El �ltimo esca�oS�nchez y XiMUNDOActualizado Mi�rcoles, 15 abril 2026 - 00:09Audio generado con IAEra previsible que la decadencia del imperio norteamericano, acelerada por el demencial segundo mandato de Trump, con sus contantes desprecios a los aliados tradicionales de EEUU, iba a ser aprovechada por la inteligencia china para reforzar su influencia pol�tica en Occidente y continuar con su imparable proceso de colonizaci�n econ�mica, resumido en un solo pero abrumador dato: el d�ficit comercial de la UE con China en 2025 fue de 359.800 millones. Igualmente, es comprensible que, ante la sutil diplomacia de los hijos de Mao, tan alejada -cuando le conviene- de la agresividad trumpista, algunos pa�ses tratasen de mejorar sus relaciones con Pek�n y rebajar as� su dependencia de Washington. Sin embargo, lo que no era ya tan previsible era que el r�gimen del Partido Comunista chino hallara en el seno de la UE a un caballo de Troya (o tonto �til) del tama�o de Pedro S�nchez. Cierto es que los chinos lo intentaron previamente con Orban, por mediaci�n de su com�n aliado Putin, rubricando en 2024 una alianza bilateral entre Hungr�a y China que incumpli� las normas de la UE. Pero la oferta de S�nchez es de un mayor valor pol�tico y estrat�gico para Pek�n, ya que utiliza el peso de Espa�a en Europa, as� como la auroritas que ha logrado el l�der del PSOE entre la izquierda europea como presunta n�mesis de Trump, para blanquear su pol�tica internacional; y, por otro, para romper la unidad de acci�n que busca la UE al fomentar un di�logo bilateral, de pa�s a pa�s, sin pasar por el filtro de Bruselas, que ha calificado a China de "socio competidor y rival sist�mico". Hasta el domingo, el Gobierno chino calificaba al Ejecutivo de Orban como un "socio amistoso y estrat�gico". Unas palabras muy modestas en comparaci�n a los elogios que se regalaron ayer Xi y S�nchez en el Gran Palacio del Pueblo. Los dos dirigentes se congratularon de estar "en el lado correcto de la historia" y se comprometieron a trabajar de la mano para reforzar "el sistema multilateral y el derecho internacional", lo que a juicio del espa�ol pasa por reducir el peso de Occidente en las instituciones internacionales. Esta declaraci�n de intenciones contiene el grado de cinismo habitual de China -pa�s que sostiene militarmente la invasi�n rusa de Ucrania, que ocupa ilegalmente el T�bet desde 1950 y que mantiene internados en "campos de reeducaci�n" a un mill�n de Uigures-, pero supone como novedad un cambio sustancial en la pol�tica exterior de Espa�a: al presentarse, ya de manera abierta y formal, como un pa�s que no est� del todo alineado con la UE, ni con el consenso occidental, y que se aproxima al Sur Global y los Brics. Detr�s de este cambio en las alianzas internacionales de Espa�a, que se visualizar� de nuevo el fin de semana en Barcelona con la cumbre izquierdista en la que Petro, Lula y Zapatero har�n de comparsas de S�nchez, no hay una convicci�n ideol�gica, ni mayor an�lisis geopol�tico que reforzar el perfil de jinete solitario del presidente espa�ol en la UE. Una manera, entiende S�nchez, de acabar de confeccionar su disfraz de l�der de la izquierda global, limpio de corrupci�n, que le permita refugiarse en la pol�tica exterior y servirse de ella para condicionar la pol�tica nacional. Pero, al mismo tiempo, S�nchez afronta el riesgo de repetir con China la misma torpeza que cometi� Orban con Rusia: priorizar los intereses ajenos a los de Espa�a, consolidarse como un problema interno de la UE, y acabar desdibujado como el gui�ol de una superpotencia en lucha por la hegemon�a en el nuevo orden mundial.