Pocas veces la visita diplomática de un líder político fuera del gobierno en su país ha sido tan vigilada. Este martes, la líder del partido opositor
Taiwanés Kuomintang (KMT),
Cheng Li-wun, aterrizará en la
China continental en una visita histórica: la primera de un líder de su partido en diez años y, para más inri, en busca de un abrazo diplomático con
Pekín, quien no oculta su deseo de anexionarse la isla.
Cheng Li-wun ha necesitado así apenas un suspiro desde su llegada al liderazgo del segundo mayor partido
Taiwanés para dinamitar el precario equilibrio que intentaba mantener en las últimas décadas el partido nacionalista. El KMT siempre se ha mostrado más amable con
Pekín que el actual partido en el Gobierno, el
Partido Democrático Progresista, pero que nunca había declarado tan claramente su cercanía como con esta visita. Desde
Pekín se vende la visita como un intento de “retomar el diálogo”, mientras que en la isla es una suerte de test tornasol de cuánto puede el KMT estirar su estrategia de interlocución con
China sin pagar un precio interno. Especialmente cuando las hipótesis sobre una posible invasión de la isla por parte de
Pekín son cada vez más habituales, y el KMT ofrecería la posibilidad una vía alternativa: ¿y si bastara con un paquete de “reintegración pacífica” lo suficientemente convincente? Paz a cambio de capitulación sin disparar un tiro. Dos brújulas para "la isla rebelde" Pero eso sería adelantarnos. De momento, Li-wun insiste que, para evitar la guerra, hay que “urgentemente” volver a “tratar con
China”, y que los taiwaneses debería ser “capaces de afirmar orgullosos y seguros: ‘soy chino’”. Esto encaja con la opinión del analista y consultor sobre Asia
Sebastián Contín Trillo-Figueroa, que afirma a El Confidencial que, si bien el KMT ha abandonado la política taiwanesa de los “Tres Noes” (sin contacto, sin negociación, sin compromiso con
Pekín), este nuevo acercamiento todavía encaja con una visión pragmática del KMT que no implicaría, necesariamente, dar al traste con una autonomía de Taiwán tal y como la quiere
Pekín. “Persiste una paradoja histórica: antiguos enemigos de la guerra civil son ahora el canal mejor establecido de comunicación política entre ambas orillas”, apunta Contín. Así, la fórmula del KMT con
Pekín es una mezcla de disuasión y compromiso que, a juicio del analista, resulta necesaria para reducir tensiones. Es un enfoque totalmente opuesto al del
Partido Democrático Progresista (PDP), que basa su estrategia en la disuasión total. Para muestra, las medidas palabras que pronunció el actual presidente de Taiwán, Lai Ching-te, del PDP, en su toma de posesión: "Quiero pedirle a
China que deje de intimidar a Taiwán política y militarmente, y que asuma la responsabilidad global de trabajar duro con Taiwán para mantener la paz y la estabilidad en el estrecho de Taiwán y en la región, para asegurar que el mundo no teme que estalle una guerra. También quiero decirle al mundo: Taiwán no va a hacer concesiones en la democracia y la libertad". Esto le valió ser considerado un "rebelde" sin esperanza por
Pekín. Con el acercamiento, Li-wun responde en cambio a un sector de la sociedad taiwanesa que sigue viendo en el diálogo una vía para evitar el conflicto. Sin un día marcado en rojo en el calendario, la discusión sobre si
China intentará tomar Taiwán por la fuerza ha ido acelerándose desde la invasión rusa de Ucrania. En su momento, el máximo responsable militar estadounidense en el Indo-Pacífico deslizó en 2021 que
Pekín podría intentarlo dentro de la próxima década. Y hay una cita cita que lo ordena todo, por encima de las quinielas: 2049, el centenario de la República Popular y año al que Xi Jinping ha vinculado a su ambición mayor, cerrar el “asunto Taiwán”. Eso encendió también las alarmas en la isla, que desde 1949 mantiene una autogestión e independencia de facto de
Pekín. Durante la guerra civil entre los comunistas de Mao Tse-tung y los nacionalistas del Kuomingtan, liderados por Chiang Kai-shek, estos últimos fueron derrotados y se refugiaron en Taiwán. Ambas facciones, sin embargo, aspiraban a la reunificación y creían en la idea de "una sola
