01/04/2026 05:00 Actualizado a 01/04/2026 08:18 Hay trayectorias políticas que no se apagan cuando se abandona el primer plano. Simplemente cambian de forma. Se vuelven más difusas, pero también más persistentes e incluso incómodas para algunos.
Carlos Mazón, que dimitió como president de la
Generalitat Valenciana, es hoy, en la
Comunitat Valenciana, una de esas presencias que siguen condicionando el ánimo del
PP sin necesidad de ocupar un puesto destacado en la política institucional; pero con la lógica de quien quiere defenderse de la atención judicial y política. Una realidad que incomoda al actual grupo dirigente de los populares valencianos.El expresident
Carlos Mazón, charla con una diputada desde su escaño en el Parlamento autonómico.
José Cuéllar/Corts ValencianesLa instrucción sobre la gestión de la
Dana del 29 de octubre de 2024 ha terminado por consolidar esa idea. Porque, pese a no estar imputado, pese a que el Tribunal Superior de Justicia de la
Comunitat Valenciana, TSJCV, descartó indicios penales en su actuación, el expresident continúa siendo una pieza central en el desarrollo del caso. No como protagonista formal, pero sí como referencia constante. Y esa posición, a medio camino entre lo judicial y lo político, es la que explica la secuencia de movimientos que se ha ido produciendo en los últimos meses.Primero, la jueza de
Catarroja le instó en varias ocasiones a declarar voluntariamente como investigado. Mazón rechazó esa opción. Después, la instructora elevó la petición al TSJ, que cerró la puerta a su imputación al no apreciar responsabilidad penal. Y cuando parecía que ese capítulo quedaba definitivamente atrás, la magistrada lo citaba como testigo. Después, Mazón pidió personarse en la causa y ayer la instructora lo denegaba. Este ir y venir no es solo una cuestión técnica. Refleja, en realidad, que el caso sigue abierto en todos los sentidos. También en el político.Porque la jueza ha dejado claro que quiere escuchar a Mazón. Quiere reconstruir qué ocurrió aquel día, qué información manejaba la cúpula política, cómo evolucionaron las decisiones en el Cecopi y en qué momento se adoptaron —o no se adoptaron— determinadas medidas. Y en ese relato, el testimonio del expresident es relevante, aunque no esté bajo sospecha penal. Más aún lo es la petición de que aporte sus comunicaciones de aquella jornada: llamadas, mensajes, intercambios que permitan completar el puzle de unas horas críticas. No se trata, al menos formalmente, de una investigación sobre su conducta, pero sí de una indagación sobre su papel. Y ahí es donde el eco de Mazón se amplifica.Para el Partido Popular valenciano, el problema ya no es jurídico. Es político. Y tiene que ver con algo mucho más difícil de gestionar que un auto judicial: la percepción pública. Cada movimiento en la causa devuelve a Mazón al centro del debate. Cada resolución, cada declaración, cada decisión procesal reabre una conversación que el actual liderazgo del PPCV preferiría dar por cerrada. Juanfran Pérez Llorca lo verbalizaba ayer al reclamar “celeridad” en el proceso. Una petición comprensible desde la lógica política, pero difícilmente compatible con los tiempos de una instrucción de esta complejidad.Porque nada indica que esto vaya a resolverse pronto. Al contrario. La causa apunta a ser larga, con múltiples diligencias aún por practicar y con un evidente interés judicial en reconstruir con detalle lo sucedido. Mazón, además, ha dejado claro que no piensa retirarse del frente judicial. Va a defender su posición hasta el final. Y eso garantiza, en sí mismo, que el caso seguirá generando recorrido. Mientras tanto, la política continúa, aunque con interferencias.El expresident mantiene su escaño en las Corts, una presencia que no pasa desapercibida. La oposición —PSPV y Compromís— aprovecha cada intervención para recordarle su papel durante la
Dana. Las críticas no son solo políticas, sino también morales. Y fuera de la cámara, las víctimas siguen movilizándose. Este pasado fin de semana volvieron a manifestarse en València para exigir, entre otras cosas, que se le retire el aforamiento y pueda declarar como investigado en el juzgado de
Catarroja.Aunque el TSJ haya descartado indicios, la instrucción sigue su curso. Porque aún quedan declaraciones clave. Porque la jueza insiste en escuchar al expresident. Y porque el propio Mazón continúa interviniendo, directa o indirectamente, en el desarrollo del proceso para ejercer su derecho a la defensa, judicial y política; ha demostrado que está dispuesto a luchar. El
PP valenciano haría bien en asumir que este no es un episodio cerrado. Que no basta con esperar a que el tiempo diluya el problema. El eco de los hechos no desaparece solo. Se gestiona, se afronta o se padece. Hoy, todo apunta a lo tercero.Y mientras tanto, la figura de Mazón seguirá ahí, proyectándose sobre el presente del partido y sobre un proceso judicial que, lejos de apagarse, aún tiene muchas páginas por escribir, por mucho que en el
PP abunden los que desearían que este fuera ya un “caso cerrado”.Licenciado en Ciencias de la Información por la UAB y Doctor en Comunicación por la UV. Delegado en València y redactor jefe de La Vanguardia desde 1991