La semana empezó con los mayores bombardeos desde el comienzo de la guerra el 28 de febrero y con la amenaza de “destruir su civilización en una noche”, pero terminó con el encuentro de mayor nivel entre Teherán y Washington desde la victoria de la Revolución Islámica en 1979 y la toma de la embajada estadounidense con 66 rehenes durante 444 días.Se escenografió ayer en
Islamabad, Pakistán. Encabezaba la delegación estadounidense el vicepresidente
JD Vance. Y la
Iraní, el portavoz del Parlamento,
Mohammad Baguer Galibaf. Como mediador, el comandante en jefe de las fuerzas armadas de Pakistán,
Asim Munir. Las negociaciones se alargaron hasta bien entrada la madrugada en
Islamabad. Aunque ambas delegaciones se emplazaron a seguir hablando, el vicepresidente estadounidense, J.D.Vance, aseguró este domingo que no han llegado a un acuerdo con Irán pese a haber estado 21 horas intentando alcanzar un consenso, aunque se va de la capital paquistaní con una “última” oferta, la de un “método de entendimiento”.No hemos llegado a un acuerdo. Y creo que eso es mucho peor para Irán que para Estados Unidos”J.D.VanceVicepresidente estadounidense“Hemos mantenido varias conversaciones sustanciales con los
Iraníes. Esa es la buena noticia. La mala noticia es que no hemos llegado a un acuerdo. Y creo que eso es mucho peor para Irán que para Estados Unidos. Así que volvemos a lo mismo: Estados Unidos no ha llegado a un acuerdo, hemos dejado muy claras nuestras líneas rojas, en qué aspectos estamos dispuestos a ceder y en cuáles no, y lo hemos dejado lo más claro posible, pero ellos han optado por no aceptar nuestros términos”, afirmó Vance en una comparecencia ante los medios.Indicó que se van de
Islamabad con una “propuesta muy simple”, que es la de “un método de entendimiento”, la que tildó de su “mejor y última oferta. Veremos si los
Iraníes la aceptan”, sin mencionar nada sobre la actual tregua de dos semanas. ”El hecho es que necesitamos ver un compromiso firme de que no buscarán un arma nuclear, ni las herramientas que les permitirían obtenerla rápidamente. Ese es el objetivo principal del presidente de Estados Unidos, y eso es lo que hemos intentado lograr a través de estas negociaciones”, dijo el vicepresidente sobre este contacto directo, el de mayor nivel desde hace 47 años cuando se rompieron las relaciones por la revolución islámica de 1979.El personal militar paquistaní se sienta en la parte trasera de un vehículo mientras la caravana que transporta al vicepresidente de Estados Unidos,
JD Vance, pasa junto a ellos en
Islamabad, PakistánJacquelyn Martin / ReutersEn tiempos de Trump todo es impredecible. Lo saben muy bien los
Iraníes, que tras plantear la posibilidad de no viajar a
Islamabad bajo el argumento de que Washington no había cumplido sus compromisos de un alto el fuego en Líbano y liberar los fondos congelados de Irán, condición para empezar a hablar, aterrizaron en
Islamabad con una delegación mucho más numerosa de lo esperada.A los líderes del equipo negociador, encabezado por Ghalibaf, y el ministro de Exteriores, Abbas Araqchi, se unieron una larga lista de nombres provenientes de diferentes sectores y sensibilidades del gobierno. Kazem Gharibabadi, viceministro de Exteriores, explicó que Irán viajaba “totalmente preparado para todos los escenarios” y que participaba en las negociaciones “desde una posición de fuerza”. Teherán ha declarado la victoria desde que Trump anunció el alto el fuego para dos semanas en la madrugada del miércoles, hora de Irán.Las razones para pensar así son múltiples: el cierre del estrecho de Ormuz y las consecuencias para la economía mundial; la supervivencia del régimen (que es lo más importante para las autoridades, más allá de que hayan asesinado al líder supremo y a un gran número de autoridades y comandantes militares); y la decisión de Washington de aceptar negociar sobre la propuesta de diez puntos presentada por Teherán. Esto incluye el control del estrecho de Ormuz, el derecho a enriquecer uranio y continuar con su programa de misiles, el levantamiento de sanciones y la compensación por los daños causados por la guerra.A esto se sumó que los
Iraníes lograron presionar a través de Pakistán para que Trump cambiara el líder de su equipo negociador y designara al vicepresidente
JD Vance, la carta que quería Teherán. Es la persona más alta del equipo Trump que se opuso al ataque contra Irán. “No intenten manipular”, amenazó Vance a los
Iraníes antes de abordar el avión que lo llevaría a Pakistán.El millonario Steve Witkoff y Jared Kushner, que lideraban las conversaciones cuando Tel Aviv y Washington lanzaron los ataques, son vistos por Irán como unos amateurs en diplomacia y poco fiables. Tampoco creen que tengan nivel para ser interlocutores con el portavoz del Parlamento
Iraní.En una cultura como la persa, donde las formas son fundamentales en las relaciones, este punto era primordial para que los dos líderes negociadores pudieran reunirse, como pasó a pesar de los desencuentros.Sobre Líbano trataron de restarle importancia al decir que los ataques eran “limitados” y que el alto al fuego llegaría en pocos días. Todo a pesar de que Israel aseguró que haber alcanzado el sábado 200 objetivos.Respecto a los fondos congelados de Irán, la situación es más compleja: Teherán confirma que Washington se ha comprometido a entregarlos, y fuentes estadounidenses lo niegan. La cifra alcanzaría 120 mil millones de dólares.Una operación naval de Estados Unidos para “desminar” el estrecho casi provoca un enfrentamientoPero el principal desencuentro, al menos en esta primera etapa de negociaciones, sigue siendo el estrecho de Ormuz donde este sábado estuvo a punto de producirse un enfrentamiento, según Irán.El presidente Trump aseguró que EE.UU. estaba “despejando” de minas el estrecho. Más tarde, el comando central estadounidense anunció que dos navíos transitaron el estrecho como parte de “una misión más amplia para garantizar que el estrecho esté completamente libre de minas marinas”.Esto fue desmentido por Irán, que informó que un destructor estadounidense intentó cruzarlo, pero que se vio obligado a retirarse tras una advertencia de las fuerzas
Iraníes.