Raquel Romero MontesinosBarcelona 13/04/2026 16:18 Actualizado a 13/04/2026 16:26 A las siete y media de la mañana del lunes, la cola de fans para ver a
Rosalía todavía no está del todo definida. No hay vallas ni organizadores y quienes han llegado primero preguntan y dan vueltas hasta decidir, entre ellos, dónde colocarse.En esa primera fila improvisada se forma también el primer grupo de fans. Llegan desde distintos puntos de
España y acaban coincidiendo allí sin conocerse de antes. “Somos amigos desde ahora mismo”, dice Lola, de
Sevilla. A su lado, Claudia, de
Coruña, asiente mientras recuerda las primeras horas de la mañana: “Nos dijeron: ‘La cola para el Front Stage empezará por allí’. Y luego: ‘No, creo que por allí’”.Fans de
Rosalía esperando para entrar al concierto horas antes, en el
Palau Sant Jordi,
Barcelona.Nacho Vera / PropiasCon el paso de las horas, ese grupo inicial se amplía y se estructura. “Nos hemos juntado para poder irnos turnando entre nosotros si alguno necesita salir de la cola”, explican, pendientes de no perder la primera posición. Las mochilas, las conversaciones y los relevos improvisados forman parte de una dinámica que se repite a lo largo de la fila.Organización espontánea en la pistaEn paralelo, en la zona de pista, la escena se repite con una lógica similar. “Vivimos en
Barcelona, aunque ninguno es de aquí”, comenta uno de los jóvenes, procedentes de
Córdoba,
Málaga y Francia. Sin indicaciones oficiales, el orden lo marcan ellos mismos: números escritos con bolígrafo en la mano para mantener el turno. “Ha sido una cosa espontánea, alguien tenía un boli y se ha encargado de numerarnos”, explican.Entre las primeras posiciones de la hilera destinada a la zona de la pista, Cristina y Maria, de
Sant Feliu de Llobregat, han llegado a las nueve de la mañana. “Nos hemos escrito números en las manos por si alguno tiene que ir al baño”, explican. Es la forma que han encontrado para mantener el turno sin que la fila se desordene con el paso de las horas.Fans de
Rosalía esperando para entrar al concierto horas antes, en el
Palau Sant Jordi,
Barcelona.Nacho Vera / PropiasLa cola, que a primera hora no tenía un inicio claro, acaba funcionando a partir de acuerdos informales entre quienes esperan. Son los propios fans quienes establecen el orden y deciden cómo sostenerlo durante horas.Una espera compartidaMientras pasan las horas, la cola se llena de pequeñas escenas que hacen más llevadero el rato. Algunos cantan canciones de
Rosalía, otros sacan cartas y montan partidas improvisadas en el suelo. Hay quien se tumba a leer, quien se pierde en el móvil o quien aprovecha para hablar con los de al lado y conocer gente que hasta hace unas horas no conocían. Entre risas, conversaciones y turnos para no perder el sitio, la cola parece algo más que una fila. Fans de
Rosalía esperando para entrar al concierto horas antes, en el
Palau Sant Jordi,
Barcelona.Nacho Vera / PropiasLo que empieza como una coincidencia acaba generando cierta familiaridad. Los fans se reconocen, se llaman por el nombre y comentan cuánto falta para que abran las puertas. Sin haberse visto antes, comparten referencias, canciones y la expectativa por el concierto.Para quienes están en las primeras posiciones, no se trata solo de entrar antes o conseguir mejor sitio. Es también todo lo que pasa durante esas horas. “Al final te lo pasas bien aquí”, comenta una de las fans mientras espera. Coincidir con gente de distintos lugares, hablar con quienes tienen al lado y compartir el mismo entusiasmo hace que la experiencia del concierto, para muchos, empiece antes de que se abran las puertas.