Irán sabe que tiene el tiempo y el momento de su parte. Tras el anuncio de la oferta de un 'Plan de 15 puntos' de Washington a Teherán, dando a entender que el presidente
Donald Trump está buscando una salida con la que dar carpetazo a su guerra en Oriente Medio, el movimiento obvio es intentar hacer sudar a EEUU y presentar sus propias condiciones maximalistas. Puntos de partida para una posible negociación, pero sobre todo, el mensaje de fuerza que necesita Teherán tras una ofensiva en la que, militarmente, no para de sufrir. Y sin embargo, para consternación de Trump, Irán no puede ser dado por derrotado. "No llames a tu derrota un acuerdo", respondió Irán por boca de
Ebrahim Zolfaghari, portavoz del cuartel central de las Fuerzas Armadas
Iraníes, el Jatam al Anbiya. Más allá del tono a bravuconada, habitual en las comunicaciones de la República Islámica, Teherán habría presentado ya sus propias exigencias, que incluirían el fin de los ataques y asesinatos a figuras importantes dentro de la estructura del régimen, compensaciones económicas por los daños ejercidos durante la guerra, garantías contra futuros conflictos, el desarrollo de su programa de misiles balísticos sin limitaciones, el cierre de todas las bases estadounidenses en el Golfo Pérsico y, por qué no, un alto el fuego entre
Israel y Hezbolá en el Líbano (donde las fuerzas de
Tel Aviv han iniciado una invasión terrestre con el objetivo declarado de convertir el sur del país "en Gaza") que incluya compensaciones económicas para el grupo chií. La gran mayoría de estas condiciones, reportadas por distintos medios, son absolutamente impensables tanto para EEUU como para
Israel o incluso los estados del Golfo, por mucho de
Donald Trump esté buscando (o no, si miramos el reciente despliegue de más tropas de asalto en la zona) una salida a la guerra. Son, también, un paso atrás a las condiciones que sabemos que parecían aceptadas en las negociaciones que saltaron por los aires el 28 de febrero, con el ataque que mató al ayatolá Ali Jamenei. Quizá por eso la más relevante es la última que aún queda por mencionar en la larga lista: el reconocimiento de la autoridad de Irán sobre el estrecho de Ormuz. "La situación en el estrecho de Ormuz no volverá a como era antes. Las reglas de tránsito han sido reajustadas, no hay un derecho de paso", resumió Jatam al Anbiya. Más allá de las condiciones maximalistas que pongan sobre la mesa en público, Irán tiene un objetivo estratégico: su supervivencia. Y para conseguirlo está abriendo un nuevo capítulo en el librito de siempre: ordenando un "nuevo régimen" en el estrecho de Ormuz. Desde el inicio de la Operación Furia Épica, el miedo a un ataque
Iraní ha cerrado de facto el estrecho de Ormuz, al tránsito general de buques. Sin embargo, un pequeño reguero de barcos ha logrado cruzarlo. Desde el 2 de marzo hasta este lunes, 44 barcos, según portales de seguimiento marítimo, frente al centenar diario que lo transitaba antes de la crisis. Unos 3.200 buques están todavía atrapados en el Golfo, reacios a arriesgarse a transitar por el estrecho, de apenas 56 kilómetros de ancho. Según lo que se ha podido discernir gracias a fuentes de información abiertas, el perfil de los buques que han cruzado es una serie de cargueros chinos, un grupo de tanqueros gasísticos relacionados con India y, sobre todo, un buen puñado de petroleros "fantasma" ligados a la venta de crudo
Iraní, que sigue viento en popa en esta crisis. Pero este martes, Teherán dio una vuelta de tuerca más a su estrategia en el estrecho. Si hasta ahora le había bastado la amenaza de atacar (al menos 22 buques han sido atacados por Irán desde el inicio del conflicto) para bloquear el tráfico y crear la mayor disrupción posible de la economía internacional, el lunes anunciaba que los buques "no hostiles" podrían transitar con seguridad por el estrecho. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán definió esos buques como aquellos que "ni participan ni apoyan actos de agresión contra Irán" o que pertenecen a Estados Unidos o
Israel. "Hemos tomado las medidas necesarias y proporcionales para impedir que los agresores y sus partidarios exploten el estrecho de Ormuz para llevar a cabo operaciones hostiles contra Irán", afirmaba una carta oficial, enviada a la Organización Marítima Internacional (OMI). Un enfoque que permite el "paso selectivo de buques" para enviar "señales estratégicas", según lo describía la consultora de análisis Kpler. Hormuz traffic sends mixed signalsIran appears to be pursuing a calibrated strategy in the
