Ali mueve la leña para mantener vivo el fuego que calienta el té que sirve a los caminantes que bajan de los montes Alborz. Las nubes han desaparecido y el cielo azul le da otro sentido a estos días de angustia. “Todo está siendo muy duro, tanto en la parte mental, mi cabeza no está bien, como en la económica”, dice este hombre de 43 años que tiene un café en Daraker, en la cadena montañosa que limita Teherán por el norte; la misma que tienen que superar los cazas
Israelíes y estadounidenses cuando se aproximan a la capital.“Vienen desde el Caspio –al otro lado de las montañas– y siempre pasan por aquí”, dice
Ali. Minutos antes se ha oído de nuevo el ruido de los aviones y explosiones en la parte baja de la ciudad. A los cazas les oye sobrevolar de día y de noche. “Lo único que quiero es que esto acabe”, insiste.Este el estado de ánimo de la mayoría de los
Iraníes, sobre los que cae, además de las bombas, el intercambio de mensajes entre el presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, y los ayatolás.
Ali no sabe si creer a las autoridades
Iraníes cuando aseguran que no hay negociación: “No sería la primera vez que mienten. En el pasado han dicho que no negociaban y luego supimos que sí lo hacían. Pero me temo que esta vez sea diferente porque Estados Unidos los ha engañado dos veces”, dice.En Irán nadie olvida, ni el poder ni la población, que
Washington y Teherán estaban en plenas negociaciones cuando
Israel inició la llamada Guerra de los 12 días. Y de nuevo estaban negociando cuando Trump y Netanyahu lanzaron los ataques del 28 de febrero. “Teherán tiene una muy desastrosa experiencia con la diplomacia estadounidense y fue traicionado”, afirmó ayer el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores,
Ismael Baqeri, asegurando que no se está negociando pero que se intercambian mensajes a través de terceros países.Desde el martes, la situación se ha hecho más confusa. Mientras Trump hablaba de grandes avances y de un misterioso regalo que le había dado Irán (“¿Qué le dieron a Trump?”, era la pregunta que se repetía ayer con saña en Teherán), el ejército
Iraní reafirmaba que no hay negociación y se burlaba de Trump: “Han llegado a un punto en el que tienen que negociar con ellos mismos”.
Washington les hizo llegar a través de Pakistán un plan de 15 puntos para poner fin a la guerra, y sus exigencias eran las mismas que Irán había rechazado en el pasado: desmantelar el programa nuclear, poner límites al programa de misiles o dejar de apoyar a las organizaciones del eje de la resistencia , entre otros.Para negociar, Teherán exige garantías de no volver a ser atacada, soberanía sobre Ormuz y reparaciones de guerraTeherán rechazó la propuesta por “excesiva”. Según la agencia Reuters, sin embargo, las autoridades
Iraníes aún lo están analizando, y la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, añadía confusión al asegurar (después del rechazo
Iraní) que las conversaciones continúan y que son “productivas”. Irán, según algunas fuentes, ha puesto como condición para negociar recibir compensación por los daños y la garantía de que no volverá a ser atacado y la soberanía sobre el estrecho de Ormuz, entre otras.
Ali, en su café de Daraker, se queja de que la guerra ha espantado a los visitantes que, por esta época de vacaciones de Nowruz, deberían pasear masivamente por las montañas para disfrutar del aire fresco y del sonido del río que desciende de las cumbres nevadas. “Tenemos una décima parte de clientes”, explica sirviendo un té acompañado de un dátil y un pastelito cubierto con miel y pistachos. “El futuro será desastroso. No estoy bien”, confiesa.Más abajo del camino, en otro café, un hombre que quiere que lo identifiquemos como Ehsan se detiene antes de emprender su camino hacia a la parte alta. Él y su esposa cuentan que, al principio, apoyaron los ataques, pero que tras casi cuatro semanas han cambiado de opinión. “Esto es imposible de sostener. Estamos muy nerviosos, hace pocos días murió una familia amiga mientras dormían”, dice ella, que confirma que nada le gustaría más que esta guerra terminara con buenas noticias.“Lo ideal sería que ellos [el sistema gubernamental] se fueran, pero lo dudo. Me temo que la guerra sólo habrá servido para dejar más muertos y dolor”, agrega la mujer, que reconoce que hay muchas opiniones encontradas.Dice que su hermana es partidaria de que Estados Unidos siga atacando. “Todo será igual o peor”, interviene Ehsan, que no tiene muchas esperanzas en las posibles negociaciones de las que habla Trump. “Irán ha sufrido, el asesinato de Jamenei ha sido un golpe duro, pero igual se sienten victoriosos porque han sobrevivido, y ese es su objetivo: sobrevivir”, concluye.“Da igual que negocien o no, nadie duda de que [el poder] sobrevivirá”, dice una escritora“Yo soy de la idea de que la gente como nosotros, que hemos luchado por los cambios en la sociedad, somos los perdedores”, explica una periodista y escritora que pide no dar su nombre. Ella cree que hay muy pocas posibilidades de que esta guerra termine con un cambio interno en Irán. “Da igual que negocien o que no negocien, nadie duda de que [el poder] ha sufrido muchos daños, pero sobrevivirá”, dice.Cree que destruirán todos los movimientos sociales que habían surgido para transformar el país. “Yo creo que si Trump dice que está hablando con ellos es porque es verdad”, sentencia.Ramtin, que tiene una tienda de productos de casa en el oeste de Teherán, es más optimista. “Creo que están negociando y lo hacen porque están débiles. Pero Trump no va a dejar que salgan victoriosos, el cambio llegará”, dice.En la plazoleta Valiasr de Teherán, Fátima, de 32 años, ondeaba la bandera de Irán ayer al caer la tarde junto a decenas de personas que apoyan al sistema. No importaba que se escucharan explosiones a lo lejos. Se manifiestan cada noche desde el asesinato del líder supremo,
Ali Jamenei.“Irán no puede negociar, tiene que vengar su muerte y expulsar a Estados Unidos de la región”, dice. Confiesa que se llevaría una gran desilusión si su gobierno pacta con Trump.