Donald Trump ha asegurado, al menos en 12 ocasiones, que Estados Unidos ha ganado su guerra contra Ir�n durante este primer mes de conflicto. Si fuera verdad, todos sus barcos de guerra hubieran regresado a sus bases y los petroleros volver�an a navegar poco a poco por el Estrecho de Ormuz. Si atendemos a los hechos, puede haberse impuesto en algunas batallas, pero est� a�n muy lejos de poner de rodillas a Ir�n. De hecho, cada d�a que pasa es m�s evidente que
Donald Trump, al apoyar las tesis de
Benjamin Netanyahu para combatir a los ayatol�s, se ha metido en una trampa de la que es muy dif�cil salir airoso.El primer mes de conflicto en Oriente Pr�ximo ha funcionado como una bomba at�mica sobre el equilibrio de poder en la regi�n y ha devuelto al sistema internacional a una l�gica de confrontaci�n directa entre Estados. Lo que comenz� como una operaci�n limitada para golpear infraestructuras militares y nucleares
Iran�es ("operaci�n especial", lo llam� Trump, casi copiando la f�rmula de "operaci�n militar especial" de Putin para Ucrania) deriv� r�pidamente en un conflicto de alta intensidad, marcado por la decapitaci�n temprana del r�gimen, la respuesta
Iran� contra casi todos sus vecinos, la escalada desde una guerra regional hacia una crisis global y una creciente incertidumbre sobre su desenlace.Ir�n ha contestado con una estrategia que combina misiles bal�sticos, drones y guerra indirecta. Sus ataques no se han limitado a objetivos
Israel�es, sino que han alcanzado tambi�n a pa�ses del Golfo que hasta ahora se manten�an al margen, como Emiratos �rabes Unidos, Kuwait, Qatar o Bahrein. Con ello, Teher�n ha ampliado el teatro de operaciones y ha convertido la guerra en un problema mundial, administrando poderosas dosis de dolor como penitencia por ser amigos de Estados Unidos y poniendo en cuesti�n la seguridad de unas econom�as altamente dependientes de la estabilidad. Hasta ahora, les est� funcionando.Aunque Estados Unidos pusiera en marcha alguno de sus planes militares para tomar islas
Iran�es en el Golfo P�rsico o en el Estrecho, es dif�cil que, incluso obteniendo sus objetivos, consigan reabrir el tr�fico de petroleros en Ormuz. La trampa para Trump es de tal magnitud que esta escalada podr�a provocar que entraran en juego las milicias hut�es en
Yemen para cerrar el otro gran grifo del crudo, el Estrecho de Bab el Mandeb, en el Mar Rojo, algo que ya han hecho en otras ocasiones. Estos rebeldes ya entraron en acci�n ayer al lanzar un misil hacia
Israel, el primero desde que comenz� la guerra.Danny Citrinowicz, analista del Atlantic Council, asegura: "El r�gimen
Iran� ha comprobado el gran poder global que puede ejercer al cerrar el estrecho de Ormuz y provocar presi�n econ�mica a nivel mundial. Si Trump intensifica la situaci�n atacando la isla
Iran� de Jark, desde donde se exporta el 90% del petr�leo de Ir�n, o atacando la infraestructura energ�tica regional, el Estrecho de Bab el Mandeb, se convertir�a en una v�a crucial para que el r�gimen demostrara su poder. No nos encontramos en una situaci�n en la que los
Iran�es est�n capitulando, ya que Trump tambi�n est� desesperado por negociar".En el plano militar, la guerra ha evidenciado una paradoja clave: la superioridad tecnol�gica occidental no garantiza la invulnerabilidad. Estados Unidos e
Israel han desplegado sistemas avanzados de defensa antimisiles, pero el ritmo de los ataques
Iran�es y su estrategia de saturaci�n han puesto de manifiesto el problema de los interceptores, caros y limitados frente a armas m�s baratas y abundantes. Ir�n tiene un arsenal que ha llenado durante d�cadas, adem�s de dispersarlo para que al enemigo le cueste destruirlo entero. La guerra se est� librando, en buena medida, en el terreno de la aritm�tica: cu�nto puede resistir cada bando el desgaste.Conforme avanzaban los d�as y se recrudec�an los ataques, las monarqu�as del Golfo pasaron de la neutralidad a endurecer su discurso contra Ir�n, pero sin querer implicarse directamente en la guerra. Su estrategia combina el apoyo t�cito a Washington con una prudencia calculada, consciente de que una participaci�n abierta las convertir�a en objetivos prioritarios. Om�n, por su parte, mantiene su papel de mediador discreto, mientras que Qatar intenta preservar canales de di�logo en un entorno cada vez m�s