En
Minneapolis, el único rey fue el Boss, el jefe.Ese es el lema que lucía en su camiseta Leslie Stern, nacida y criada en Nueva Jersey y residente en
California, desde donde viajó a la ciudad de
Minnesota para participar en el estreno de la nueva gira de
Bruce Springsteen, una gira que no existió ni se planteó una de las voces más universales hasta que los policías fronterizos (ICE), mataron a dos ciudadanos estadounidenses, y blancos, durante la invasión de
Minneapolis ordenada por el presidente
Donald Trump para castigar a los inmigrantes.“Lo que estamos diciendo con toda claridad es que Estados Unidos es una democracia y no tenemos reyes, pero tenemos un presidente que actúa como si lo fuera”, aclaró Stern sobre su camiseta. Este no es el lenguaje habitual en estos shows.“Esta vez el concierto es diferente porque es mucho más explícito políticamente”, apuntó esta “súper fan”, que incluso ha viajado a Europa, y a
Barcelona en concreto, para asistir a sus conciertos, mientras se va llenado el
Target Center, el pabellón en el downtown, donde se han vendido todas la entradas de un aforo con más de 20.000 asistentes. No es accidental ni casual que la girar arranque en
Minneapolis y concluya en
Washington, en la capital, el próximo 27 de mayo.En el ambiente se palpa que no es un espectáculo más. Hay algo especial. No es habitual por ejemplo que una organización sin ánimo de lucro,
Abogados por los Derechos Humanos, tengan montada una parada para dar a conocer que dan ayuda gratuita a los inmigrantes.Pero también es un concierto. A las 7.35 de la tarde, con solo cinco minutos de retraso, se apagan todas las luces del gran auditorio. Estallan los aplausos porque eso marca el inicio de esta gira, 20 espectáculos en 19 localidades, titulada como una de sus canciones icónicas, Land of hope and dreams (tierra de esperanza y sueños).Springsteen, todo de negro e iluminado por el foco, apareció solo en el escenario. Tras el saludo a la ciudad y dar la bienvenida, rogó una oración por los hombres y mujeres que prestan servicio militar en el extranjero y su por retorno seguro a casa. Y entró en materia. “Estoy aquí esta noche con la poderosa E Street Band para invocar el poder justo del arte, de la música del rock and roll en tiempos peligrosos”, afirmó.“Estamos aquí para celebrar y defender nuestros ideales estadounidenses, la democracia, nuestra Constitución y nuestra sagrada promesa de Estados Unidos, el país que amo y del que he escrito durante 50 años, que ha sido el faro de la esperanza y la libertad en todo el mundo, actualmente en manos de una administración corrupta, incompetente, racista, imprudente y traidora”, prosiguió.“Esta noche os pedimos a todos que os unáis a nosotros para elegir la esperanza sobre el miedo, la democracia sobre el autoritarismo, el estado de derecho sobre la ilegalidad, la ética sobre la corrupción desenfrenada, la resistencia sobre la complacencia, la unidad sobre la división y la paz sobre al guerra”, palabra que le sirvió para arrancar el espectáculo precisamente con el tema War (1986), donde empalmó aquella evocación de la guerra de Vietnam con el conflicto en Irán.El pistoletazo, con 19 intérpretes en escena, fue energético en el entarimado, un sonido muy poderoso que contagio a un publicó ansioso por comulgar con el líder. Esa euforia inicial se disparó al empalmar con Born in tht USA (1984). Todo el público sentado en las tribunas se levantó en una señal de respeto como si fuera el himno de EE.UU. El público se sumó a los coros.“El pabellón va a temblar hasta sus cimientos, con la gente cantando y animando. Lo creo de verdad, pienso que va a ser algo como nada que haya experimentado antes”, predijo acertadamente Patrick Connelly, llegado desde Rochester (Nueva York). En escasos diez minutos se desbordaba la pasión y solo era el principio.La velada continuó subiendo de tono, teniendo presente que en esta gira el Boss no presenta disco nuevo, sino que recopila temas del pasado con un mensaje que se proyecta en el presente. Después de Death to my hometown, No surrender y Darkness on the Edge of town, Springsteen hizo su segundo paréntesis de carácter mitinero.“Durante este pasado invierno, las tropas federales trajeron muerte y terror a las calles de
Minneapolis. Eligieron la ciudad equivocada,…”, frase interrumpida por un aplauso ensordecedor. “… el poder y la solidaridad de la gente de
Minneapolis, de
