¿Qué hacía
Claudia Montes, amiga de
José Luis Ábalos, en la empresa
Logirail, dependiente del
Ministerio de Transportes? Imposible saberlo atendiendo a los que ha sucedido este miércoles en el Salón de Plenos del
Tribunal Supremo en el que se juzga al exministro, a
Koldo García y a
Víctor de Aldama. Los siete magistrados del tribunal han escuchado este miércoles tres versiones distintas: que estaba sobrecualificada y se quejó con razón porque la condenaron al ostracismo, que dejó de acudir sin motivo a su puesto de trabajo y que los jefes se peleaban por ella. Esta última opción la ha defendido ella misma: “El director de
Renfe me quería para la oficina de arriba y el de
Logirail, para la de abajo”, ha asegurado durante su declaración como testigo, en la que ha afirmado que se postuló al puesto en esa empresa a través de portales de empleo y que Ábalos jamás le dijo: “Claudia, te he enchufado”.El testimonio de
Claudia Montes era el plato fuerte de la segunda sesión del juicio sobre la supuesta trama en torno a la compra de mascarillas en el
Ministerio de Transportes. El motivo que la ha traído a ella a declarar en el Supremo no tiene nada que ver con la adquisición de material sanitario en tiempos de pandemia, pero sí con una de las derivadas que han ido saliendo a esa investigación: el supuesto enchufe en empresas públicas de dos mujeres vinculadas a Ábalos. La primera,
Jéssica Rodríguez, testificó el martes y confirmó que cobró durante más de dos años de Ineco y Tragsatec sin hacer trabajo alguno. La segunda es
Claudia Montes, quien, al contrario, ha defendido que se ganó cada euro que le pagaron.La mujer ha llegado al Supremo a primera hora acompañada por su abogado, aunque no está imputada en ninguna causa, y ha atendido en la puerta del tribunal a los medios de comunicación, a los que había convocado previamente. Una vez dentro, el tribunal ha accedido a adelantar el turno de su declaración porque corría riesgo de perder un avión, y cuando ha sido llamada se ha sentado con decisión y ha desgranado su historia. La historia de cómo fue contratada en Logitec, cayó en desgracia porque se quejó de sus condiciones de trabajo y se ganó un ascenso después de que destituyeran al jefe que la quiso expedientar por no ir a trabajar. Montes ha contado que conoció a Ábalos en mayo de 2019 en
Gijón en un mitin del
PSOE, partido del que es militante. A partir de ahí, empezaron una relación de amistad “virtual” y hablaban con frecuencia. “Sobre todo tema de partido. Y me ayudó mucho a culturizarme en el tema de la política”, ha explicado la testigo, que asegura que nunca le pidió un empleo a Ábalos, pero que sí le contó que era madre soltera y necesitaba trabajar. No se lo contó para que moviera nada como ministro, sino “como amigo y compañero de partido”, ha aclarado. Él le pasó unos enlaces de ofertas en
Logirail y ella se presentó a una que había en Asturias como encargada de venta de trenes turísticos, haciendo valer su experiencia como encargada durante seis años en una perfumería. Unos días después, le llamó un jefe de recursos humanos de
Logirail en Madrid para hacerle una entrevista telefónica y este le envió su contacto al gerente de la zona norte, que le hizo una entrevista personal. En diciembre de 2019, siete meses después de conocer a Ábalos, ya estaba contratada.Claudia ha asegurado que, cuando su nombre apareció en el sumario del caso, no recordaba que además de postularse por internet le había mandado su currículum a
Koldo García, el asesor del ministro, aunque después de ver publicados los mensajes que lo constatan admite que pudo ser así. Los informes incorporados a la causa sitúan como punto de partida de esa contratación una conversación de WhatsApp entre Ábalos y Koldo el 8 de octubre de 2019, donde el primero pregunta. “A la de
Gijón no la puede contratar en
Renfe, Adif o alguna de sus subcontratas?”. García le dice que sí y añade: “Lo arreglo”. Montes ha asegurado que nunca tuvo constancia de que el entonces ministro mediara en su fichaje, como sostiene la Fiscalía Anticorrupción. “En ningún momento Ábalos me dijo: ‘Claudia, te he enchufado”. Con enchufe o sin él, la mujer firmó el contrato y recibió durante cuatro semanas una formación específica como comercial de trenes turísticos de
Renfe en Asturias. Pero cuando se incorporó al puesto empezaron los problemas. Según su versión, el jefe de la oficina de
Renfe y el de
Logirail se la disputaban, pero como su contrato era con la segunda empresa se tuvo que instalar donde esta le mandó, en un hueco a pie de calle, sin ordenador y de cara a la pared. Eso también se lo comentó a su amigo virtual. Y se hizo la magia. “Yo se lo comento a José Luis [Ábalos] y no sé si ellos hablan con alguien, verían que la situación era injusta” ha explicado Montes, quien ha asegurado que, pese a la situación, siguió acudiendo a su puesto. Aunque antes se pasaba por la biblioteca para coger libros y pasar la jornada laboral leyendo. “Eran libros de trenes, quería saberlo todo de los trenes”, ha aclarado.Dos responsables de la empresa que han declarado antes que ella han coincidido, sin embargo, en que la mujer dejó de asistir al trabajo, aunque han discrepado en todo lo demás. Uno de ellos, José Ángel Mendez, era el director gerente de
Logirail cuando se la contrató. Ha asegurado que no intervino en el fichaje, pero que el gerente de la empresa en Asturias le informó de que la empleada que había recibido la formación para la venta de trenes turísticos en Oviedo había dejado de ir a trabajar, por lo que puso en marcha el procedimiento para abrirle un expediente disciplinario por falta muy grave. Pero a los pocos días le destituyeron. ”¿Vincula esa sustitución al incidente con Claudia?”, le ha preguntado el fiscal Anticorrupción. “Lo desconozco”, ha respondido. “Se me comunica que dejo de ser el director gerente, nadie me explica ninguna razón”. Su sustituto en la gerencia, Óscar Gómez Barbero, que ha declarado al inicio de la sesión, ha asegurado que se enteró del problema que había con el puesto de Montes nada más llegar al cargo, se afanó en saber qué pasaba y concluyó que la empresa no había estado a la altura de la trabajadora. Ni la oficina - “un espacio a pie de calle señalizado con banderas”- era la adecuada ni el contrato se adaptaba al perfil de Montes y a la formación que había recibido, por lo que decidió cambiarla de categoría y ascenderla a supervisora. “¿A una persona que no trabaja le suben el sueldo?”, ha preguntado el abogado Alberto Durán, de la acusación popular. “No es que no trabajara. Es que ella no iba a trabajar porque el puesto de trabajo no era adecuado”, ha asegurado Gómez Barbero, quien ha asegurado que él mismo llamó personalmente varias veces a Montes para conocer sus problemas, pedirle disculpas y explicarle que se iba a solucionar su situación. El abogado de la acusación popular se ha mostrado sorprendido por que el gerente de una empresa con 500 empleados contacte directamente con una empleada de base para un asunto de recursos humanos. “No es normal que estas situaciones pasen. Lo atendí yo porque me pareció un asunto relevante”, se ha limitado a explicar el exgerente de la empresa, que ya no trabaja allí porque está jubilado.