polarizado.Estados Unidos ha presumido de haber liquidado una buena parte del ej�rcito de Ir�n y su Guardia Revolucionaria. Quiz� ya no tengan un solo avi�n que vuele ni un barco que flote, pero puede mantener el Estrecho de Ormuz con unos cuantos drones al d�a. As� de asim�trica es esta guerra: para ganar, Estados Unidos necesita alcanzar todos sus objetivos, que son terminar con el programa nuclear y de misiles bal�sticos y cortar su financiaci�n a milicias afines como los hut�es, Hamas o Hizbul�. En cambio, para ganar la guerra, el r�gimen de Ir�n s�lo tiene que sobrevivir. Su capacidad de resistir golpes hace de Ir�n un hueso muy duro de roer. Igual que sucedi� en Vietnam, quiz� Estados Unidos gane todas las batallas pero acabe perdiendo la guerra.El profesor y experto en geopol�tica �scar Vara cree que "las opciones militares de Estados Unidos est�n llenas de trampas. Incautar el uranio enriquecido enterrado en Isfah�n suena quir�rgico sobre el papel, pero en la pr�ctica ser�a una operaci�n extremadamente compleja. Tomar Jark o incluso algunas islas clave para asegurar Ormuz puede parecer viable al inicio, pero sostener esas posiciones bajo drones, misiles y hostigamiento continuo
Iran� ser�a otra historia".Los n�meros de esta aventura militar son de guerra de alta intensidad: miles de muertos y un despliegue descomunal con el que Estados Unidos e
Israel han alcanzado, siempre seg�n ellos, 10.000 objetivos en la regi�n y han hundido el 92% de la marina de guerra de Teher�n. Washington ha usado 850 misiles Tomahawk en este esfuerzo, con un gasto que supera los 23 millones de d�lares por segundo, seg�n datos del Pent�gono.A nivel pol�tico, el conflicto ha reactivado el debate sobre los l�mites del poder militar. La administraci�n estadounidense se enfrenta al dilema cl�sico de las guerras contempor�neas: c�mo transformar la ventaja t�ctica en un resultado estrat�gico claro. Pero las dudas sobre la "teor�a de la victoria" son cada vez m�s visibles, incluso entre mandos militares que advierten del riesgo de una escalada fuera de control. Washington no sabe hoy por hoy a qu� llamar victoria y eso es un problema enorme. Ir�n no comportaba una amenaza inminente para Estados Unidos, pero la guerra comenz� por la presi�n de
Israel y su poderoso lobby americano.Por eso las agendas de Estados Unidos e
Israel han empezado a divergir a medida que la guerra se alarga. Washington mantiene una visi�n m�s amplia, centrada en contener la escalada regional, garantizar la seguridad del tr�fico energ�tico -especialmente en Ormuz- y evitar un conflicto que desborde los equilibrios globales. Para la Administraci�n estadounidense, la prioridad es estabilizar el Golfo y proteger una infraestructura cr�tica para la econom�a mundial.En cambio, el Gobierno de
Benjamin Netanyahu ha optado por una estrategia mucho m�s directa y agresiva, enfocada en degradar a los aliados regionales de Ir�n, especialmente en el L�bano. Mientras Washington mide los costes de cada escalada,
Israel ha intensificado una campa�a de bombardeos sostenidos que responde a la l�gica electoral de Netanyahu, adem�s de una sangrienta invasi�n del sur del L�bano ya en marcha. En ese marco, Ormuz es un problema global para Estados Unidos, pero no una prioridad estrat�gica para
Israel, cuyo objetivo principal sigue siendo debilitar el eje
Iran� en su periferia m�s cercana, incluso a costa de ampliar el conflicto.Tras un mes de combates, la guerra no muestra signos de resoluci�n inmediata. Ninguno de los actores parece dispuesto a ceder, pero tampoco existe un camino claro hacia la victoria. Oriente Pr�ximo ha entrado en una nueva fase, m�s inestable y peligrosa, en la que el equilibrio ya no depende s�lo de la disuasi�n, sino de la capacidad de cada actor para gestionar una escalada que amenaza con ir m�s all� de sus propias intenciones. Cada uno de los bandos prepara sus dardos en el campo de la diplomacia mientras escala en la fase militar.
Donald Trump y sus ac�litos siguen pregonando que la guerra est� ganada, pero la realidad es que antes del 28 de febrero el Estrecho de Ormuz estaba abierto y ahora no lo est�. O peor a�n, lo est� s�lo para aquellos armadores que paguen a Teher�n dos millones de d�lares, pero en yuanes chinos. Y mientras la realidad sea esa no hay victoria que pueda cantarse.