Juan Manuel Moreno Bonilla anunció el lunes a última hora que las elecciones autonómicas en su comunidad, hasta ahora previstas para junio, se celebrarán el 17 de mayo. El presidente de la
Junta de Andalucía argumentó su decisión señalando que esta fecha le parece la más adecuada para favorecer la participación y, también, su deseo de que la comunidad tenga cuanto antes “plena capacidad política e institucional”. Son objetivos plausibles, aunque es probable que un avance de unas pocas semanas no afecte en gran medida la participación, y es de suponer que la capacidad política e institucional de la Junta no está ahora menoscabada.Otras interpretaciones sobre el avance son que Moreno Bonilla quiere aprovechar el relativo frenazo de
Vox en
Castilla y León, o que ha preferido precipitar la convocatoria para coger a contrapié al Gobierno de
Pedro Sánchez. Aunque, de nuevo, ni una ni otra razón parecen determinantes.Lo que sí está claro es que las próximas andaluzas, colofón del ciclo electoral autonómico que desde diciembre ha dado victorias al
PP en
Extremadura,
Aragón y
Castilla y León, aunque siempre sujeto a
Vox, suponen la etapa reina. Y no solo por el gran número de convocados a votar: 6,5 millones. También porque el calado político de los candidatos del
PP y del
PSOE en
Andalucía es de primer nivel.Moreno Bonilla anticipa unas pocas semanas las autonómicas, que se preveían para junioEn efecto, el
PP presenta a Moreno Bonilla, presidente andaluz desde que hace siete años, y con el apoyo de Ciudadanos y
Vox, desbancó a
Susana Díaz y formó gobierno, tras 36 años de dominio de los socialistas; luego, en el 2022, convocó elecciones anticipadas y se hizo con la mayoría absoluta. Moreno Bonilla es una de las figuras al alza dentro del
PP, defensor de una línea moderada y ajena al continuo rifirrafe parlamentario que alimenta su formación. Y el
PSOE presenta a
María Jesús Montero, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda del Gobierno central, que lo abandona para intentar el asalto al poder en la comunidad más poblada y la segunda más extensa de España.El riesgo que han asumido las dos formaciones, y en particular el
PSOE, puesto que el
PP defiende la Junta ya presidida por Bonilla, es considerable. Una derrota del
PP –que de momento no prevén las encuestas– sería un serio revés para este partido, que acaba de encadenar las tres victorias autonómicas referidas, y que tiene en Bonilla a un puntal, acaso llamado a tareas de más responsabilidad. Y una derrota del
PSOE tendría también efectos más allá del partido y
Andalucía.Así sería porque Montero ha trabajado de modo infatigable en todos los frentes –desde los de su ministerio hasta los relacionados con negociaciones políticas gubernamentales– e integra ahora, con
Pedro Sánchez y Félix Bolaños, el trípode decisorio sobre el que se sustenta en buena parte la acción del Gobierno. Su derrota en mayo significaría para los socialistas, además de seguir fuera del gobierno andaluz, erosionar una de las mejores bazas con las que cuenta actualmente.
María Jesús Montero se despidió ayer del Consejo de Ministros para irse a la campaña andaluzaOtra cosa, en caso de victoria popular, es si va a poder seguir gobernando en solitario o si requerirá del apoyo de
Vox. No debe olvidarse, en este sentido, que los ultraderechistas han ido demorando posibles acuerdos de gobierno con el
PP en
Extremadura,
Aragón y
Castilla y León. Los sondeos dicen que los populares podrían perder cuatro de sus diputados actuales, y quedarse por debajo de la mayoría absoluta, que en el Parlamento andaluz está en los 55 escaños. Y prevén también un avance del
PSOE, pero con un número de diputados que quedaría alrededor de la mitad de los que se vaticinan al
PP. Aun así, Montero, que ayer fue cálidamente despedida en el Consejo de Ministros, confía en movilizar al medio millón de votantes progresistas que, dice, se quedan en casa, y dar la vuelta a los pronósticos.Desde la óptica de la política estatal, la convocatoria andaluza tiene ya una primera consecuencia: la inevitable remodelación del Gobierno, que va a perder a su número dos con la partida de Montero rumbo a la campaña andaluza. Dadas las responsabilidades que ha desempeñado en el Gabinete –al que llegó en el 2018 como ministra de Hacienda, cartera que hasta entonces ocupaba en la
Junta de Andalucía–, el presidente debe proceder de inmediato a su relevo (para el que, entre otros, suena el ministro de Economía, Carlos Cuerpo). Quizás eso ocurra el viernes, el fin de semana o a inicios de Semana Santa. Desde luego, cuanto antes sea, mejor. Y ya se verá si la remodelación se queda en eso o es más amplia.