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Nigel Farage, que no pierde ocasión de expresar su admiración por Putin, se le podrían recordar dos citas de líderes soviéticos. “Dame un nombre y te diré un crimen”, decía Stalin; “la primera obligación de un comunista es comprender la realidad”, afirmaba Lenin. En este caso, el nombre sería
Donald Trump, y la realidad es que una aplastante mayoría de británicos tienen una opinión desfavorable de él y se oponen por completo a la guerra de Irán.Farage, líder de la ultraderecha del Reino Unido, presume de tener el número personal del titular de la Casa Blanca en su lista de contactos, e incluso de ser amigo suyo (a pesar de que hace unas semanas se fue a Florida expresamente para velo, y no le recibió en su residencia de Mar-a-Lago). Ha sido invitado a sus inauguraciones, a la Trump Tower de Nueva York, a eventos con dirigentes y donantes republicanos, y es el político británico más próximo a él.El apoyo a
Reforma UK ha bajado cinco puntos y se aleja la perspectiva de que gobierne en solitarioPero está descubriendo ahora, con la guerra de Irán ya en su quinta semana y negras perspectivas de la OCDE y el FMI para la economía de este país, que a nivel electoral esa cercanía es un considerable lastre. En la última encuesta sobre intención de voto, su partido (
Reforma UK) sigue siendo el que más apoyo recibe, pero ha bajado cinco puntos (del 28% al 23%, con los Verdes y conservadores en 19%, el Labour hundido en cuarta posición con sólo un 18%, y los liberales demócratas estancados en el 12%). Es la diferencia entre una posible mayoría absoluta, y la necesidad de formar una coalición con los tories , si es que estos están dispuestos a asumir un papel secundario que podría fagocitarlos. O de un triunfo de las fuerzas progresistas unidas.La comentarista política
Gaby Hinsliff ha escrito que ningún hijo o familiar en su sano juicio le daría las llaves del coche a Trump, pero Farage sería la excepción, con un descarado entusiasmo desde el primer momento por los ataques iniciales de
Israel y los Estados Unidos contra Irán, y los objetivos de descabezar el régimen de los ayatolás y neutralizar su potencial nuclear. Últimamente, y a la vista de los sondeos, ha matizado su posición para lamentar las consecuencias del conflicto sobre el precio del petróleo, la inflación y el coste de la vida, y decir que Londres no debe dejarse llevar a la guerra (eso proclama
Starmer, que con su ambivalencia habitual no se ha apuntado a las operaciones ofensivas pero sí a las defensivas, y deja usar sus bases a los bombarderos estadounidenses).Reforma tocó techo a finales del año pasado, rozando el 30% de intención de voto, pero su globo parece haberse deshinchado un poco, como el de Le Pen en Francia (no conquistó la alcaldía de ninguna de las grandes ciudades en las recientes municipales) y el de Meloni en Italia (perdió el referéndum para reducir el poder de los jueces y el presidente de la nación, y aumentar el del Ejecutivo).Lo que se preguntan los analistas políticos es si Farage no habrá alcanzado la cima de su popularidad demasiado pronto, cuando faltan más de tres años para las próximas elecciones generales. Sin duda se ha convertido en una fuerza a tener muy en cuenta, y podría ser el más votado, pero cómo ello se traduciría en un sistema mayoritario es impredecible. En cualquier caso, la perspectiva de que pueda recibir las llaves de Downing Street se ha alejado.La ultraderecha británica sube cuando la inmigración es la principal preocupación de los votantes, pero baja cuando lo es la economía, como ahora. Quines se oponen a
Reforma UK lo hacen por cinco razones fundamentales: dicen que es racista, demasiado radical, carece de experiencia en el gobierno, beneficia a los ricos y está demasiado cerca de Trump (a quien admira un 45% de sus seguidores, pero sólo un 17% del conjunto de electores).Las críticas y comentarios irónicos del presidente estadounidense sobre el Reino Unido, calificando sus barcos de guerra como de juguete y su amistad como poco de fiar, y desafiándolo a abrir por su cuenta el estrecho de Ormuz si quiere petróleo, han sido considerados ofensivos por la mayoría de ciudadanos, y han puesto en el foco la proximidad de Farage a Trump. Aunque el líder populista ha marcado una cierta distancia con la guerra de Irán, aplaude la política migratoria de la Casa Blanca, las redadas del ICE, la política energética de la Casa Blanca de perforar cuanto más petróleo mejor y descartar los objetivos de energía verde, y su furibunda oposición al wokismo , las universidades, la inclusión y la diversidad.Aunque el Reino Unido ha perdido influencia, para la extrema derecha estadounidense y los oligarcas tech , para los Steve Bannon y Elon Musk, sigue siendo un caramelo goloso por sus bancos y firmas contables esenciales para lavar dinero, sus compañías de seguros, paraísos fiscales offshore, universidades y colegios de élite, por su cultura y su lengua. Es en gran medida el motivo por el que Trump y el movimiento MAGA le dan cuerda a Farage.Pero es una relación que para el líder de Reforma resulta cada vez más peligrosa e inconveniente. Y no sólo se lo dicen Lenin y Stalin, sino también Freud, Jung, Klein, los seguidores de la conducta cognitiva, la terapia sistémica y psicodinámica, y cualquier corriente de la psiquiatría. Además del sentido común.Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.