El vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, se marchó exhausto de Islamabad (Pakistán) el domingo después de 21 horas negociando sin éxito con Irán un acuerdo de paz duradera para una guerra a la que siempre se opuso. En una breve declaración a los medios, respondió tan solo tres preguntas, en las que informó de la “mala noticia” antes de subir al avión de regreso a Washington.Poco antes de aterrizar, recibió el segundo batacazo. Su viaje anterior, a Budapest (Hungría), tampoco había producido los resultados esperados: el candidato de Donald Trump y Vladimir Putin en Europa, Viktor Orban, cayó derrotado en las elecciones y aceptó el abultado resultado, concediendo su salida del poder después de 16 años de gobierno ultraconservador.Lee tambiénEl lunes, Vance se paseó por algunas de las principales cadenas de televisión para tratar de maquillar sus fracasos. Pero pronto se dio cuenta de que su encargo era otro: limpiar la imagen de Trump tras su feudo con el Pontífice León XIV y tras haber colgado en su red social una imagen generada con inteligencia artificial que retrataba al presidente como Jesucristo. La publicación había abierto un nuevo cisma en el mundo MAGA, que integra el cristianismo en su nacionalismo supremacista, y Trump se vio obligado a borrarla.Vance también fracasó en su intento, pues no solo hizo una defensa débil de la moralidad del presidente, también lo contradijo. “Creo que el publicó una broma. Y, por supuesto, la retiró porque reconoció que mucha gente no entendía su humor en ese caso. Creo que al presidente de Estados Unidos le gusta agitar las redes sociales”, dijo el vicepresidente, pero su jefe había dicho horas antes que no intentaba ser gracioso, sino que difundió la imagen porque “pensé que me retrataba como un médico”.Sobre el diálogo con Teherán, dijo que las posiciones del régimen “se movieron en nuestra dirección, por lo que diríamos que hubo señales positivas, aunque no avanzaron lo suficiente”. Sin embargo, ha trascendido en la prensa estadounidense que, mientras Trump exigía en público que el régimen abandone su ambición nuclear “para siempre”, Vance rebajaba la propuesta al plantear en privado una moratoria de 20 años al enriquecimiento de uranio.Vance dijo que Trump bromeó al publicar una foto que lo retrataba como Jesucristo, contradiciendo la versión del presidenteAun así, Irán rechazó la propuesta, y renovó la que ya había planteado en las negociaciones fallidas en Ginebra antes de la guerra: una suspensión de cinco años, que EE.UU. volvió a rechazar. Irán tampoco accedió a reabrir el estrecho de Ormuz, según lo establecido en la tregua de dos semanas anunciada el miércoles pasado, debido a que Israel sigue bombardeando el sur de Líbano, que afirma que no está incluido en el acuerdo de alto el fuego. Tras el rechazo iraní, Trump anunció el domingo que EE.UU. iba a bloquear el estrecho ya bloqueado por Irán, por el que antes de la guerra circulaba el 20% del petróleo mundial.En cuanto a la contundente derrota de Orbán, cuyo partido concedió al conservador Peter Magyar una mayoría cualificada en el legislativo que le permitirá deshacer las enmiendas constitucionales del ultraderechista, Vance restó peso a su participación en la campaña electoral. “No fue un mal viaje en absoluto, porque vale la pena apoyar a los tuyos aunque no ganes todas las contiendas”, dijo el lunes a Fox News. “No fuimos porque esperáramos que iba a arrasar en las elecciones. Fuimos porque pensamos que era lo correcto”, añadió.Sin embargo, esta es una significativa derrota para el hombre que se ha encargado desde el inicio del mandato de transmitir el desprecio de la Administración Trump hacia la Unión Europea, organismo que sale reforzado después de liberarse de la principal piedra en el zapato de su proceso de toma de decisiones. El pueblo húngaro no escuchó sus advertencias de que la mayor amenaza de Europa no es Rusia, sino “el enemigo interior”, por estar gobernada por líderes “débiles” que “tienen miedo a sus votantes” y que han causado el “retroceso de sus valores fundamentales, como la libertad de expresión”.Lee tambiénHasta poco antes de la guerra de Irán, Vance parecía el candidato mejor posicionado para suceder a Trump cuando abandone el poder, algo que, si cumple la Constitución y no muere antes, debería ocurrir en enero del 2029. Él encarnaba el sueño americano de la clase obrera blanca, era el mayor promotor del pacifismo y el aislacionismo plasmado en el lema “EE.UU. Primero” y predicaba con el ejemplo sobre las bondades de la familia tradicional cristiana, opuesta al “virus woke”, causante de la “destrucción moral de Occidente”.Sin embargo, eso ya no es lo que Trump defiende, al menos a juzgar por sus actos. Las clases trabajadoras están hoy más ahogadas económicamente que hace un año, fruto de una inflación que vuelve a despegar a raíz de la guerra en Irán, así como de los recortes en los seguros públicos de salud, cuyas tarifas han aumentado de media un 21,7% para 22 millones de personas dependientes de los subsidios de la Ley de Atención Médica Asequible, que los republicanos dejaron expirar.La guerra en Irán, uno de los nueve países bombardeados por la segunda Administración Trump, tampoco deja a Vance una defensa cómoda de la paz en el mundo, así como del extendido consenso en la ultraderecha estadounidense de que no debe malgastarse el dinero de los contribuyentes en guerras en países lejanos que ni son urgentes ni dan rédito al pueblo.Las publicaciones de Trump en sus redes sociales, donde se ha retratado a sí mismo como Papa de Roma y como Jesucristo, entre otras, han recibido graves acusaciones de blasfemia en algunos círculos cristianos. Vance, que se convirtió al catolicismo en el 2019 y está promocionando un libro en el que explica su camino espiritual –Comunión: Encontrando mi camino de regreso a la fe, que se publicará en junio–, tiene la delicada tarea de explicar a los cristianos de EE.UU. que su jefe es un buen cristiano.Vance se vendió como el candidato de la clase obrera y el pacifismo; las políticas de Trump van en dirección contrariaPero su jefe, el presidente de EE.UU., amenazó hace dos semanas con extinguir a una “civilización” milenaria; suele compararse a sí mismo con un profeta enviado por Dios, que lo salvó en su intento de asesinato para guiar a la humanidad; fue condenado por abuso sexual, y ha afirmado que los inmigrantes “envenenan la sangre” de los norteamericanos, por lo que no son sus hermanos, como Jesucristo predicó según la Biblia.Tampoco le tembló el pulso al criticar abiertamente al Pontífice por su rechazo a la guerra de Irán. “Ciertamente, creo que en algunos casos sería mejor que el Vaticano se limitara a cuestiones de moral, a lo que ocurre dentro de la Iglesia católica, y dejara que el presidente de Estados Unidos se encargue de dictar la política pública estadounidense”, afirmó Vance. La postura de la Administración Trump contra el Papa ha alienado ahora a la que parecía su principal aliada en Europa, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, quien ya se alejó del posicionamiento de la Casa Blanca en Irán.Trump ha demostrado, a lo largo de sus dos mandatos, que no tiene reparos a la hora de cesar a un alto cargo cuando cree que ya no le es útil o cuando le ha llevado la contraria, como ha ocurrido recientemente con Kristi Noem, exsecretaria de Seguridad Nacional, y Pam Bondi, exfiscal general. Vance ha caído en ambas traiciones, lo que le ha degradado de forma acelerada de candidato a sucesor de Trump, título que ahora ocupa el secretario de Estado Marco Rubio, a estar en el eslabón más débil de su Administración.