Juicio KitchenTodos los acusados eran los hombres que desfilaron por los 'PP days', cuando fueron los �balos y Koldos con corbatas m�s bonitas e hijas m�s esquiadasJorge Fern�ndez D�az, este lunes, a su llegada a la sede de la
Audiencia Nacional en San Fernando de Henares (Madrid).Actualizado Lunes, 6 abril 2026 - 13:16Audio generado con IAJorge Fern�ndez D�az, el ministro de Interior de
Mariano Rajoy, no quer�a saludar a
Villarejo, el cham�n de toda la fontaner�a del Estado. En la puerta de la sala de la
Audiencia Nacional donde se iba a juzgar el
Caso Kitchen hab�a un ambiente de tanatorio. El asunto que hab�a llevado hasta all� a esta cuadrilla de despose�dos del poder era grave, pero ganaba la vibraci�n del reencuentro. Por un momento, el corrillo fue un enjambre agitado con la ligereza de una reuni�n de viejos Erasmus. Cund�a el uso de la f�rmula �bien y t�� y todo el universo de conversaciones de cortes�a entre los acusados de haber formado parte de la red parapolicial que presuntamente espi� y rebusc� los secretos del PP que guardaba la familia B�rcenas. Al final el poder tiene en los juzgados su Retiro y las estrellas de las corruptelas que dan forma al Estado asumen de manera natural ser vigilados cualquier lunes a primera hora por sus abogados en estos espacios llenos de tecnicismos, dise�ados para colocar regletas, las aut�nticas garantes del derecho procesal. El abogado de Jorge Fern�ndez D�az, que cuestion� la instrucci�n en su primera intervenci�n, no pudo evitar la conversaci�n entre
Villarejo y el ex ministro.
Villarejo iba vestido con toga. Al parecer es abogado y no se sienta en el banquillo de los acusados, que en realidad es una sala de espera sin revistas del coraz�n.
Villarejo es un experto en este h�bitat; la especie mejor adaptada a las sesiones de regresi�n invocadas por palabras como �pieza�, �caso� o �conexividad�. Jorge Fern�ndez D�az sufr�a del mal de altura de ver su nombre al lado de 47 a�os de c�rcel. Su cara reflejaba la pereza de cualquier cofrade un lunes de resaca: todav�a ten�a reseco el incienso. �Yo tambi�n estoy igual de jodido, eh�, le dijo
Villarejo al novato. Cristiano Ronaldo sal�a al campo de la misma manera: dando ejemplo. �Aqu� decidi� meterme el
Partido Popular. A pesar de todo, no voy a ir nunca contra el
Partido Popular�. Fue una peque�a confesi�n ejecutada en p�blico por el principal hombre performativo en Espa�a. David Ucl�s es un aprendiz de
Villarejo. Sus palabras tienen el mismo valor que la fe de Rosal�a. Hasta el ministro tambi�n lleg� Sergio R�os, el ch�fer que justo estaba en el portal de la familia B�rcenas cuando un falso cura irrumpi� en la casa el d�a que libraba. Aquella chapuza cuenta tanto de Espa�a como el viaje a la Luna cuenta de Estados Unidos o los canadienses de Canad�. Eugenio Pino, el ex DAO, y Marcelino Mart�n Blas, ex jefe de Asuntos Internos, no participaron en ning�n baile de apareamiento.Todos los acusados eran los hombres que desfilaron por los PP days, cuando fueron los �balos y Koldos con corbatas m�s bonitas e hijas m�s esquiadas. La coincidencia en el tiempo de los dos juicios expone las miserias del bipartidismo en su mejor momento. Afectar� al
Partido Popular aunque no se demuestre que detr�s de todo el operativo estaba
Mariano Rajoy, la trampa de Feij�o y de todo lo que se conoce como derecha. Rajoy propici� el aterrizaje de Vox y ahora propicia un partido de tenis en el vertedero entre el PSOE de S�nchez y la alternativa que tratan de articular en G�nova como si hubieran perdido las instrucciones del mecano. Rajoy es a la pol�tica lo que la huevina a la cocina. Camuflado entre los abogados, donde se ha buscado un nuevo escondite,
Villarejo tomaba notas como si todo esto no fuese con �l.