El primer cruce"Nuestra orgullosa clase pol�tica se escandaliza de la supuesta p�rdida de vocaci�n democr�tica del pueblo, como si el proceso no tuviera relaci�n con su conducta"El ministro de Transportes, �scar Puente.Actualizado Viernes, 10 abril 2026 - 22:45Audio generado con IACuando Argentina invadi� las Malvinas en 1982, Lord Carrington, entonces ministro de Asuntos Exteriores brit�nico, present� su dimisi�n. Carrington no hab�a ordenado la invasi�n. Tampoco hab�a cometido ninguna negligencia directa. Los fallos fueron difusos pero no era difuso que los hab�a habido dentro de su �mbito de competencia. Margaret Thatcher no exigi� inicialmente su dimisi�n, pero Carrington insisti�, no como admisi�n de culpa sino como declaraci�n de principios: la autoridad pol�tica conlleva una responsabilidad. Algo elemental que nuestra orgullosa clase pol�tica ignora, mientras se escandaliza de la supuesta p�rdida de vocaci�n democr�tica del pueblo, como si el proceso no tuviera relaci�n con su conducta.Esta semana hemos conocido nueva informaci�n sobre dos de los sucesos m�s traum�ticos de los �ltimos a�os: el accidente ferroviario de Adamuz y el apag�n. Ambos tienen algo en com�n: entre los dos no han provocado ni una sola dimisi�n. Gobernar es decidir en nombre de otros, pero tambi�n responder por ese privilegio cuando hay fallos dentro de una esfera de competencia. La culpa, en sentido estricto, es secundaria. Como escribi� Manuel Arias Maldonado, la dimisi�n funciona como una �purga simb�lica del cuerpo pol�tico�, esto es, un acto visible de rendici�n de cuentas. Pero si algo define al sanchismo, dir�amos que es esa forma de gobernar en la que no existe la responsabilidad pol�tica.El informe de la Guardia Civil sobre el accidente de Adamuz sit�a la causa en la rotura de la v�a producida el d�a anterior a la colisi�n. Confirma que esa fractura ya hab�a sido detectada por los sistemas antes del accidente, aunque no gener� ninguna alerta: el sistema registr� una alteraci�n el�ctrica compatible con una rotura, pero seg�n el an�lisis t�cnico, estaba configurado para avisar si superaba un umbral de tensi�n superior. Es decir, la incidencia que cost� la vida a 46 personas qued� registrada sin que se trasladara ninguna advertencia al personal de control. El fallo provoc� 46 muertes y cero dimisiones. Meses despu�s, los muertos siguen muertos, y los responsables del sistema que tendr�a que haber garantizado su seguridad siguen en sus puestos.Estos d�as tambi�n hemos confirmado que los problemas de tensi�n en el sistema el�ctrico se ven�an registrando desde meses antes del gran apag�n. Y Red El�ctrica, responsable de garantizar su estabilidad, ten�a constancia de ellos. As� lo reflejan comunicaciones internas en las que, ya desde enero de 2025, los t�cnicos describ�an ca�das de tensi�n y situaciones de riesgo. Estas incidencias no fueron aisladas: se repitieron en las semanas previas, con advertencias expl�citas sobre la inestabilidad generalizada en toda la red y la falta de capacidad para absorber desajustes. Incluso la misma ma�ana del apag�n se se�alaban oscilaciones ligadas a la insuficiencia de generaci�n firme. Finalmente, el fallo se produjo, provocando un corte el�ctrico que gener� el caos, graves p�rdidas materiales y v�ctimas mortales. La presidenta de Red El�ctrica, sin embargo, sigue en su puesto con el orgullo intacto.A esta parsimonia sanchista se suman decisiones que refuerzan la percepci�n de un doble rasero institucional. Por un lado, la concesi�n de un r�gimen de semilibertad a una condenada por terrorismo sin haber cumplido los requisitos revela que entre respetar los procedimientos y contentar a sus socios, el Gobierno siempre elige lo segundo. Por otro, el recurso de la Fiscal�a en defensa del ex fiscal general condenado cuestiona la imparcialidad con la que se aplican los est�ndares jur�dicos cuando afectan a los aliados del Gobierno.Cuando los fallos graves no tienen consecuencias y las normas que deber�an ser generales se aplican de forma interesada, es previsible que se deteriore la confianza en las instituciones. El sanchismo ha invertido la l�gica b�sica del poder democr�tico: cuanto m�s cerca de la c�spide, menos responsabilidades se asumen. No renuncian a sus cargos, pero tampoco a la gesticulaci�n cuando hablan de la antipol�tica como de un virus extraterrestre. Parecen incapaces de extraer la conclusi�n evidente: si quienes ostentan el poder se comportan como si la rendici�n de cuentas fuera un mero acto declarativo, la ciudadan�a llegar� a la conclusi�n de que la democracia es un protocolo decorativo.