La imagen domina las calles no solo de Teherán, sino de todas las ciudades de Irán. Un hombre religioso mayor, de espaldas y con una shafieh en sus hombros, se mira a un espejo mientras hace el gesto de entregar la bandera de Irán. El reflejo de quien recibe la insignia es la de también un religioso relativamente joven, con barba oscura y sonriente. El mayor es Ali Jamenei y el joven es su hijo Mujtaba, que ha sido designado para reemplazar a su padre asesinado el 28 de febrero en el mismo lugar donde también murieron su mujer y su hijo adolescente.El mensaje es claro: el legado de Jamenei, que gobernó Irán 37 años, continuará. Y así lo recuerdan otras imágenes y eslóganes que se han desplegado en todo el país para vender la idea de que la transición de poder no ocasionará ningún trauma. “La mano de Dios está sobre nosotros, Jamenei es joven ahora”, dice un eslogan.La ilusión de que el país está bajo el mando de un nuevo líder supremo, aunque su paradero y estado de salud se desconoce, contradice la afirmación hecha por el presidente
Donald Trump de que en Irán se ha dado un “cambio de régimen”; una idea que suena descabellada para los
Iraníes que tienen claro que el Nizam, el sistema, no ha cambiado a pesar del asesinato del líder y de otras altas autoridades y comandantes.Para empezar, recuerdan algunos, el presidente de Irán sigue siendo Massoud Pesehkian, por lo que para nadie pasó desapercibido que Trump hablara días atrás del “presidente del nuevo régimen”. Pesehkian fue elegido en unas elecciones que se organizaron rápidamente tras la muerte de
Ibrahim Raisi, que hoy muchos creen que fue asesinado. Si bien nunca se le ha visto como un líder fuerte, y mucho menos desde que comenzó la guerra, sigue siendo el responsable de que las instituciones gubernamentales funcionen.“Hay un nuevo líder del que nadie sabe nada, el sistema está bastante golpeado y la Guardia Revolucionaria parece haber tomado el control del país en tiempos de guerra, pero para todos es obvio que la estructura de la República Islámica permanece”, sentencia un politólogo de 39 años que pide ser identificado como Amin.“En Occidente siempre ha habido un gran desconocimiento de la estructura de la República Islámica y eso vuelve a quedar en evidencia hoy”, puntualiza, para luego explicar que el sistema está construido sobre instituciones que se fiscalizan entre ellas y no sobre personas, de ahí que el país siga funcionando a pesar del gran número autoridades asesinadas.Amin explica que esta transición sucede, entre otras cosas, porque el sistema se ha encargado de construir una gran base de funcionarios o líderes militares que pueden tomar el control de algunas instituciones en el momento necesario. “No significa que todos lo hagan bien, muchos han sido incluso acusados de ser corruptos y mediocres, pero están ahí para tomar el control cuando el sistema lo requiera”, puntualiza.“Han regresado las ejecuciones y las detenciones, y nos tienen desconectados de internet”, dice RezaPone como ejemplo de esta rotación al portavoz del Parlamento, Mohammad Baqer Galibaf, a quien Trump ha querido hacer ver como la persona que está mando, o al menos liderando los contactos con EE.UU. estos últimos días, si es que alguna vez han existido. Galibaf fue comandante de la Guardia Revolucionaria, comandante de la policía, alcalde de Teherán y ahora portavoz del Parlamento. Si bien muchos coinciden en que no fue un mal alcalde, nunca logró ganar el respaldo de la población para ser elegido como presidente representando al sector conservador. Aunque lo intentó tres veces. Una situación similar sucede con el actual comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Ahmad Vahidi, un veterano que en el pasado fue ministro de Defensa y del Interior. Está considerado como un representante del sector más radical de esta fuerza. Por esta razón, las declaraciones de Trump suenan aún más ilógicas cuando asegura que quienes están a cargo de este nuevo “régimen” son personas “más razonables”.“Trump está loco”, sentencia Reza, un informático contrario al sistema y a la guerra. “Todos sabemos que las nuevas cabezas son más radicales”, dice este hombre que piensa que la guerra fue lo peor que le pudo pasar a Irán.“A la mierda Trump, a la mierda Pahlavi [el hijo del derrocado Sha] y a la mierda todos los que creyeron que la guerra iba a traer cambios buenos”, dice Reza, que enumera ejemplos que el país, si bien no ha cambiado de régimen, sí se dirige a una mayor represión: “Han regresado las ejecuciones y las detenciones, y además nos tienen desconectados de internet”, dice, recordando que Trump aseguró que la “ayuda estaba en camino” durante las protestas de enero, cuando miles de personas que salieron a la calle en contra del sistema fueron asesinadas .Najme, una economista de 37 años, también está contra el sistema y la guerra. “Lo importante ahora es mi país, y más cuando Trump amenaza con devolvernos a la Edad de Piedra”, dice. Cree que hay una gran confusión entre los
Iraníes porque nadie sabe lo que pasa en los círculos de poder.“No hay cambio de régimen, solo tenemos nuevos rostros tomando decisiones”, concluye.