Actualizado Lunes, 13 abril 2026 - 12:51Hubo un tiempo no muy lejano, hasta que la ofensiva militar sin fin de Netanyahu y los atroces cr�menes cometidos en Gaza entre otras consecuencias rompieron pol�ticamente a Europa, en el que el Festival de Eurovisi�n, m�s all� de su car�cter festivo y de su naturaleza de programa de televisi�n, era sin�nimo de los mismos valores que est�n en el acervo comunitario. Diversidad, tolerancia, libertad o respeto a las minor�as han sido durante algunas d�cadas esencia del certamen, un acontecimiento que va mucho m�s all� de lo musical. Hoy el Festival atraviesa una crisis existencial, justamente cuando se cumple su 70� aniversario, marcada por la presencia de
Israel y el boicot de varios pa�ses fundamentales en el concurso, Espa�a incluida. Y es en estas circunstancias cuando cobra m�s relevancia que Eurovisi�n, al menos en lo que llevamos de siglo XXI, se hubiera convertido en el Festival que tanto ofende a nuestros tiranos y a los l�deres de la deriva iliberal y antieuropea, luego trumpiana, con el ahora derrotado Viktor Orban a la cabeza.Tan es as� que el flamante ganador de las elecciones legislativas en Hungr�a y pr�ximo primer ministro, P�ter Magyar, hizo o�r su voz el pasado verano para reclamar que su pa�s regresara al certamen. "Eurovisi�n es una plataforma europea que permite mostrar nuestra cultura y talento musical al mundo. Hungr�a necesita volver a estar presente en ese escenario y aprovechar su potencial art�stico", destac� un Magyar que ya entonces empezaba a cabalgar sobre la ola de cambio que se respiraba en
Budapest y otras ciudades de la naci�n. C�mo no recordar, en este sentido, la multitudinaria manifestaci�n del Orgullo LGTBi que se celebr� en la capital a finales de junio, en lo que supuso un simb�lico e inequ�voco desaf�o ciudadano al autoritario Orban, cuyo Gobierno hab�a vetado la marcha tras endurecer las aberrantes leyes contra la "promoci�n" de la homosexualidad.Magyar exig�a el retorno de Hungr�a a Eurovisi�n, del que est� ausente desde el a�o 2019, cuando su �ltimo abanderado, Joci P�pai, particip� en la edici�n celebrada en
Tel Aviv. Nunca hubo una explicaci�n oficial por parte de la televisi�n p�blica h�ngara
MTVA del por qu� del abandono del certamen. Sin embargo, era vox populi que se trat� de una exigencia del Ejecutivo de Orban, que orden� la retirada justamente por considerar que el Festival era un escaparate de los valores que �l ha tratado de combatir como un Atila. En especial, al l�der de Fidesz le provocaban sarpullidos los innumerables gui�os del concurso a la comunidad LGTBi.Magyar subray� que la presencia de Hungr�a en el Festival "mejorar�a la imagen exterior del pa�s, fomentar�a un mayor sentido de unidad nacional y estrechar�a su relaci�n con la Uni�n Europea". Justo lo contrario de lo que pretend�a Orban, claro. "El Festival de Eurovisi�n no solo es una competencia musical, sino tambi�n una oportunidad para expresar nuestra identidad y valores culturales en Europa", a�ad�a el ahora ganador de las legislativas, que ten�a bien claro el asunto: "Es un error no participar y no deber�amos habernos retirado".Adem�s, en claro contraste con Orban, Magyar tambi�n se mojaba para aplaudir la decisi�n de la UER en 2022 de expulsar del certamen a Rusia y Bielorrusia, tras el inicio de la invasi�n a gran escala de Ucrania. "Estoy de acuerdo con la exclusi�n de Rusia; no deber�amos permitir que ning�n criminal de guerra participe", afirm� en verano el dirigente que lideraba la oposici�n h�ngara.Erdogan y "las personas normales"No es el pa�s centroeuropeo una excepci�n en el asunto que nos ocupa. Turqu�a abandon� en 2012 el Festival, que generaba audiencias millonarias entre sus espectadores, cuando Erdogan, en la deriva autoritaria e islamista que emprendi� ya como primer ministro, consider� que su proyecto pol�tico era incompatible con las libertades que exudaba Eurovisi�n. Nunca se ha curado el mandatario turco de sus freudianas obsesiones eurovisivas. "Eurovisi�n supone una amenaza para los valores de la familia tradicional", solt� a modo de titular en 2024. A partir de ah�, se explay� diciendo que los participantes en el concurso son "caballos de Troya de la corrupci�n social" (sic) y que en el evento "se ha vuelto imposible encontrarse con una persona normal". Y eso que los turcos hac�a ya muchos a�os que ten�an que recurrir al pirateo o a enlaces digitales para poder seguir viendo el concurso, sin representantes nacionales.Tambi�n en Turqu�a, c�mo no, la vuelta al concurso se ha convertido en un anhelo de la asediada oposici�n, dado que es tanto como volver a abrazar el acervo comunitario, hoy aplastado por un r�gimen personalista casi autocr�tico. El candidato opositor Kemal Kl�darolu -quien al frente de una amplia coalici�n intent� en 2023 arrebatarle la Presidencia a Erdogan- denunci� la "decisi�n vergonzosa" de retirarse del Eurofestival. Kl�darolu carg� contra el Gobierno de Ankara por impedir a los artistas turcos participar en el concurso musical m�s seguido en el mundo y, sobre todo, por vetar a los ciudadanos su visionado.La furia de los partidos ultras y populistas del Viejo Continente contra el concurso se ha disparado en los �ltimos tiempos. En Letonia, el Parlamento tuvo que debatir en 2024 la continuidad en el certamen, tras una campa�a en contra que denunciaba que los participantes "tienden a comportarse de forma obscena" (sic). La Saeima -el �rgano unicameral que ostenta el poder legislativo en la Rep�blica de Letonia- dedic� una sesi�n a debatir la cuesti�n, y fue tumbada una moci�n presentada por los ultras que abanderaban la marcha. La directora de programaci�n de la televisi�n p�blica nacional hab�a explicado previamente la importancia del concurso para la industria musical local, as� como el enorme seguimiento y la repercusi�n de un certamen visto por casi 200 millones de personas en todo el mundo. Y, en la vecina Lituania, la direcci�n de la radiotelevisi�n p�blica nacional tuvo que salir al paso, igualmente, para denegar la petici�n promovida, entre otros, por el controvertido eurodiputado Petras Grazulis, para que la naci�n dejara de participar.Ambos casos se inspiraban en lo que ya hab�a ocurrido en Hungr�a. La victoria aplastante en las urnas de Magyar promete reencaminar a
Budapest hacia la senda comunitaria. Y, si cumple su promesa, uno de los gestos simb�licos m�s visibles de que Hungr�a vuelve a la casa com�n europea se vivir� ya en 2027 con el esperado regreso al Festival, mucho m�s que un concurso de canciones, como no deja de demostrarnos la geopol�tica.