Minnesota, fue una inspiración para todo el país. Vuestra fuerza y compromiso nos dijo que esto todavía es Estados Unidos. Nos disteis esperanza, coraje”, añadió.Entonces recordó a Renee Good y Alex Pretti, ambos tiroteados letalmente a plena luz por los policías enmascarados del ICE. “Su sacrificio y sus nombres no serán olvidados”, recalcó y de eso se encargó él dedicándoles la canción Streets of
Minneapolis, una crónica sobre la brutalidad policial, lo que muchos entre el público llamaron “la Gestapo de Trump”.El recinto se llenó de luces de los móviles. Resultó conmovedor el silencio del público durante ese tramo de la canción en que Springsteen esta solo, con su voz, su guitarra y su armónica. Hasta que irrumpió la banda y la gente hizo las voces de forma entusiasta para clamar el estribillo “ICE out now”, que se vayan los agentes invasores.El de Nueva Jersey continuó desgranando temas, apoyado por un sonido muy potente (The promise land, Out in the street, Hungry heart, Youngstown, Murder incorporated, American skin (41 shots), Long walk home, House of hundres guitars), hasta que entró en otro momento de discurso en el que lamentó que se desafíen como nunca los pilares de la nación.“Tenemos las vidas de hombres y mujeres jóvenes en riesgo en una guerra inconstitucional e ilegal. Esto está ocurriendo ahora. Los inmigrantes son encarcelados en centros de todo el país y deportados sin procesos legales y enviados a gulags en el extranjero. Nuestro departamento de justicia ha abdicado de su independencia y la fiscal general Pam Bondi recibe directamente las órdenes de una corrupta Casa Blanca, persigue a aquellos que el presidente percibe como enemigos y protege a sus amigos… Estamos abandonando la OTAN y el orden mundial que nos ha mantenido seguros. Amenazamos a nuestros vecinos y a nuestros aliados, cuyos hijos e hijas han luchado a nuestro lado en guerras declarada por Estados Unidos… Nuestros museos reescriben la historia de los hechos inconvenientes, como la historia de la brutalidad de la esclavitud”.Dijo todo esto y más, al aludir a un presidente que falsea la verdad, que se enriquece mientras los trabajadores pasan apuros, que destruye la reputación de EE.UU. “Para muchos ya no somos, aunque fuera de manera imperfecta, los defensores de la democracia… Ahora somos los temerarios, los impredecibles, los depredadores, somos una nación peligrosa. Honestidad, honor y decencia, no permitáis que haya quien diga que esto ya no importa. Nosotros somos el corazón del país. La tragedia estadounidense solo puede ser frenada por el pueblo estadounidense”, proclamó para dar paso a My city of ruins.“Estoy muy orgullosa de que utilice su plataforma y su música para alzar la voz contra esta malvada administración y los crímenes atroces que se han cometido. Trump lo odia y digo que si Trump te odia, es que estás haciendo un buen trabajo”, comentó Jennifer Roth, vecina de Maryland, que asistió a su primer concierto de Bruce el 2 de noviembre de 1978, todavía en el instituto.Springsteen denunció la gestión del presidente durante su reciente gira por Europa y el presidente no ha dejado de insultarlo. Pero el músico no se ha acobardado y, en lugar de callar, se ha lanzado a la carretera con el único objetivo de desnudar al mandatario que sueña con ser emperador.Hubo otra tanda de canciones (Because de night de Patti Smith, Wrecking ball, The rising, The ghost of Tom Joad o una apoteósica Badlands) hasta cerrar con Land of hope and dreams que prendió en la concurrencia.Era el final, auque ya se sabe que con Springsteen el final siempre ha de esperar. Así que después del amago de irse, sin irse, sonó otro de sus himnos, Born to run. Luego vinieron Bobby Jean, Dancing in the Dark, Tenth Avenue freez-out, entre las que intercaló más mensajes contra el gobierno y un homenaje a través de la pantalla al difunto Clarence Clemons, su saxofonista inicial fallecido en el 2011.Y el pabellón se volvió a iluminar con los móviles al sonar otro homenaje, este a Prince, el mito local, también desaparecido, con una versión electrizante de Purple rain.Antes de irse, esta vez sí, el Boss no quiso marcharse sin poner la rúbrica. Recordó que Renee Good le dijo “todo está bien, no estoy enfadada contigo”, al uniformado que segundos después abrió fuego contra ella. Springsteen invitó a que la gente sea capaz de repetir esas palabras en busca de concordia. “¡Dios bendiga a Renee, a Alex, a vosotros y a Estados Unidos!” exclamó para cerrar la velada con Chimes of freedom”.Habían pasado tres horas de esa conjugación de concierto y mitin. A Brian Combe y su esposa Kathy, fans de largo recorrido, no les habría importado que cayeran más canciones. “Sí, Bruce ha sido más político que nunca, pero dice verdades, nuestros políticos no”, observó Brian.