Justo al día siguiente de que un jurado de
Nuevo México condenara a Meta al pago de 375 millones por vulnerar la protección de menores en sus plataformas, una segunda resolución judicial atacó la supuesta invulnerabilidad de las grandes tecnológicas. Otro jurado del Tribunal Superior de
Los Angeles, en el considerado el mayor caso y guía en otras muchas denuncias sobre el posible fomento en sus redes de hábitos perniciosos entre esos menores, acordó este miércoles la culpabilidad de la empresa de
Mark Zuckerberg, por su plataforma
Instagram, y de
YouTube (Google) porque se aprovecharon de niños y adolescentes creando adicción a sus redes de forma deliberada, lo que condujo a un deterioro de su salud mental.Este veredicto, que marca un antes y un después sobre las redes sociales, se alcanzó en el noveno día de deliberación, lo que traduce en 43 horas de debate entre los miembros del jurado, que debían dar respuesta a diez cuestiones. La primera era si Meta y Google fueron negligentes al diseñar sus redes. Era la clave y las dos plataformas fueron declaradas culpables y, por tanto, responsables por imprudencia debido a la absoluta falta de aviso o advertencia. Ambas empresas deberán pagar un total de seis millones de dólares en compensación por daños a la víctima y denunciante, identificada como Kayle G.M. El 70% lo debe afrontar Meta. La cifra subió en la primera decisión a tres millones. En una deliberación posterior sobre la mala intención o fraude, el jurado, compuesto por siete mujeres y cinco hombres, subió esa cantidad a 4,2 millones para Meta, mientras que se quedó en 1,8 millones para
YouTube. La decisión supone un golpe muy duro para estas empresas, que han estado protegidas históricamente por la sección 230 de la ley de Decencia en las Comunicaciones.Este jurado determinó que
Instagram y
YouTube actuaron con negligencia al operar un producto que perjudicó a los menores y no avisaron sobre esos peligros. La decisión supone un golpe muy duro para estas empresas, que históricamente han estado protegidas por la Sección 230 de la llamada Ley de Decencia en las Comunicaciones.Los juristas han establecido un paralelismo de esta demanda como la pionera en comparación a las que se formularon contra la industria tabacalera de la década de 1990, en parte debido a acusaciones de que las empresas engañaron al público sobre la seguridad y los posibles daños de sus productos, en especial a los niños.Esta vista oral, que comenzó a finales de enero, se centra en Kayle G.M., esa joven ahora de 20 años que alegó que a partir de los nueve años se volvió adicta a las redes sociales y a aplicaciones de transmisión de vídeo como
Instagram y
YouTube. Esto le provocó depresión y pensamientos suicidas. El caso carece de precedentes y su resolución puede traer cola. Hay más de 1.600 demandas de este tipo a la espera. Inicialmente también estaban TikTok y Snapchat, pero el día del inicio de juicio sus responsables llegaron a un acuerdo prejudicial.Según los asistentes a la lectura del fallo, en la sala hubo muestras de regocijo. Salieron de los bancos de padres que han dado apoyo a esta causa porque tienen hijos que han sufrido instintos suicidas por las redes. Esos progenitores, abogados y grupos de defensa del consumidor que apoyan a los demandantes en otros casos aplaudieron la decisión del jurado como un paso importante para controlar a los gigantes de las redes sociales, que en gran medida han logrado escapar de las las regulaciones.Esa expresión de satisfacción no fue la actitud de Kayle, que vestida con el mismo vestido largo color rosa que llevó para testificar en febrero, permaneció estoica. Una de sus acompañantes contuvo las lágrimas, con el mentón tembloroso. Varios observadores lloraron en silencio a pesar de las reiteradas advertencias de la juez Carolyn B. Kuhl de no reaccionar.“Debemos no tener ninguna reacción al veredicto del jurado. Nada de de gritar, nada de reacciones, ninguna perturbación”, subrayó Kuhl. “Si ocurre, tendremos que hacer que los saquen del tribunal, y ciertamente no queremos tener que hacer eso”, reiteró,El veredicto valida una teoría legal novedosa por la que los sitios de redes sociales o las aplicaciones pueden causar daños personales. Es probable que influya en casos similares que se espera lleguen a juicio este año. Esta circunstancia podría exponer a los gigantes de internet a daños económicos adicionales y obligarlos a realizar cambios en sus productos.Zuckberberg, uno de los hombres más ricos del mundo gracias a los beneficios de estas plataformas que empezó con Facebook, compareció por primera vez en una causa judicial el pasado febrero para prestar declaración en este juicio.En su comparecencia, en la que lo negó todo, incluido su preparación para no parecer un robot, y donde incluso culpó a las propias víctimas de los efectos nocivos de las redes sociales por mentir en su edad, marcó un momento histórico con importantes derivadas. Aunque se trata de una acusación por fomentar la adicción en los niños y adolescentes, comparable a algo tan viejo como el tabaco, el alcohol o los estupefacientes, esta ha sido una vista oral de alta tecnología.Zuckerberg se opuso a la idea de que su empresa tuviera como objetivo aumentar el tiempo que las personas pasan en
Instagram, es decir, engancharlas como adictos, y defendió que habían tomado medidas para evitar esas situaciones. Ha quedado claro que el jurado no le ha dado ninguna credibilidad.“Respetuosamente no estamos de acuerdo con el veredicto y evaluamos nuestras opciones legales”, replicó un portavoz de Meta en un comunicado. “Este caso malinterpreta a
YouTube, que es una plataforma de transmisión construida de manera responsable, no un sitio de redes sociales”, terció José Castañeda, portavoz de la otra empresa. Unos y otros van encaminados hacia el recurso