Donald J. Trump está nervioso, quiere dar la guerra en Irán por terminada y se contradice cada dos días porque no la había planeado y ha sido arrastrado por los chantajes de Beniamin Netanyahu. En su primer mandato, Trump fue el primer presidente en muchas décadas que no empezó una nueva guerra, y en la campaña para su nueva elección hace dos años prometió que continuaría así. Dos documentos oficiales muy recientes sobre las estrategias de seguridad y defensa de Estados Unidos sitúan el foco de la política exterior en el hemisferio occidental, también conocido como las Américas, evitando las “guerras interminables que nos empantanaron en Oriente Medio a un gran coste… Ya no nos distraeremos con el intervencionismo, las guerras interminables, el cambio de régimen y la construcción de naciones”. A mediados de febrero, las negociaciones con Irán sobre el desarme nuclear “estaban haciendo progresos significativos”. En su larguísimo discurso al Congreso sobre el estado de la Unión cuatro días antes del ataque, Trump mencionó muy brevemente el peligro nuclear de Irán y declaró: “Prefiero resolver este problema por la vía diplomática”. SAEED KHAN / AFPTrump no ha dicho cuáles son los objetivos de la guerra porque él mismo no lo sabe: prevenir armas nucleares que supuestamente ya fueron destruidas en el ataque del año pasado; descabezar la república islámica como ya ha hecho; promover un cambio de régimen que no es factible sin despliegue de tropas sobre el terreno; quedarse con explotaciones y rutas de petróleo que en realidad está perdiendo, por lo que los precios de la gasolina y demás derivados están aumentando…Una clave es que Netanyahu visitó la Casa Blanca seis veces en menos de un año y sometió a Trump a dos chantajes. Uno, atacar unilateralmente a Irán y provocar su contraataque, el cual afectaría a las bases, tropas, ciudadanos, empresas y hoteles americanos en Oriente Medio, por lo cual sería mejor para Estados Unidos unirse a
Israel para atacar primero.Dos, destapar lo que queda de los papeles de
Epstein sobre Trump; hay sólidos indicios de que el traficante sexual convicto trabajaba para el
Mosad, así como para otras agencias. Cabría suponer que las conductas privadas no deberían explicar las decisiones macropolíticas en un imperio grande y poderoso. Pero nos podríamos remontar a otros improbables como Calígula o Rasputín para admitir la interferencia.Cabe una guerra de desgaste larga, con rechazo popular y los republicanos divididos, o una nueva negociaciónEn todo caso, aunque las decisiones sean personalistas, sórdidas y extemporáneas, tienen consecuencias geopolíticas. Irán está en el centro del mayor espacio en el planeta que no es un área de influencia de ninguno de los grandes imperios actuales: Estados Unidos, Rusia o China. Oriente Medio ha estado en permanente inestabilidad durante más de cien años: tras la Primera Guerra Mundial, un desgraciado amaño diplomático de Gran Bretaña y Francia dibujó unos lindes multiétnicos que nunca han llegado a funcionar como estados; tras la Segunda Guerra Mundial, los antiguos colonialistas fueron reemplazados por las injerencias de Estados Unidos y la Unión Soviética; después de la guerra fría, es un campo de batalla abierto.
Israel ambiciona convertirse en la potencia hegemónica de Oriente Medio, aunque parezca algo desmesurado dado su pequeño tamaño relativo. Está expandiendo su control a Jerusalén Este, Cisjordania, Gaza, Líbano y hasta a tierras de Siria. Consiguió el respeto de Egipto y Jordania. Con los acuerdos de Abraham, añadió el de los Emiratos y Bahréin y aspiraba a alcanzar un mutuo reconocimiento con Arabia Saudí. Es decir, el Estado judío soñaba con envolver los territorios con mayoría musulmana suní para hacer frente a los de mayoría musulmana chií liderados por Irán, que ahora los está bombardeando.Irán es un régimen mixto difícil de predecir. Por un lado, la autoridad religiosa está encabezada por el hijo del anterior ayatolá, no menos belicoso tras los asesinatos de su familia. Por otro lado, la autoridad civil está presidida por Masud Pezeshkian, el ganador de unas elecciones semicompetitivas como candidato de la oposición reformista, que ya negoció en secreto con Trump dejar de intentar asesinarle a cambio de dejar de ser bombardeados.Para hacer predicciones, quizá deberíamos dar más importancia a las nuevas armas de guerra. Los drones, misiles e interceptores dirigidos por inteligencia artificial, que son muy baratos, precisos y efectivos, multiplican los ataques hasta cientos al día, causan más destrucción de objetivos militares y políticos y menos víctimas civiles y generan más inciertos ganadores. Así, la operación de combate Furia Épica de Estados Unidos podría convertirse en una duradera guerra de desgaste, pero con la mitad del apoyo popular que tuvieron las guerras de Afganistán e Irak después del 11-S y con los republicanos crecientemente confusos y divididos.La alternativa, que posiblemente está en la mente de Trump cuando habla de cuatro o cinco semanas, mucho antes de las elecciones al Congreso en noviembre, es volver a negociar con Irán, un régimen degradado pero intacto, como lo definió la directora nacional de inteligencia Tulsi Gabbard. La incógnita es cómo reaccionaría Netanyahu, cuyos agentes ya han matado a varios posibles negociadores de Irán y cuyos misiles bombardean yacimientos de gas por su cuenta mientras él encara elecciones en septiembre.