Anna BujBruselas. Corresponsal 06/04/2026 06:00 Actualizado a 06/04/2026 06:20 El escándalo es mayúsculo. Unos audios, publicados por The Insider y sus socios de investigación, muestran al ministro de Asuntos Exteriores de Hungría, Péter Szijjártó, negociando directamente con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, para sacar a oligarcas rusos de la lista de sancionados por la Unión Europea. Es el mismo ministro que una vez al mes acude a las reuniones comunitarias a despotricar de las políticas de
Bruselas.El material no solamente muestra que el jefe de la diplomacia de
Viktor Orbán presiona para eliminar nombres de la lista negra, como la hermana del multimillonario Alisher Usmánov. También le asegura al viceministro de Energía ruso que está haciendo todo lo que puede para bloquear el 20.º paquete de sanciones europeas, que sigue sin aprobarse por los designios de
Budapest.La Comisión no quiere hablar de Orbán en la esperanza de que pierda las elecciones del 12 de abrilPese a la magnitud de los hechos,
Bruselas ha pasado de puntillas sobre estas revelaciones de acercamiento a Moscú. Los portavoces de la Comisión Europea ni siquiera quieren reaccionar públicamente para no darle alas. La consigna es hacer el menor ruido posible hasta las elecciones del 12 de abril, las primeras en 16 años en las que el prorruso
Viktor Orbán podría perder el poder.En la capital comunitaria se sabe que una palabra demasiado alta contra Orbán le podría ayudar en su campaña electoral. Las encuestas están muy abiertas, pero el primer ministro húngaro, el más euroescéptico entre los Veintisiete, se beneficia cada vez que las instituciones comunitarias alientan su discurso victimista. La estrategia es darle las menores oportunidades posibles de que se aproveche de ello. Por eso, tampoco hay movimientos públicos para tratar de convencerle de recular en otra gran carpeta en que mantiene secuestrada a la UE: el préstamo de 90.000 millones de euros a través de eurobonos que Hungría ha bloqueado en su proceso de trámites legislativos. Un movimiento que no tiene precedentes.Lee también“Todavía es pronto para hablar de un plan B”, asegura un diplomático europeo, sobre la posibilidad de volver a hablar de nuevo de recurrir a los activos rusos. La alta representante
Kaja Kallas lo ha mencionado, sin mucho quórum. Entre los diplomáticos, el sentimiento es el mismo: costó grandes esfuerzos sacar adelante el préstamo en diciembre, y comenzar a preparar seriamente una alternativa significaría ceder ante las pretensiones del mejor amigo del Kremlin en
Bruselas.“Nadie puede chantajear al Consejo Europeo. Nadie puede chantajear a las instituciones de la Unión Europea. Es completamente inaceptable lo que está haciendo Hungría. Y este comportamiento no puede ser aceptado por los líderes”, remarcó el presidente del Consejo Europeo, António Costa, en rueda de prensa tras la cumbre de finales de marzo.Lee tambiénEl pulso inaudito de Orbán ha colocado al socialista portugués ante su mayor reto desde que accedió al cargo el año pasado.
Bruselas está acostumbrada a las coacciones de
Budapest y a las pataletas a la hora de aprobar o prorrogar las sanciones a Rusia por la invasión de Ucrania, pero esta vez ha superado una “línea roja” al desatender un compromiso que alcanzó el Consejo Europeo por unanimidad. El primer ministro húngaro lo vincula a los daños en el oleoducto Druzhba, que Rusia bombardeó en enero y que transporta crudo de Moscú hacia Hungría y Eslovaquia, y que Ucrania se ha negado a reparar porque son más de veinte los bombardeos rusos que a lo largo de la guerra ya han deteriorado esta infraestructura.La Comisión ha enviado a una misión de técnicos a Kyiv a estudiar lo sucedido, pero en
Bruselas insisten en que nada tiene que ver un compromiso adoptado en el Consejo Europeo con una infraestructura energética dañada en un país extracomunitario. “Políticamente se están presentando como hechos relacionados, pero no lo están y deben tratarse de esta forma”, remarcó un alto diplomático.En la última cumbre comunitaria, Costa no se mordió la lengua en la reunión y realizó un duro discurso a puerta cerrada frente al húngaro que sostuvieron la gran mayoría de líderes comunitarios.El primer ministro finlandés, Petteri Orpo, llama “traición” al chantaje de OrbánAnte las cámaras, el primer ministro finlandés, Petteri Orpo, habló de “traición”. El canciller alemán, Friedrich Merz, de un acto evidente de “deslealtad”. El belga Bart de Wever fue más claro: encontrar una solución antes de las elecciones húngaras era complicado porque “forma parte de su campaña electoral”. Entonces todavía no se conocían las negociaciones ocultas de Szijjártó con sus homólogos rusos, que él mismo ha reconocido como un contacto habitual entre gobiernos y considera un acto de desprestigio en campaña electoral.La única posibilidad prevista oficialmente si Orbán gana las elecciones es que recule y acate sus compromisos. La Comisión ya está preparada y el miércoles pasado lanzó una serie de medidas preparatorias para desembolsar el primer tramo del préstamo, una provisión de 45.000 millones de euros antes del 31 de diciembre del 2026. También una serie de disposiciones para que Ucrania pueda prepararse para compras urgentes de material defensivo. Pero para ello todavía se requiere la luz verde de
Budapest. Hasta ahora, Europa ha empleado recursos judiciales o sanciones contra las repetidas violaciones del Estado de derecho. Nada ha hecho que deje de ser un caballo de Troya en la UE.Corresponsal en
Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).