Strait of Hormuz, using selective vessel passage as strategic signalling rather than imposing full disruption. According to #MarineTraffic data, some activity may be resuming, with nine… pic.twitter.com/fKjlPhdHYx— MarineTraffic (@MarineTraffic) March 24, 2026 Dentro de esta propuesta, las autoridades de Teherán añadieron que planeaban obligar a todos los barcos que pasen por Ormuz a pagar un peaje. "Irán pasará de ser un país sancionado a una potencia consolidada en la región y en el mundo. Sancionaremos a esas potencias arrogantes que buscan la dominación", aseguró Mehr Mohammad Mokhber, miembro del Consejo de Conveniencia y asesor del líder supremo en asuntos económicos. Según varias fuentes consultadas por Bloomberg, se están solicitando pagos de hasta 2 millones de dólares por viaje de forma puntual, lo que en la práctica crea un peaje informal. Algunos buques han efectuado el pago, aunque el mecanismo no quedó claro de inmediato —incluida la moneda utilizada— y, al parecer, no se trata de una práctica sistemática, añadieron las fuentes. Pero, con las declaraciones de este miércoles, Teherán está intentando jugar a que se trate de un elemento permanente. Imponer impuestos de tránsito a los buques para rentabilizar su mayor control sobre esta ruta estratégica. Vender que tiene un control que, en realidad, no se puede aplicar a futuro. "Si Estados Unidos se retira (y permite el control de Teherán sobre Ormuz), dejaría que la República Islámica de Irán haga lo que mejor sabe hacer —mantener a todos como rehenes—, entonces la guerra será un fracaso rotundo para Estados Unidos y el presidente Trump", afirmaba Sanam Vakil, directora del programa para Oriente Medio y Norte de África del centro de estudios Chatham House, a The Wall Street Journal. "Esta situación no sería tolerable ni aceptable para los estados del Golfo, y no creo que lo fuera para muchos de sus clientes energéticos, ni siquiera para China, y mucho menos para India y Japón", añadía Robin Mills, director ejecutivo de la consultora Qamar Energy. Más allá de los elementos legales (a diferencia de otros pasos como Suez o Panamá, Ormuz no "pertenece" a Irán, sino que son aguas internacionales en cualquier caso, compartidas con sus vecinos del Golfo), lo cierto es que si se declara un alto el fuego, todo el control que Irán ejerce ahora mediante el miedo a un ataque desaparecería. La principal característica del control
Iraní sobre el estrecho no reside en su capacidad para atacar buques. Todos los países del Golfo tienen esa capacidad, salvo que no la ejercen. Lo que está sucediendo ahora es que Irán, forzado por la guerra, utiliza su baza de generar las mayores represalias posibles contra el transporte marítimo comercial, a sabiendas de que esto intensificará el conflicto, pero porque es la única manera de ejercer cierta presión. Es decir, Irán solo puede determinar el nivel de tráfico en el estrecho en condiciones de guerra y debido a su resiliencia frente a los continuos bombardeos de EEUU e
Israel. Y se trata de un equilibrio complicado para el propio Teherán. Puede mandar la "señal estratégica" de que abre un paso selectivo a aquellas naciones aliadas o independientes, pero al mismo tiempo tiene que seguir manteniendo cerrado el 'grifo' del crudo y gas mundial, ya que la disrupción económica general es la única baza que tiene para presionar a Estados Unidos para que cese su ofensiva. En un alto el fuego, Irán no podría controlar el estrecho como hace, por ejemplo, Egipto en el canal de Suez. No existirían los medios físicos, más allá del miedo de las aseguradoras y que sea el mundo el que acepte por su propio pie, ese acuerdo. Es decir: la diferencia clave entre disuasión y control. En este escenario, Irán propone ese "nuevo régimen" dentro de la larga lista de posiciones maximalistas para un acuerdo de alto el fuego. Uno que "formalice" su presunto derecho a inspeccionar y cobrar peajes a los buques. En este marco, Irán aplicaría una versión más amplia de lo que ya está sucediendo ahora, un pasaje selectivo a cambio de grandes sumas de dinero. "Los
Iraníes no están dispuestos a poner fin a la guerra porque han aprendido una lección importante: pueden causar mucho daño y trastornos con relativa facilidad y a bajo costo. Ahora quieren que el mundo entero aprenda también esa lección", apuntó Dina Esfandiary, analista especializada en Irán, a The Wall Street Journal. En el delicado equilibrio que es lo que realmente regula el estrecho entre el miedo y el control, no hay que perder de vista, sin embargo, el objetivo estratégico que mencionábamos más arriba de Irán. La supervivencia. Con este prisma, controlar el estrecho durante la guerra es una táctica, no el objetivo estratégico. Y su mejor baza en las negociaciones.