La primera ministra de Japón abrió la puerta este lunes a dialogar “con la cúpula de Irán, en el momento oportuno y de acuerdo con los intereses nacionales”.
Sanae Takaichi se pronunció así durante una sesión del comité presupuestario de la Dieta, dos días después de que un segundo buque japonés lograra cruzar el estrecho de Ormuz y dos días antes de que expire el ultimátum de
Donald Trump para que Teherán lo reabra de forma incondicional.Takaichi reconoció que hay preparativos en curso para mantener conversaciones con Irán al más alto nivel. No obstante, eludió detallar cómo un metanero de propiedad mayoritaria nipona, primero, y luego el citado buque, cruzaron Ormuz la semana pasada. Takaichi dijo no obstante que su gobierno estaba en contacto y mantenía informadas “a las partes relevantes, incluidas las navieras”.Hasta hace poco, las navieras negaban la intervención de Tokio, del mismo modo que eludían detalles sobre las condiciones de paso. Según ha trascendido, los Guardianes de la Revolución estarían cobrando un peaje de un dólar por barril, a pagar en divisa
China o en criptomonedas cuyo valor esté fijado a materias primas. El valor medio para un petrolero se acerca al equivalente a dos millones de dólares (aunque dicha divisa está vetada) o 1,73 millones de euros. Antes de dar luz verde, el núcleo duro del régimen
Iraní requiere todos los detalles sobre la propiedad del petrolero o metanero en cuestión, a fin de asegurarse de que pertenece a un estado no beligerante. También estaría exigiendo detalles sobre la tripulación y puerto de destino. En el primer caso, aseguran que no se trataba de Japón. La primera ministra Takaichi dijo además que Japón se está preparando para “cualquier eventualidad”, incluido un conflicto prolongado en Oriente Medio. Aunque asegura que su país cuenta con reservas de petróleo para cerca de ocho meses y reservas de nafta (necesaria para plásticos) para cuatro meses. Asimismo, Tokio se está esforzando en diversificar sus fuentes de suministro, en los cinco continentes, dada su actual dependencia extrema del crudo procedente de los países árabes del golfo Pérsico.Esto no siempre fue así. Hasta los años setenta, el 70% del petróleo importado por Japón, en pleno boom económico, procedía de la dictadura
Iraní del sah Reza Pahlevi. La relación entre ambas civilizaciones, que venía de lejos, no se interrumpió del todo con la Revolución Islámica, aunque sí lo hicieran los proyectos petrolíferos conjuntos en fase de desarrollo. Durante los años ochenta, Japón se distinguió del resto de países alineados con Washington al no apoyar inequívocamente al Irak de Sadam Husein, en su guerra contra Irán. Solo en diciembre de 2018, bajo la presión de
Donald Trump, Japón renunció completamente al crudo
Iraní, que para entonces representaba solo un 5% de sus importaciones. Algunos meses después, la India de Narendra Modi hizo otro tanto. Incluso hoy en día, las relaciones diplomáticas entre ambos países están mejor engrasadas de lo que podría pensarse. Contribuye a ello que el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, fuera antes embajador en Tokio y que incluso publicara un libro sobre su experiencia de aquellos años (traducido al japonés). Su homólogo nipón, Toshimitsu Motegi, reconoce que siguen en contacto. El archipiélago japonés prácticamente no dispone de hidrocarburos e importa alrededor de un 90 % de su crudo de Oriente Medio. El cierre de Ormuz a raíz de la agresión de EE.UU. e Israel ha obligado a Japón a sacar al mercado millones de barriles de sus reservas estratégicas y a subvencionar a las petroleras para reducir los precios del combustible.La seguridad energética es un artículo de fe en la cultura política de Japón y estuvo detrás de la decisión de atacar Pearl Harbor en la Segunda Guerra Mundial, cuando EE.UU. y Reino Unido se conjuraron para bloquear el acceso al petróleo de la máquina de guerra nipona. El secretario del gobierno, Minoru Kihara, dijo hoy que 43 buques con vinculaciones japonesas permanecen bloqueados en el estrecho de Ormuz.Por otro lado, un exdiplomático nipón, Koichiro Tanaka, afirma que lo que podría estar en juego próximamente es quién asumirá un eventual vacío de poder en el golfo Persico y el “Indo-Pacífico” (en la terminología del Pentágono) en caso de repliegue de EE.UU.. Una veintena de bases estadounidenses en ocho países de la zona han sido atacadas por Irán en las últimas semanas. Para Japón, evidentemente, que
China ocupe dicho espacio como “garante de seguridad” no es un opción. No por casualidad, el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, visitaba este lunes una de las islas más remotas de su país, Iwo Jima, escenario de una de las batallas más sangrientas entre EE.UU. y el Imperio Japonés. El otoño pasado, Koizumi -hijo del exprimer ministro homónimo que envió tropas japonesas a la guerra de Irak- perdió la batalla por el liderazgo con Takaichi, pero no da la guerra por perdida y cuenta para ello con demostrar un militarismo todavía más acendrado que el de su primera ministra. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.