Los resultados de las elecciones en Hungría suponen no solo un cambio político en ese país tras dieciséis años de gobierno de
Viktor Orbán, sino que tienen una clara lectura geopolítica. La clara derrota del actual primer ministro y líder de
Fidesz es también una victoria para Europa y un importante revés para
Donald Trump y Vladímir Putin, así como para las fuerzas populistas y nacionalistas europeas y la ultraderecha global.El opositor
Péter Magyar, de 45 años, se ha impuesto de modo aplastante, al lograr 138 diputados frente a los 53 de Orbán, en las elecciones con mayor participación desde el final del comunismo en 1989. Magyar, un conservador europeísta que lidera el partido de centroderecha
Tisza, era hace dos años una persona próxima a Orbán, hasta que empezó a acusar al sistema político de corrupto y entró en política convirtiéndose en eurodiputado en el 2024. Su victoria abre una nueva etapa en el país, aún con muchas incógnitas por despejar. Ayer empezó a aclarar algunas.Expresó su deseo de integrarse plenamente en Europa, pidió una transición rápida y prometió “un cambio completo de régimen” para acabar con la corrupción y restablecer el Estado de derecho con controles y equilibrios democráticos. Se comprometió a mejorar las relaciones con la Unión Europea para desbloquear los 18.000 millones de euros de fondos comunitarios congelados, y abogó por establecer relaciones pragmáticas con Moscú, pero se opuso a un ingreso exprés de Ucrania en la UE mientras siga la guerra, si bien sugirió que no bloqueará el crédito de 90.000 millones de euros de ayuda de la UE a Kyiv, como ha venido haciendo Orbán desde diciembre, pese a haber dado su consentimiento tras acordar no participar en él. En el campo social, Magyar defiende una política migratoria tan dura como la que ha practicado
Fidesz. Al lograr 138 de los 199 diputados en el Parlamento, tiene los dos tercios necesarios para enmendar la Constitución y deshacer el sistema iliberal de Orbán. De momento ya ha anunciado que limitará a dos los mandatos como primer ministro.
Péter Magyar promete un “cambio completo de régimen” y reintegrar de pleno a Hungría en la UEOrbán ha perdido tras hacer una campaña muy agresiva, centrada en atizar la hostilidad contra Ucrania y contra la UE. El bloqueo del oleoducto que transporta a través de Ucrania el petróleo del que Hungría depende le dio munición política para cortar gradualmente el suministro de gas a su vecino del este. También ha castigado a Ucrania, como decíamos, vetando el préstamo de la UE. Con estos argumentos trató de evitar tener que explicar por qué la inflación húngara es la más alta de la UE, responsabilizarse por el estancamiento económico del país y dar cuentas sobre los numerosos casos de corrupción y clientelismo que le rodean. Ni el apoyo de una docena de líderes de ultraderecha europeos ni el de Trump a través de su vicepresidente, J.D. Vance, arropándole en un acto electoral en Budapest, le han bastado para lograr un quinto mandato, tras cuatro consecutivos.Su derrota es un triunfo para Europa. Bruselas tenía la esperanza de que el premier húngaro fuera vencido en las urnas y una indisimulada sensación de alegría recorre las instituciones comunitarias. Orbán se había convertido en una fuente de conflictos, con choques frecuentes con Bruselas por su nulo respaldo a Ucrania, chantajes al Consejo Europeo, restringir derechos de las personas LGTBIQ+, y acallar voces críticas en el poder judicial y los medios de comunicación. Además, Hungría ha sido estos años un caballo de Troya en la UE, tras saberse que su ministro de Exteriores informaba regularmente a su homólogo ruso tras las reuniones de la UE, pasándole información estratégica. Trump y Putin pierden a su mejor aliado en Europa y un especialista en poner palos en las ruedas de las decisiones comunitarias. La visión europea de Orbán era la que, con objetivos distintos, comparten EE.UU. y Rusia, que ayer tendió la mano a Magyar.La debacle de
Fidesz es la más importante de la ultraderecha europea desde el 2015, abre un nuevo ciclo político en Europa, donde los ultras han recibido ya varios reveses, y supone un serio golpe para sus aliados, en especial para Vox, a quien Orbán ha financiado campañas con líneas de crédito. Ha quedado claro en Hungría que el trumpismo ya no solo no suma, sino que resta.La derrota del líder de
Fidesz es también la de Trump, Putin y la ultraderecha globalLa UE debe prepararse para una relación más compleja que un simple reinicio tras la era Orbán. Bruselas no debe dar por sentado que un Gobierno de Magyar vaya a suponer una ruptura total con las políticas practicadas por el líder ultranacionalista en temas como Ucrania y la relación con Rusia. Para la UE, la derrota de Orbán es un gran alivio, pero no resuelve automáticamente las tensiones con Hungría, por lo que habrá que esperar a que Magyar vaya implementando sus reformas.