¡Salve
Rosalía! ¡Los que van a vibrar te saludan! El
Movistar Arena de
Madrid rugía anoche cual coso romano en total conexión con la artista, que celebraba su primer concierto de la gira Lux en España. Desde el más vip de los espectadores hasta el que pringó adquiriendo la entrada en la reventa enloquecieron al calor de la voz de la catalana, que salía reforzada de la intoxicación alimentaria que el jueves le obligó a dejar a medias su concierto en
Milán. En las gradas se atisbaban parejas insospechadas, como
Ethan Hawke y
Pedro Almodóvar, que comentaban la jugada.“¡Buenas noches,
Madrid!”, decía con su voz clara
Rosalía. “Aquí estoy con mis chulapos y mis chulapas”. “Hace diez años vine a un tablao de mucho duende y quién me iba a decir a mí que...”En la era de las redes sociales no es fácil para los fans conservar el efecto sorpresa. Los 15.600 espectadores que abarrotaban el
Movistar Arena tuvieron que tomar una decisión los días previos: o abrazaban los spoilers que corren a diestro y siniestro sobre esta “misa del futuro” que ha orquestado
Rosalía, o se encerraban en una hornacina hasta el día en que fueran a ver a su santa. Llegar virgen a la cita en
Madrid, después del sonado inicio de gira en
Lyon y el paso por
París,
Zúrich y
Milán, era misión imposible.“Yo llevo días tapándome los oídos y pasando rápido el scroll. No he querido saber nada”, dice la quinceañera Lara, que ha venido de
Sevilla con su madre a ver a una “artista tan bien preparada”. “Todo lo que haga
Rosalía me gusta. Y yo no soy religiosa, pero es que en Andalucía se mantiene mucho la cultura cristiana, no me es ajena”. Su madre corrobora: “
Sevilla además es muy barroca, va con esta estética de Lux, que es algo que no ha hecho nadie. Y encima tiene éxito”, añade justo antes de comenzar el concierto.El hilo musical del recinto es la Novena de Beethoven, el Cascanueces de Chaikovski o el trío más famoso de Schubert, que suena mientras la pantalla vomita anuncios de Calvin Klein con
Rosalía contorneándose. Un sincretismo inédito en el mundo pop.Sus referencias a cuadros de Goya o Leonardo hacen del show un ‘abc del arte’ en la capital del PradoCon 20 minutos de retraso, la creadora e intérprete de
Sant Esteve Sesrovires aparece en el escenario madrileño en el que celebrará tres funciones más. Porque más que un concierto, este Lux es una ópera del siglo XXI con
Rosalía pasando de santa a demonio en cuestión de segundos. Ella se transforma. La Orquesta Heritage, de 20 músicos, se sitúa en el centro de la pista. La directora, la cubana Yudania Gómez Heredia, a la que
Rosalía fichó tras ver en Instagram su análisis de Berghain, agita sus rastas mientras mueve la batuta en este espectáculo que cabalga entre el pop, el sinfonismo, la danza, la moda, las artes visuales, la simbología religiosa y la mise en escène.
Rosalía arranca este show en cuatro actos dentro de una caja, cual bailarina mecánica. Se sostiene, toda suelta, sobre las zapatillas de punta para hacer su primera exhibición vocal con Sexo, violencia y llantas –“primero amar el mundo y luego amar a Dios”–, tema que encadena con Reliquia, en el que la gente corea el “crecí y el descaro lo aprendí por ahí por Barcelona”, pero también “un mal amor en
Madrid”, momento en que tal vez le silbaron los oídos a C. Tangana.En Porcelana hay relevé, port de bras, passé... y una pirouette con porteador para explorar la dualidad fragilidad-fuerza que
Rosalía ha convertido en un clásico de su universo. Binomios como alegría y sufrimiento o insignificancia y grandeza se dejan caer en el show multitudinario: “Ego sum nihil, ego sum lux mundi” (yo soy nada, yo soy la luz del mundo) canta, citando el Evangelio y la iluminación divina. Y la gente lo pilla. Se lo trae estudiado. Enloquece con Divinize, mientras la diva cambia el aparatoso tutú rosa por el velo de santa.
Rosalía inspira, enamora, envenena o cura. Vamos, que you never know cuál de todas las Rosalías te observa desde el escenario. Es algo que cada cual ha de intuir. Como esos guiños demoníacos en un concierto que en la capital del Prado se antoja un ‘abc del arte’.Un abarrotado
Movistar Arena acogió a
Rosalía en MadridMaricel ChavarríaPorque aquí salen citados desde La clase de danza de Degas al Aquelarre de Goya, cuando en Berghain, que abre el segundo acto, aparece
Rosalía con cornamenta y corsé, rodeada de su séquito de bailarines, cual demonio que ha tomado la forma de cabrón. Esa estética del sublime terrible, en boga a finales del siglo XVIII, conecta este lunes corriente en
Madrid cuando
Rosalía da alas a la rave de Berghain: animalismo y trascendencia.En las gradas había parejas insospechadas como
Ethan Hawke y
Pedro Almodóvar, que comentaban la jugadaY de la aureola de santidad,
Rosalía da un salto mortal con la seguridad de un David Bowie para incursionar en su álbum Motomami, con los culos de la motorizada Saoko. La cantante se levanta los encajes diseñados por Maria Bernard y agita sus nalgas en un culotte fucsia. Le sigue La Fama a ritmo de bachata, donde los coreógrafos del colectivo (la)Horde le prestan su rabiosa contemporaneidad. Este no es un espectáculo vacuo.Con El redentor , su saeta extraída del álbum Los Ángeles, abre el apartado en el que observa al público desde el marco de un cuadro. Es una Mona Lisa con guantes de Gilda que le dedica al respetable un Can’t take my eyes off you de Frankie Valli que supera la versión de Lauryn Hill. Y llega La perla, con Esty Quesada confesándose con
Rosalía a través de una celosía. En esta canción, la fantasía del coreógrafo Dmitris Papaioannou contribuirá al desquite emocional colectivo. La gente hasta le hace las segundas voces a
Rosalía. En Dios es un Stalker bajará a saludar vestida/desnuda de Virgen con miriñaque. “¿Nos vamos con la rumba?”, dicen anunciando La rumba del perdón”, que canta desde el centro de la pista, junto a la orquesta. Con CUUUUuuuuuute activa la máquina de ritmo mientras un enorme botafumeiro tecno se balancea por encima de sus cabezas. Y llegan Bizcochito, Despechá (con alas de ángel)... y se sumerge en Novia Robot... para acabar con un bis grande: Magnolias.Las edades de
Rosalía en una.Diva o monumentoRosalía es hoy un monumento, dicho de la manera más literal. Esta gira ha demostrado que hay un público francés e inglés que ha programado sus visitas turísticas a
Madrid o Barcelona coincidiendo con las actuaciones de la artista. Las rutas se diseñan hoy en torno a eventos en directo, como este Lux Tour de la catalana, que ha disparado el llamado turismo musical. Lo de ir al Barça o el Prado es por añadidura.Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York