Quién nos iba a decir hace un tiempo que Europa iba a estar tan pendiente del resultado electoral que se podía dar en un país como Hungría. Pero hete aquí que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha sido una auténtica piedra en el zapato para la gobernanza europea por la posibilidad que ha tenido siempre de aplicar el derecho de veto en diversas cuestiones sensibles. Orbán ha desafiado a los mandatarios europeos a lo largo de sus cuatro mandatos y ha frenado muchas iniciativas que requerían la unanimidad de los Veintisiete, especialmente en decisiones que favorecían a Ucrania.Viktor Orbán con Donald Trump Jonathan Ernst / ReutersEl enfrentamiento con la Comisión Europea ha sido tan evidente que hoy nadie disimula en Bruselas que se desea la derrota de Orbán en las elecciones de mañana. El entusiasmo de los altos cargos europeos a favor de su caída es directamente proporcional a las ganas que tienen Estados Unidos y Rusia de que consiga la victoria. Es una situación excepcional que solo se explica por los grandes cambios que está experimentando hoy la geopolítica mundial. Donald Trump y Vladímir Putin, en teoría con intereses contrapuestos, han trabajado, en cambio, a fondo en esta campaña electoral para ayudar a Orbán. Los americanos lo hacen a cara descubierta con la petición de voto de Trump y la presencia esta semana en Budapest del vicepresidente J.D. Vance y los rusos lo hacen de forma más sibilina con sus campañas en redes sociales. De la buena relación entre Orbán y Putin solo cabe citar que estos días se ha conocido que el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, había facilitado información confidencial a Rusia de lo hablado en cumbres europeas.Las encuestas pronostican un triunfo del candidato opositor Péter Magyar, pero la red clientelar que ha montado el jefe del Gobierno húngaro en los aparatos clave del Estado en estos 16 años hace que el resultado final no esté nada claro. El artículo que hoy escribe María-Paz López sobre los casos de corrupción que le afectan es bien significativo. Europa, pues, estará mañana más pendiente que nunca de lo que va a suceder en Hungría.Director de La Vanguardia desde marzo de 2020. Ha trabajado como redactor en las secciones de Política, Sociedad y Ciudades de La Vanguardia, donde entró en 1992