China", que las dos afirmaban representar. De este modo, los dos estados, la República de
China y la República Popular de
China, se fueron desarrollando en paralelo. Pero mientras Taiwán ha renunciado a cualquier reivindicación territorial sobre la
China continental,
Pekín mantiene la absorción de Taiwán como uno de sus objetivos irrenunciables. Y a medida que la identidad taiwanesa se consolida más y más y la idea de una reintegración pacífica parece cada vez más lejana, la idea de una invasión violenta parece cada vez menos remota. Desde entonces, y pese a la confianza en su disuasión histórica del llamado “escudo de silicio” (la importancia de Taiwán en las cadenas de suministros globales de chips computacionales), Taipei ha elevado el gasto en defensa —el presidente actual, Lai Ching-te, comprometió casi 20.000 millones de dólares en 2025 prácticamente todo de material armamentístico de EEUU, pero es difícil ver una oportunidad militar real para la isla sin el decidido apoyo de Washington… Y el KMT se opone a mayores inversiones en defensa. La oposición de Cheng a un aumento del presupuesto a 40.000 millones de dólares en los próximos ocho años ha bloqueado la aprobación del presupuesto gubernamental. El retraso podría poner en riesgo un paquete de armas estadounidense de 14.000 millones de dólares que ya había sido pausado por la administración Trump para no irritar a Xi antes de la cumbre de mayo. El divorcio de las dos orillas En una reciente entrevista con el canal estadounidense NBC, Cheng afirmó que Taiwán no puede permitirse gastar en exceso en defensa. “El mundo ve el estrecho de Taiwán como el polvorín más grave y peligroso. Ambas partes del estrecho [
Pekín y Taipéi] deberían hacer todo lo posible por utilizar medios pacíficos para estabilizar la situación, No debería ser una lucha a vida o muerte”, afirmó.
Pekín es consciente de la miríada de problemas que acarrearía una acción militar, desde la posibilidad de sufrir un importante número de bajas hasta el riesgo de una escalada que los enzarce en una guerra con Estados Unidos y sus aliados. También influyen el desgaste de la imagen de
China en el mundo, la imposición de sanciones contra su economía y el rechazo diplomático. Por eso, el gobierno de Xi podría optar por otra estrategia para obligar a Taipéi a capitular sin recurrir a la fuerza militar, ahorrándose el desgaste económico y político, y evitando un casus belli claro que pueda movilizar a otros países en apoyo de Taiwán. No queda claro cómo será leída dentro de la isla la visita de Cheng a
Pekín. La reunificación con
China sigue sin ser popular, a tenor de las últimas encuestas (más del 60% rechazan la opción) y el
Partido Democrático Progresista, abiertamente “rebelde” con
Pekín, ha ganado las últimas tres elecciones presidenciales. Eso sí, siempre muy seguido del Kuomintang. Una última encuesta del
Taiwan Public Opinion Foundation (TPOF) sitúa al DPP en un 31,1% de apoyo con el KMT en el 25,8%. Entre la opción de reunificación o abrazar una fórmula como la de Hong Kong, “un país dos sistemas” (antes de que
Pekín diera al traste con ella con la supresión de facto de su autonomía desde 2020), lo que sigue dominando es mantener el statu quo actual. El cambio más profundo es menos institucional y más íntimo: la identidad. Cada vez más habitantes se describen únicamente como taiwaneses. Según una encuesta de la Universidad Nacional Chengchi, en junio de 2023 casi el 63% se identificaba sólo con Taiwán; alrededor de un 31% se veía a la vez
Taiwanés y chino; y un porcentaje residual, en torno al 3%, se consideraba únicamente chino. Pocas veces la visita diplomática de un líder político fuera del gobierno en su país ha sido tan vigilada. Este martes, la líder del partido opositor
Taiwanés Kuomintang (KMT),
Cheng Li-wun, aterrizará en la
China continental en una visita histórica: la primera de un líder de su partido en diez años y, para más inri, en busca de un abrazo diplomático con
Pekín, quien no oculta su deseo de anexionarse la isla.