“Prepárense para lo peor”. Así lo ha advertido la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI),
Kristalina Georgieva, al valorar las perspectivas económicas mundiales. Esa advertencia la hizo en una entrevista horas antes del anuncio de la tregua de dos semanas acordada entre Estados Unidos e Irán. Este alto el fuego y la apertura de negociaciones prevista para mañana entre los contendientes abre un tímido rayo de esperanza sobre la evolución del conflicto, pero las espadas están en alto porque hay un elevado riesgo de que el diálogo pueda descarrilar. Por ello, la advertencia de Georgieva, reiterada ayer, sigue siendo relevante.El mundo, como ha dicho, se enfrenta a una nueva conmoción tras haber soportado el impacto de la covid y de la guerra en Ucrania, lo que deja un margen de maniobra muy reducido, en un marco en que las tensiones geopolíticas han puesto en entredicho la cooperación internacional ante situaciones de emergencia. Los ciudadanos y las empresas de los países que no tienen reservas energéticas, importan energía y están muy endeudados, con poco margen fiscal, son quienes sufrirán más el impacto del conflicto en Oriente Medio. En esta situación se encuentran, precisamente, la mayoría de países europeos, incluida España. Aunque seamos el país que más crece de la Unión Europea, no hay lugar para triunfalismos, sino que se impone el máximo realismo y acierto en las políticas económicas que hay que adoptar.Con independencia de cómo evolucionen las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, que se desarrollarán en Pakistán, el FMI considera que nuevamente la actuación de los bancos centrales –en nuestro caso, el Banco Central Europeo (BCE)– será crucial para la gestión de los efectos de la crisis. “Tengan mucho cuidado con cómo reaccionan ante la conmoción actual –les advirtió Georgieva–. Es un momento muy delicado. Deben equilibrar la atención a la inflación con la preocupación por no sofocar el crecimiento”, un crecimiento que, de entrada, en Europa es ya muy débil. Aquí, en el continente europeo, el fantasma de la estanflación (inflación sin crecimiento) preocupa mucho, ya que el impacto de dicho cuadro en la economía y el empleo puede ser muy grave.El FMI alerta sobre los graves efectos económicos de la guerra en Oriente MedioA esa situación se puede llegar si el BCE se ve obligado a subir mucho los tipos de interés para frenar los precios. En ese caso, según el FMI, el margen fiscal de que dispongan los gobiernos deberá dirigirse a proteger a los ciudadanos y empresas más vulnerables. El Gobierno español ya ha adoptado esta política, aunque su margen de maniobra es reducido si la situación empeora. La deuda pública de España se eleva ya a 1,7 billones de euros (77.652 millones de euros más que en el 2024) y supone el 100,7% del producto interior bruto (PIB). En esta coyuntura es fundamental la elaboración de unos presupuestos generales del Estado para el 2027 ajustados a la situación y que tengan el máximo consenso de las fuerzas políticas.El futuro, en cualquier caso, depende de lo que suceda en el estrecho de Ormuz. Si el petróleo, el gas natural y las mercancías vuelven a circular con fluidez por este lugar estratégico, gracias a un pacto de no agresión en la zona, la situación económica mundial podría empezar a normalizarse en la medida que bajase el precio de los combustibles y se restaurasen las cadenas de suministro. Ayer, el movimiento en el estrecho de Ormuz comenzó a reanudarse con cautela, con el paso de unos pocos buques, después del pacto entre EE.UU. e Irán para permitir el acceso seguro por la vía durante la tregua. En las aguas del golfo Pérsico se calcula que hay 426 petroleros prácticamente varados desde el pasado 28 de febrero.El FMI estima que, incluso si hubiera un final rápido de las hostilidades, las previsiones de crecimiento mundial se rebajarán y se incrementarán las de inflación, ya que el daño ya está hecho y la recuperación de la normalidad será lenta. La incertidumbre bélica es tan grande, pese a la tregua, que el FMI prepara varios escenarios de evolución económica internacional, que dará a conocer en su reunión de la semana próxima. Lo que ha comprobado ya el FMI es que el contexto geopolítico convulso ha provocado que la mitad de los países hayan aumentado la partida de defensa. La enorme inversión que ello supone puede tener un impacto positivo del 3% en el crecimiento del PIB mundial. La contrapartida negativa que se produce, en cambio, es el aumento del endeudamiento público y de la inflación, junto a una reducción de gasto social.El crecimiento mundial bajará y la inflación aumentará, aunque ahora se pusiera fin al conflictoEl conflicto bélico en Oriente Medio ha provocado ya una de las mayores escaseces de suministro en la historia del mercado energético global, que puede tener graves consecuencias. De ahí la necesidad de que la guerra acabe pronto.