Sin bajar del autobús, que se dice en el mundo del fútbol.El presidente
Donald Trump declaró la victoria en la guerra de Irán al primer segundo de lanzar su ataque militar el 28 de febrero. Esa cantinela la repite una y otra vez. Hasta el punto que, evocando el “misión cumplida” de George W. Bush a los pocos días de la invasión de Irak en el 2003 (la guerra se prolongó luego nueve años), un editorial de un diario nada sospechoso de izquierdoso como el
The Wall Street Journal remarcó el pasado jueves que “Trump declara una victoria prematura”.Ochenta legisladores demócratas reclaman que el gabinete invoque la enmienda 25 para declararlo no aptoEste fin de semana la delegación estadounidense liderada por el vicepresidente
JD Vance negocia con los
Iraníes en
Islamabad, la capital de Pakistán. Se apunta que el gran objetivo es la reapertura del estrecho de Ormuz a la circulación libre de los cargueros, bloqueada por las fuerzas de los ayatolás. No pocos recuerdan que esa meta era la realidad que existía antes de que EE.UU e
Israel abrieran este nuevo conflicto bélico en esa región tan convulsa.Pero esta guerra, además de enajenar a los aliados extranjeros e incluso provocar el rechazo de la extrema derecha europea (salvo la de España), ha propiciado en Estados Unidos un verdadero seísmo. Su impacto ha formado la más extraña pareja que se pudiera imaginar, la que ha unido a fanáticos del movimiento MAGA (hacer Estados Unidos grande de nuevo) y a los progresistas. Ver para creer.“Puede que sea la hora de poner al abuelo en una residencia”, señaló
Candance Owens, fervorosa trumpista que ahora cree que su referente desvaría.¿Está loco Trump? No, no es un atrevimiento o un descaro periodístico. En un país que tiene un presidente que en situaciones de máxima crisis divaga sobre el nuevo salón de baile de la Casa Blanca, los molinos de viento, la fuerza con que sale el agua por los grifos, que se le cierran los ojos a la que no habla él o que espera ir al cielo, esa pregunta ha cobrado fuerza esta semana cuando se han vuelto a escuchar numerosas voces pidiendo que se aplique la Enmienda 25 de la Constitución para inhabilitarlo en el cargo.Su retórica bombástica, exagerada e hiperbólica es más que conocida. Sin embargo, su amenaza de que “toda una civilización morirá esta noche”, lanzada la mañana del martes desde su red social, disparó las alarmas. “El presidente de Estados Unidos está perdiendo la cabeza, y eso significa que el resto de nosotros debemos mantener la nuestra”, aconsejó Tom Nichols, analista conservador, en The Atlantic .Esa amenaza significaba erradicar un país de 92 millones de ciudadanos, de manera que eso califica de genocidio, holocausto o crímenes de guerra. Otros vieron ahí la disposición a utilizar el arma nuclear. Ni siquiera Richard Nixon –autor de la teoría del “hombre loco” o la idea de que un presidente podría buscar ventaja sobre un enemigo aparentando ser irracional– se atrevió a decir públicamente que iba a destruir todo Vietnam.Hay que imaginarse cómo reaccionaría Estados Unidos si el presidente ruso Vladimir Putin propusiera arrasar la totalidad de Ucrania o si el chino Xi Jinping indicara que Taiwan debía acepar la anexión a China o dejaría de existir físicamente.Pues aquí, los miembros del gabinete de Trump, de 79 años, o la mayoría de los legisladores republicanos optaron por callar ante la barbarie anunciada por su jefe. A pesar de que la guerra de Irán es muy impopular, los votantes conservadores la apoyan, aunque cada vez menos.Sin embargo, un sector de mucho peso en el colectivo MAGA por ser altavoces de gran influencia y creadores de opinión, ataca al presidente sin paliativos. La fiebre no ha bajado tras la marcha atrás y el algot el fuego. Ya no les parece el elegido de Dios, ni el mesías.“He apoyado a Trump durante diez años pero no es el mismo hombre de la década pasada”, recalcó Marjorie Taylor Greene, que en enero dejó su escaño en el Congreso al considerar que su mito les había traicionado y que nada más difundió lo de destruir Irán reclamó que se recurra a la Enmienda 25. Sin tapujos lo llamó “loco”.
Candance Owens calificó a Trump de “genocida lunático”, Alex Jones, el ultraderechista y conspirativo de Infowars, reclamó que se inhabilite a al presidente, “no es al que votamos”, mientras Megan Kelly afirmo estar “harta de toda esta mierda y planteó: “¿Puede Trump comportase como un ser humano normal? Podcasteros como Joe Rogan o Tim Dillon se muestran desesperados.Y, entre otros influyentes, Tucker Carlson acusó al presidente de “cometer un crimen de guerra, un crimen moral”. Sugirió que Trump puede ser el anticristo. Hasta su plataforma Truth Social se ha llenado de mensajes en su contra.En paralelo, más de 80 legisladores demócratas reclaman que el gabinete invoque a la enmienda 25 para declararlo no apto o el Congreso debería someterlo a juicio político y condenarlos, o ambas opciones.“Ningún presidente en pleno uso de sus facultades prometería públicamente erradicar a toda una civilización”, subrayó el legislador Chris Murphy. “Amenazar con crímenes de guerra es una violación flagrante de nuestra Constitución y de la Convención de Ginebra. Necesitamos usar todas las opciones para destituir a Trump”, terció Ro Khanna.Esa regla nunca ha sido invocada para echar a un presidente por su estado mental, solo se ha utilizado en ocasiones temporales en casos de intervenciones médicas con anestesia.La posibilidad de que Vance o una mayoría del Congreso impulsen sacar a Trump es remota. Pero se ha creado un estado de ánimo de cara a las elecciones de medio término de noviembre. Si los demócratas ganan en ambas cámaras, los dos últimos años de Trump serán de electrochoque.Petición de un examen cognitivoEl legislador demócrata Jamie Raskin reclamó el viernes al médico de la Casa Blanca para que realice una evaluación completa de las capacidades cognitivas del presidente
Donald Trump. En una carta dirigida a Sean Barbabella, Raskin argumentó que las palabras y acciones de Trump en los últimos meses, especialmente las relacionadas con Irán, han generado suficientes dudas sobre su agudeza mental para justificar una “evaluación cognitiva integral”. Raskin quiere que los resultados se hagan públicos. “Los expertos han advertido que el presidente muestra signos consistentes con demencia y deterioro cognitivo. Sus declaraciones públicas y arrebatos se vuelven cada vez más incoherentes, volátiles, profanos, perturbados y amenazantes”, escribió Raskin.