El pasado día 17 titulábamos este espacio editorial “La clave es Ormuz”. Diez días después, esta consideración se mantiene y, además, ha pasado a ser el punto central sobre el que pivota la guerra de Irán, un conflicto que afecta no solo a los actores directamente enfrentados –
Israel, EE.UU. e Irán– sino a todas las monarquías petroleras del Golfo y que cada vez está teniendo implicaciones más graves en la economía de todo el planeta.En el estadio actual del conflicto bélico, no está claro si efectivamente Washington y Teherán están negociando o no. Que el presidente Trump tiene prisa por poner fin a la guerra es evidente, y por eso no deja de enviar andanadas verbales al régimen de los ayatolás, instándole “a tomarse las cosas en serio antes de que sea demasiado tarde” y asegurando que “nos están suplicando que lleguemos a un acuerdo”, declaraciones que Irán niega públicamente, rechazando el plan de 15 puntos que al parecer le ha propuesto la Casa Blanca (según los norteamericanos, a través de Pakistán).Uno de los puntos clave de ese plan es que EE.UU. exige la apertura completa del estrecho de Ormuz, a lo que Irán responde reclamando la soberanía total sobre el paso marítimo. Hoy concluía el plazo que Trump dio a la actual dirección
Iraní para cerrar unas negociaciones, aunque ayer lo prorrogó diez días. Mientras el líder republicano insiste en la vía negociadora, en paralelo ha ordenado el despliegue de 4.500 marines y 3.000 paracaidistas de la 82.ª división aerotransportada, unidad de élite del ejército estadounidense, quizá con el objetivo de hacerse con el control de la isla petrolera de Jarg y presionar así a Irán para que reabra el estrecho de Ormuz. Teherán ya ha advertido de que, si Estados Unidos intenta una invasión terrestre de su territorio, bloqueará el estrecho de Bab el Mandeb, que enlaza el mar Rojo con el océano Índico.Teherán dice que prepara una ley para cobrar una tarifa a los barcos que quieran cruzar el estrechoEn su lucha para mantener una campaña de presión en diversos frentes y tratar de ganar la batalla por el relato, Trump volvió a lanzar un nuevo aviso a los países de la OTAN, a los que ha advertido de que “no olvidará” que “no han hecho nada” para desbloquear el estratégico estrecho. Insiste en que EE.UU. no necesita nada de la Alianza, pero no deja de lanzar acusaciones contra ella.Ayer, en una nueva muestra de servilismo, el secretario general de la OTAN,
Mark Rutte, esquivó cualquier atisbo de crítica a Trump y dijo entender que el presidente estadounidense sufra “cierta frustración” porque los aliados europeos no han respondido como él quería para ayudar a desbloquear Ormuz. Rutte justifica el enojo del líder republicano, afirma que EE.UU. no informó a los aliados de la OTAN de que iba a atacar Irán por temor a filtraciones y pide un poco de tiempo a Trump para que los europeos se organicen para contribuir a abrir el paso marítimo. Ormuz es el principal escenario del conflicto, por las repercusiones económicas que conlleva a nivel global –por el estrecho transita el 20% del petróleo mundial–, y Trump insiste en la necesidad de desbloquearlo, por las buenas o por las malas, aunque ayer dio por hecho que Irán lo reabrirá.Irán rechaza el plan de Trump, mientras que este asegura que le “suplican” un acuerdoIrán asegura que el estrecho no está cerrado al tráfico naval excepto para los buques “pertenecientes o asociados con los agresores”, y ha permitido el paso de petroleros de países como Tailandia e India. Y ayer dijo estar abierto a autorizar la circulación de buques españoles, pero lo cierto es que, en la última semana, el paso de navíos por este corredor marítimo ha caído un 90%. Hay más de 3.200 barcos varados a uno u otro lado del estrecho. Ayer, coincidiendo con el anuncio hecho por
Israel de que había dado muerte al responsable del cierre de Ormuz, el Parlamento
Iraní informó que prepara una ley para cobrar peaje por el paso por este corredor. Si una legislación de este tipo sale adelante, Teherán lanzará al mundo un mensaje doble. Por un lado, que reclama la soberanía y el dominio del estrecho, y por otro, hacer evidente que su capacidad de presión no depende únicamente de sus misiles, sino también de la geografía.El Consejo de Cooperación del Golfo ha señalado que Irán ya está cobrando por el paso y Lloyd’s List Intelligence –una de las publicaciones marítimas más antiguas y prestigiosas del mundo– lo ha llamado “régimen de ‘puesto de peaje’ de facto”, y afirma que al menos dos buques lo han abonado y que el pago se efectuó en yuanes chinos. Tras casi cuatro semanas de guerra, Irán rechaza el plan de Trump y pone sus propias condiciones porque se cree en posición favorable. El régimen se mantiene y conserva su capacidad de lanzar misiles y drones, así como de bloquear casi totalmente Ormuz, haciendo así dispararse el precio del petróleo y el gas, lo que, según la OCDE, provocará una ola global de inflación y una moderación del PIB mundial.