En un mundo desquiciado, China introduce elementos de cordura, poniendo esta vez la cataplasma sobre su propia herida. Este viernes, durante su visita histórica a Pekín, la jefa de la oposición de Taiwán,
Cheng Li Wun, ha invitado al presidente de la República Popular de China,
Xi Jinping, a “unir fuerzas para evitar una guerra”. Propone para ello la búsqueda de “una solución institucional”, en aras de “la paz y la prosperidad” y de “la revitalización de la civilización china”.Música para los oídos de
Xi Jinping, a su lado, que ha añadido que “el curso de la historia es inevitable” y lleva a la reunificación del pueblo chino a ambas orillas del estrecho de Formosa. La visita oficial de Cheng es la primera de un líder del
Kuomintang en una década. De hecho, habría que retroceder catorce años para encontrar un viaje institucional del mismo nivel, duración y calado. La invitación se cursa de partido a partido y
Cheng Li Wun ha expresado que tanto el suyo -el histórico
Kuomintang, que se refugió en la isla tras perder la guerra civil- como el Partido Comunista de China (PCCh) comparten la voluntad de “conducir a la nación china del declive a la regeneración”. Cheng empezó su periplo en
Nanjing, donde visitó el mausoleo de
Sun Yat Sen, fundador de la República de China -que sigue siendo el nombre oficial de Taiwán- y del propio
Kuomintang. Su itinerario la ha llevado a otros rincones de la provincia de
Jiangsu y a la vecina
Shanghai, donde están instaladas miles de empresas taiwanesas. Cabe decir que los empresarios están entre los taiwaneses que viven con mayor desasosiego la deriva independentista del gobernante Partido Democrático Progresista, que dura ya una década. “La paz y la reconciliación en el estrecho deben ser solo el punto de partida para los esfuerzos conjuntos de nuestros dos partidos”, señaló Cheng, que incluso emuló el lenguaje de Xi al referirse al “rejuvenecimiento de la nación china”. La política de 56 años, que asumió las riendas de la formación opositora en noviembre del año pasado, también profirió elogios al presidente comunista, “que ha logrado erradicar la pobreza y construir una sociedad modestamente acomodada”. Comensales de un restaurante de Taipéi contemplan el reencuentro histórico en Pekín, retransmitido por un canal de Taiwán I-HWA CHENG / AFPMientras tanto, el presidente de la República de China,
Lai Ching Te, ha descalificado la visita de Cheng. El mismo día en que esta fue anunciada, hace dos lunes, Lai recibía en Taipéi a un grupo bipartidista de congresistas y senadores de EE.UU., que le presionan para que aumente al 5% del PIB el presupuesto de Defensa de Taiwán. Una iniciativa que la oposición, mayoritaria en el Yuan Legislativo -donde el
Kuomintang es además la formación con mayor número de escaños- ha conseguido bloquear hasta ahora.“Esperamos que, gracias a los esfuerzos incansables de nuestros dos partidos, el estrecho de Taiwán deje de ser un foco potencial de conflicto y un terreno propicio para la injerencia de fuerzas externas”, aseveró hoy en Pekín la presidenta del
Kuomintang, en referencia velada a Estados Unidos -potencia garante del statu quo- y Japón, la expotencia ocupante. “Sobre la base política común del 'Consenso de 1992' y la oposición a la 'independencia' de Taiwán, debemos planificar y construir mecanismos institucionales y sostenibles de diálogo y cooperación, para que el desarrollo pacífico entre las dos orillas avance de forma irreversible y se eliminen de raíz los factores que podrían provocar conflictos”, agregó Cheng, con un lenguaje en las antípodas del actual gobierno de Taipéi. Luego, tras la entrevista a puerta cerrada entre los dos políticos y cuadros de sus respectivos partidos, Cheng ha explicado en rueda de prensa que el presidente Xi habría “expresado respeto por el sistema social y la forma de vida escogida por la gente de Taiwán”, en referencia a la democracia multipartidista de las tres últimas décadas. Algo que insufla aliento a medio plazo a la posibilidad de “un país, tres sistemas”, con concesiones con las que Hong Kong y Macao nunca pudieron soñar. Presidenta del KuomintangCheng dice que Xi le ha transmitido “su respeto por el sistema social de Taiwán”A lo largo de la visita, que empezó el martes y terminará este fin de semana,
Cheng Li Wun ha reiterado el compromiso del
Kuomintang -el antiguo partido único anticomunista y nacionalista- con el “consenso de 1992”. Es decir, con que hay “una sola China”, aunque pueda discreparse sobre su definición. Hace tiempo que el
Kuomintang tomó nota de los avances en la China continental, aceptando el consejo del padre de Singapur -y no menos anticomunista- Lee Kuan Yew. Cuanto más tarde Taipéi en negociar con Pekín, peor será su posición negociadora.Taiwán volverá a elegir presidente en enero de 2028, con la popularidad del actual titular,
Lai Ching Te, en descenso, por la remilitarización de la sociedad taiwanesa, por los órdagos arancelarios de Donald Trump y, finalmente, por los límites de la protección estadounidense, comprobados por la capitales del golfo Pérsico durante el último ciclo de violencia. Este además ha resaltado la vulnerabilidad energética de Taiwán. Algo que ya conocían los estrategas del Ejército Popular de Liberación, que han ensayado media docena de bloqueos navales de la isla desde la visita de Nancy Pelosi en 2022, cuando era presidenta de la Cámara de Representantes de EE.UU.. Durante la anterior campaña, el lema de la oposición taiwanesa fue evitar a toda costa “que Taiwán se convierta en Ucrania”. Dos años después, la conjunción de la militarista Sonae Takaichi en Japón y de Donald Trump en EE.UU. está empujando a Taiwán hacia un pulso no deseado por un gran números de taiwaneses. Cuántos, se sabrá en 2028. De momento,
Cheng Li Wun estrecha sin ningún reparo la mano de
Xi Jinping. Ambos creen que el tiempo juega a su favor. Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.