De vez en cuando, como si estuviera en un escenario de Broadway o del West End, cuando Lola Herrera aparece en escena en la obra Camino a la Meca, el público la aplaude. Con 90 años, la actriz vallisoletana está feliz de hacer parada y fonda en Barcelona, en el teatro Goya, hasta el 24 de mayo, después de una gira “agotadora, con 150 funciones, muchísimos kilómetros y que ha durado casi un año”.En esta producción de Pentación, Herrera comparte escenario con Carlos Olalla y, después de una veintena de años, con su hija, Natalia Dicenta. “En escena, dejamos de ser madre e hija y defendemos los personajes”, asegura la veterana actriz. Camino a la Meca, del autor sudafricano Athol Fugard, cuenta la historia de un personaje real, la escultora Helen Martins, una mujer que, contra viento y marea, luchó por su libertad personal, por hacer lo que ella consideraba que era adecuado.Hay una historia de amistad bellísima, intergeneracional y de sororidad. Encontrar la Meca es encontrar el propósito de tu vidaNatalia DicentaPara ello cuenta con la complicidad de una amiga más joven, Elsa, papel que interpreta Natalia Dicenta, quien declara: “Me postulé para ese papel cuando le dieron la obra a mi madre, porque me moría de ganas de trabajar a las órdenes de Claudio Tolcachir”. A lo que Herrera añade: “Es una maravilla como director y como persona, y he tenido la suerte de poder trabajar con él. Si me muero antes, ya no llego”.Dicenta da más detalles de la obra: “Hay una historia de amistad bellísima, intergeneracional y de sororidad. Elsa recorre 12 horas el desierto cuando ella le pide ayuda. Se ayudan mutuamente. Una quizá ya ha encontrado su Meca en la vida y la otra aún la está buscando”. Lee tambiénSobre esa Meca, Dicenta manifiesta: “Encontrar la Meca es encontrar el propósito de tu vida. La misión de Helen era plasmar su visión en esas esculturas. Elsa aún busca ese porqué, ese sentido, ese propósito, que cuando se encuentra da paz”.Los tres intérpretes coinciden en celebrar esta conjunción, que se produce con una obra “cargada de valor humano, porque no es una obra maniquea de buenos y malos, sino que abre muchas preguntas”, describe Olalla, que interpreta “al pastor de una comunidad retrógrada, aunque tiene su corazoncito”. “Es una obra de mujeres y mi papel es representar esa sociedad que las oprime”, concluye.Redactor de Cultura y coordinador de los libros de estilo de las ediciones en castellano y en catalán del diario. Profesor asociado de la UPF y miembro de la Secció Filològica del IEC