que el FMI va a revisar a la baja su previsión de crecimiento mundial, actualmente del 3,3% para el 2026, debido a la guerra en
Irán.El informe analiza la relación entre los aumentos del gasto militar y la economía para 160 países desde el final de la
Segunda Guerra Mundial. El incremento medio de deuda pública como consecuencia de estos aumentos es nada menos que del 14%. Las repercusiones actuales pueden ser más fuertes aún, ya que la nueva era de guerra llega en un momento en el cual la deuda global - si se juntan privada y pública- más que duplica el valor del PIB mundial.Recortes al gasto social son muy probables, advierte el FMI. “Hay un riesgo de que el aumento sostenido del gasto en defensa, especialmente en tiempos de guerra, desplace a otras prioridades públicas -sobre todo el gasto social-”, advierte el informe.Esto es un hecho consumado en EE.UU donde Donald Trump ya ha anunciado recortes por 73.000 millones de dólares en los programas públicos. “La prioridad es protección militar”, dijo la semana pasada. “No será posible cuidar programas de salud pública como Medicaid y Medicare”.El impacto sobre la deuda estadounidense de la última subida del 40% del presupuesto de defensa -hasta unos mareante 1,5 billones de dólares al año- es motivo de zozobra en el FMI. Prevé que la deuda estadounidense rebase los 38 billones de dólares este año, el 140% del PIB. Ya se expresan temores inimaginables en la otra fase de expansión del gasto militar durante la
Guerra Fría: una fuga del mercado de Tesoro estadounidense, que hunda el dólar y provoque subidas de los tipos de interés, dificultando el servicio de la deuda.El FMI prevé que la deuda de EE.UU. rebase 38 billones de dólares, el 140% del PIB.El FMI diferencia entre aumentos del gasto militar en tiempos de paz —que no necesariamente elevan la deuda o obligan a que haya recortes de gasto social— y en tiempos de guerra. “Los auges del gasto en defensa en tiempos de guerra van seguidos de fuertes aumentos de la deuda pública y drásticos recortes en el gasto social”, advierte. Desde los años treinta del siglo pasado, se ha comprobado que el rearme y el gasto en defensa impulsan el crecimiento económico, pero con efectos nefastos a medio plazo. El economista británico Tim Barker, autor del libro aún inédito The Deadly Stimulant: Military Spending and American Capitalism Since World War II (Verso, 2027), calcula que el crecimiento robusto de la posguerra en las economías avanzadas obedecía principalmente a las guerras de Corea y de Vietnam. En aquellos años, el gasto en defensa alcanzaba el 9% del PIB.“Es mejor hablar de una economía de la
Guerra Fría que la economía de la posguerra”, sostiene Barker, cuya investigación sobre el keynesianismo militar es un complemento del clásico análisis marxista de la permanent arms economy, realizado por otro economista británico, Michael Kidron, en los años setenta. Según estos análisis keynesianos y marxistas, el gasto en armas y la destrucción de estas en el campo de batalla es necesario para resolver los problemas de sobreproducción, infraconsumo, y beneficios menguantes que lastran el crecimiento de la economía capitalista. Sin embargo, como se desprende del análisis del FMI, las consecuencias de la economía de guerra pueden ser el hiperendeudamiento e inflación, con riesgo de estanflación tras el impulso inicial del gasto militar.Con un volumen de deuda pública europea también muy alto -entorno al 130% del PIB-, el plan de elevar el gasto militar al 5% del PIB en la UE difícilmente será compatible con los niveles de gasto social actual, advierte el FMI. Es más,
Europa se beneficiará menos de EE. UU. del impulso al crecimiento del keynesianismo militar debido a su mayor dependencia de importaciones de equipos militares. La UE importa el 80% de sus armas, principalmente de EE.UU. con su potente sector empresarial de armas y tecnologías de guerra. Esto “frena la respuesta de la producción y el empleo nacionales al gasto en defensa, y contribuye al deterioro de la balanza exterior”. En el caso de Polonia, por ejemplo, la subida del gasto militar del 2,2% al 4,5% del PIB desde 2022, financiada mediante un aumento del déficit fiscal, apenas ha estimulado la economía porque es un gasto “intensivo en importaciones”, advierte el FMI.Asimismo, es probable que el impacto económico de las guerras en
Ucrania y en Medio Oriente sea más dañino para
Europa debido a los daños colaterales que sufren los países próximos a la zona de guerra.“Más allá de un devastador coste humano, las guerras imponen costes económicos elevados y persistentes”, explica el FMI en su análisis del impacto económico de los conflictos bélicos. “Las pérdidas de producción en las zonas en conflicto son profundas y duraderas. Generan graves dilemas macroeconómicos -debido a las tensiones fiscales, desequilibrios externos y presiones inflacionistas- y dejan secuelas duraderas en la macroeconomía de un país y en las personas.” “Estas consecuencias económicas no se limitan a las fronteras nacionales: los países vecinos y los socios comerciales de las economías afectadas también sufren repercusiones significativas, lo que pone de relieve los costes internacionales de los conflictos”. Un ejemplo: 25 millones de los refugiados -el 80% de la población total mundial de refugiados- proceden de zonas de guerra.La peor noticia: “Hay motivos fundados para creer que las repercusiones colaterales de la guerra actual en
Irán serán mayores que los conflictos en períodos anteriores”, resumió Stephen Roach, veterano de la Universidad de Yale y execonomista jefe de Morgan Stanley, en su análisis del informe del FMI.