Ayer se celebraron elecciones presidenciales en Hungría, el país más controvertido de los 27. Como ya apuntaban los últimos sondeos, el opositor centroderechista
Péter Magyar ganó a
Viktor Orbán, desbancando al líder de
Fidesz tras dieciséis años en el poder.A pesar de su pasado vinculado al régimen, Magyar, se presenta como un conservador europeísta, capaz de atraer tanto a la derecha moderada como a la izquierda ansiosa de cambio.Un apellido muy “patriótico”La victoria de Magyar, y de su partido,
Tisza, se debe, a decir de los politólogos, a varias razones: la deriva totalitaria de Orbán, la corrupción casi endémica del sistema, la inflación persistente o el visible deterioro de los servicios públicos, entre otras.Pero es posible que también su apellido, de ecos nacionalistas, haya desempeñado algún papel, aunque quizá a nivel subconsciente. Magyar es, precisamente, el nombre de la que es considerada la etnia fundadora del pueblo húngaro, aunque hay cierta controversia historiográfica sobre sus orígenes.Lee tambiénEl magiar es uno de los grupos etnolingüísticos más fascinantes del Viejo Continente. Pertenecientes a la familia de los pueblos uránicos, proceden de las profundidades de
Asia Central, a diferencia de sus vecinos, de origen indoeuropeo. Aunque no hay certeza absoluta, se cree que se originaron en la región de los montes Urales y que migraron hacia el oeste a través de las estepas euroasiáticas, adoptando una forma de vida seminómada y guerrera, bastante parecida a la de los escitas o los hunos, con los que a veces se les confunde de forma errónea.Fue bajo el mando del líder Árpád, en el año 895 de nuestra era, cuando las siete tribus magiares cruzaron los montes Cárpatos y se establecieron en la llanura panónica (actual Hungría).Llegada de los siete jefes de los magiares a la llanura Panónica (detalle)Dominio públicoMucho antes de su llegada, una parte del actual territorio húngaro estaba administrada por el Imperio romano. Mientras que la parte oriental, más allá del Danubio, permaneció bajo el control de tribus bárbaras (como los yázigas o yacigios), la occidental fue un pilar estratégico del Imperio durante más de 400 años. Era la conocida provincia de Panonia, que ya entonces servía para proteger a Italia de las invasiones germánicas y sármatas. Con el tiempo se dividiría en dos: la Panonia Superior (con capital en Carnuntum, cerca de la actual Viena) y la Panonia Inferior, cuya capital era la joya de la región, Aquincum, ubicada en el actual distrito de Óbuda, en Budapest.De nómadas a cristianos europeosTras décadas de incursiones militares por toda Europa (que llegaron incluso a territorio de la península Ibérica), y no sin numerosas dificultades, como luchas intestinas entre el gobierno magiar y los nobles –que poseían sus propias costumbres y privilegios tribales–, los magiares decidieron integrarse en la esfera cristiana europea.Esteban I (c. 975-1038), cuyo nombre de nacimiento era Vajk, convirtió al pueblo húngaro al catolicismo, asegurando la supervivencia del reino y consolidando su estructura feudal. Esteban sería el primer rey de Hungría, coronado en el año 1000. Para la ceremonia, el papa Silvestre II le envió una cruz apostólica y una corona: la célebre corona de San Esteban o Santa Corona de Hungría, hoy conservada en el Parlamento.Esteban I de Hungría en el trono, ‘Chronicon Pictum’, s. XIVDominio públicoAunque sus súbditos ya le consideraban santo en vida, Esteban alcanzaría la gloria de los altares unas décadas después de su muerte, el 20 de agosto de 1083, en un proceso impulsado por Ladislao I.Durante siglos, aquella Hungría, que vería numerosos cambios en sus fronteras (llegó a poseer Transilvania, Eslovaquia, Cárpato-Ucrania, Croacia –después Croacia-Eslavonia– e incluso Voivodina, la actual Serbia) sirvió como una suerte de escudo de Europa, un territorio considerado el baluarte de la cristiandad frente a las incursiones del Imperio otomano.Y el Reino de Hungría se consiguió mantener incluso ante las pretensiones y amenazas de los Habsburgo: no sería vasallo del Sacro Imperio Romano Germánico, sino un reino soberano bajo la protección directa de la Iglesia.Una rareza lingüísticaUna de las particularidades de esta etnia es su idioma, único en Europa. El magiar, según los estudios filológicos, una lengua ugrofinesa, emparentada lejanamente con el finlandés y el estonio, que debía de parecer de otro mundo para el resto de los europeos. Y no solo para españoles, ingleses o alemanes, sino también para sus vecinos, los antepasados de rumanos, serbios o croatas, pues no comparte raíces gramaticales ni léxicas con las lenguas romances o germánicas. Es, en definitiva, una especie de islote lingüístico en Europa central.No sabemos qué le espera a Hungría cuando sea investido el nuevo primer ministro,
Péter Magyar. Todo apunta a un acercamiento a las políticas de la Unión Europea, un alejamiento de Moscú y un apoyo más explícito a Ucrania y su líder, Volodímir Zelenski. Quizá, también, una mejora económica gracias a la liberación de fondos europeos. Sin duda, un tiempo nuevo para los descendientes de los magiares, bajo un líder de apellido inconfundiblemente húngaro.