Hoy es domingo de Resurrección, la Pascua o, si lo prefieren, domingo de Pascua o incluso Pascua Florida o, de forma casi redundante, Pascua de Resurrección. La fiesta principal y el pilar básico de la fe cristiana, pues hoy es el día en que conmemoramos que, al tercer día de haber sido crucificado,
Jesús resucitó de entre los muertos. No me voy a poner ni demasiado religioso ni, por supuesto, teológico, pero es obvio que el meollo del cristianismo es ese hijo de Dios que es el Mesías y que a su vez es el Dios que acepta y elige su mortalidad y se ofrece en sacrificio con la promesa de una resurrección futura. Redentor de la humanidad y de nuestros pecados, desde luego. Y dejémoslo ahí, porque no quisiera ofender a nadie al señalarles que hoy, festividad de la Resurrección del Señor, es posible que alguno tenga esperanzas en la resurrección electoral de
Pedro Sánchez.Vamos al lío, si me lo permiten. Gracias a –otra vez la resurrección– el rotundo “No a la guerra” del presidente, alternado con un algo trilero tanto monta monta tanto Irak como Irán, pues ahí lo tenemos a nuestro Sánchez resucitado y, desde luego, mucho más vivo que hace unos meses. Ha vuelto a tomar –hay que reconocérselo– la iniciativa. Y aunque me resulta un tanto temerario su viaje al pasado para confrontar con el
PP del 2003, habrá que aceptarle también que el truco le funciona, en tanto que desnuda las contradicciones y silencios del actual líder de la oposición.El vicepresidente y el ministro de Hacienda son gentes que podrían tejer pactos si hubiera con quienY mientras enviaba a
María Jesús Montero a batallar, muy probablemente en vano, por la
Junta de Andalucía, ha aprovechado para una minirremodelación ministerial de gran calado:
Carlos Cuerpo, de vicepresidente primero, y
Arcadi España, en Hacienda. Un independiente joven y al que aupó
Nadia Calviño y un militante valenciano crecido al lado de
Ximo Puig.Dos moderados en las formas y en el fondo para sacar brillo (la conclusión es inevitable) a la gestión del Gobierno socialista y a la buena marcha de la economía española. Con derivada autonómica y redefinición del sistema de financiación de por medio. Apenas llevan una semana en ejercicio y ya se dejan entrever nuevas semanas de pasión más allá de esta Semana Santa. Dani DuchSe ha establecido un nuevo paradigma dentro del núcleo del Gobierno, con permiso de
Félix Bolaños, que sigue siendo vicepresidente in pectore. Y que España toma Cuerpo o lo de Cuerpo España es un juego de palabras que se hace solo. Hasta algunos recalcitrantes van a tener que repensar lo de andar voceando ¡Arriba España!, no sea que estén dando vivas al ministro de Hacienda del Gobierno.Lo más sorprendente de este barniz técnico, casi hasta tecnocrático, es que deja a los dos ministros Óscar, los Óscares, como arietes de la posición más dura, oposición de la oposición, mientras que Cuerpo y España pueden presentarse como gentes que podrían tejer pactos si hubiera con quien. La famosa polarización peligra. Y los casquetes polares partidistas corren el riesgo de empezar a fundirse. Lo que de paso alumbraría una situación inédita e imprevista, pero que también puede ir tomando cuerpo en esta España nuestra.Imaginemos que los dos grandes partidos deciden dejar –paulatinamente, por supuesto– de hacerse la pascua y empiezan a hablar, sin más apriorismos que los archisabidos de las respectivas ideologías. Y que dialogan no para arañar unos cuantos votos, sino que por una vez se ponen a buscar el bien común de los españoles y se empiezan a dar –muy poco a poco– acuerdos de calado en esos temas esenciales que siempre quedan orillados: el pacto a largo plazo por la educación, las finanzas del Estado de bienestar, nuestra política exterior, la fijación de las competencias autonómicas, hasta la reforma constitucional…¿Política ficción? Pues sí, muy probablemente, porque es casi seguro que no se va a abrir ningún tiempo nuevo en el enfrentamiento a cara de perro entre socialistas y populares.Pero es tan reconfortante soñar en un día como el de hoy en la resurrección de la buena política, que me resulta ineludible. Cuerpo España parece el nombre chusco de un concurso de belleza, pero lleva en su interior la promesa de algo que también rima con la festividad de hoy: la fe y la esperanza.